Las claves para envejecer feliz y cómo superar el miedo que alimenta la obsesión por el bisturí

Adriana Terán
·6 min de lectura

Ese extraño placer que sienten miles de usuarios de redes sociales ante fotos de antes y después; o las noticias que, con asombro, reseñaban que la pareja de Keanu Reeves tiene más de 40 años; o la mala manía que tenemos muchos de cuestionar a determinada actriz por ser muy mayor para tal papel. Todas estas, entre muchas otras, son manifestaciones claras del rechazo inconsciente -o no tanto- que tiene la sociedad hacia la vejez.

(Getty Creative)
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Muchas mujeres y hombres ven el proceso de envejecimiento con temor y resistencia porque se traduce en un obstáculo para ser felices o cumplir sus metas.

La psicóloga Marianella Rumbos, dedicada al ámbito organizacional, explica que este temor surge por distintos factores. “En principio por la tendencia que hay en medios de tener como patrones de belleza femenina figuras asociadas a la juventud. Esa es la referencia de belleza y es allí donde principalmente surge que la belleza se atribuye a algo físico y no a algo que podríamos tener en el interior”.

Con el paso del tiempo, muchas personas no sienten que ganan años de experiencia, sino que pierden lo que entienden como belleza. Al plantearse que pudieran no ser aceptadas o que no han podido materializar etapas de su vida, llega la crisis. “Estas etapas son cuestiones como conseguir una pareja, tener hijos, o conseguir un buen trabajo, y con la vejez parecen inalcanzables, pero no es necesariamente así”.

Para la experta, estos son mitos que se han revertido de manera importante en la actualidad. “En cuanto al tema laboral, observamos cada vez más en países latinoamericanos y en Europa que se está valorando a las mujeres más por sus logros, por su experiencia y por su formación académica que por su edad. Y con relación el tema biológico, es una realidad, pero la ciencia ha evolucionado también en este sentido extendiendo las posibilidades reproductivas”.

Afirma Rumbos que el problema radica en la sobrevaloración de la belleza siempre asociada al aspecto exterior. “Esto ocurre, primero, por las atribuciones que se le han dado históricamente a la belleza física, y segundo, por la valoración que una persona le atribuye, si es muy alta, al comenzar a envejecer sentirá que está perdiendo algo muy importante”.

No es solo un problema de mujeres

La resistencia a envejecer por temor a perder la belleza, oportunidades, o la vida, no es extraño. Incluso es normal, pero puede convertirse en un problema mayor tanto para mujeres como para hombres.

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“Este temor se observa también en el sexo masculino y es común escuchar que algunos abordan lo que se llama ‘la crisis de los 40’. Esto está tipificado y hasta jocosamente está muy presente el hecho de que algunos hombres al cumplir 40 años empiezan a tener cambios en su conducta como para tratar de sujetar la juventud a toda costa. Esto puede estar asociado a la pérdida de la masculinidad, de la capacidad de procreación, entre otras cosas”, explica Rumbos.

Estos temores son comunes y llevaderos, pero la especialista advierte que sí pueden convertirse en patologías que desencadenan en adicción a las cirugías plásticas o trastornos alimenticios, por ejemplo. “No se trata de una población muy alta la que se pudiera complicar, pero sí existe”.

Es sano que tanto hombres como mujeres mantengan una vida sana en general, pero esto se convierte en un problema cuando el proceso de cuidarte y mantenerte joven se hace obsesivo. “Esto ocurre cuando dentro de tus hábitos se van creando conductas repetitivas, en las que por más que las practiques, sientes que no obtienes resultados y te conviertes en alguien infeliz. En el tiempo, las conductas repetitivas van tomando mayor intensidad e incluyes cosas distintas para lograr el resultado que, desde tus paradigmas, te has puesto como meta”.

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“Cuando se maximiza y distorsiona la realidad, podemos estar ante un trastorno dismórfico corporal, con el cual las personas tienen una percepción poco clara, poco real de cómo son realmente. La persona se obsesiona con su cuidado, con practicarse cirugías estéticas, con aplicarse toxina botulínica, implantes, y rellenos entre otras cosas, que al igual que las drogas tienen índices de tolerancia, y llega un momento en que no las asimilan igual que en las primeras prácticas y creen que necesitan más. Quienes sufren este trastorno, creen que se ven mejor mientras más tratamientos y cirugías se hagan”.

Cómo reconocerlo

No es raro ver ejemplos de distorsiones en el rostro de nuestras estrellas favoritas a causa de una exagerada practica de cirugías con la que buscan preservar los rasgos que un día las ayudaron a convertirse en celebridades. Madonna, Alejandra Guzmán o Meg Ryan, son solo algunas de muchas mujeres talentosas que hemos visto desdibujar sus facciones. Pero esto no es cosa exclusiva de famosos, puede ocurrirle a cualquiera.

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Rumbos describe que quienes sufren de trastorno dismórfico corporal son individuos que suelen tener una personalidad obsesiva, con características de autocrítica muy fuertes. “Son personas que pudieran llegar a hacerse daño por lo inseguras que pudieran sentirse ante el rechazo o el ridículo. Detrás de esto hay una gran necesidad de ser aceptadas socialmente”.

La dermatólogo Susana Misticone, explica con franqueza cómo lidian los especialistas en medicina estética con estos planteamientos de los pacientes. “Con estas patologías siempre hay un descontento estético. El paciente siempre quiere seguir haciendo tratamientos aunque ya no los necesite. En esos casos simplemente decimos que no hace falta más nada y no los realizamos. Muchas veces se molestan con nosotros, pero siempre debe prevalecer el criterio médico y la salud de la persona”, explica.

La vejez es parte de la naturaleza, es un proceso de la vida que no debería relacionarse con lo que se cataloga como belleza, sino con una etapa significativa en la que podemos ser felices. Superar este temor es posible.

Ser feliz, misión posible

Marianella Rumbos reflexiona sobre la belleza interior como un rasgo difícil de observar y apreciar, pero nosotros mismos podemos cultivarla para que se refleje en nuestro exterior.

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“Hemos visto que se han dado grandes pasos relacionados con la inclusión desde el punto de vista social y cultural, pero mientras evolucionamos en ese sentido y podamos identificar que una mujer es bella independientemente de su talla o su edad, podemos fortalecer la belleza desde nuestra experiencia, desde el corazón y desde el espíritu”.

Para alimentar la belleza interna hay que atender a diario las siguientes recomendaciones:

Es fundamental ser agradecidos. Agradecer por como somos, por nuestro cuerpo, por nuestra salud, por la oportunidad de vivir cada día.

Disfrutar el arte de la contemplación de las pequeñas cosas que nos regala la vida. Debemos buscar la felicidad donde efectivamente está, en momentos especiales que tenemos todos los días. Debemos aprender a reconocerlos, identificarlos y saber que están allí para alimentarnos internamente con ellos.

Accionar a través del amor. Esto alimenta el espíritu de manera increíble. Si eres madre que cada acción sea realizada a través de este sentimiento. Asimismo, actuar con amor hacia nuestras parejas, nuestros amigos, nuestro trabajo, nos enriquece internamente.

Enfocar el amor en nosotros mismos, cuidarnos por fuera pero también internamente. Practicar el perdón de corazón, seguir adelante sin rencores.

En conclusión, agradecimiento, amor y perdón son tres palabras claves para dejar de lado sentimientos negativos como odio, miedo o venganza que sí envejecen el corazón y nos hacen infelices. La acción a través de estas tres palabras será la que nos permita tener un ser interior muy bello al que no le dará miedo envejecer.

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