Por qué se decía que el Líbano era la Suiza de Oriente Medio

Javier Taeño
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A Beirut le vuelve a tocar reconstruirse. La cosmopolita capital libanesa que a lo largo de la historia ha convivido con la destrucción merced a varias guerras afronta ahora una nueva crisis después de que las dos explosiones producidas en su puerto hayan arrasado una parte importante de la urbe. El suceso se produjo en un almacén en el que se guardaban 2.750 kilos de nitrato de amonio y ha provocado decenas de muertos, miles de heridos y barrios y edificios reducidos a escombros, con cientos de miles de personas que se han quedado sin hogar.

Tras la pérdida de empleos por la pandemia, la crisis económica que ha obligado al país a declarar el primer impago de deuda de su historia, la pobreza (casi la mitad de la población se encuentra bajo el umbral) o la alta inflación, ahora esta tragedia dificulta aún más la recuperación de un país que hace una décadas estaba considerado como uno de los más prósperos del mundo. Tanto es así que se le conocía como la Suiza de Oriente Medio.

Durante décadas Líbano fue conocido como la Suiza de Oriente Medio. (Photo by IBRAHIM CHALHOUB/AFP via Getty Images)
Durante décadas Líbano fue conocido como la Suiza de Oriente Medio. (Photo by IBRAHIM CHALHOUB/AFP via Getty Images)

La razón principal que explica esta denominación fue su sistema bancario. Al igual que el país europeo se ha ganado la fama durante años como uno de los grandes centros bancarios internacionales con multitud de inversores extranjeros que aprecian la seguridad y la privacidad que ofrecen las sucursales suizas, en el Líbano ocurría algo similar.

A partir de los años 50, ya como estado independiente de Francia, el país se convirtió en un gran centro bancario regional en el que fluía el dinero extranjero y donde se ofrecían unas leyes de confidencialidad bancaria muy similares a las suizas. Actualmente Suiza y Líbano son los dos países del mundo con mayores reservas de oro por persona. Un segundo puesto del país árabe que se explica por su éxito como centro financiero en esos prósperos años.

Pero más allá de convertirse en un refugio del dinero, hay otras similitudes que compartían ambos países y que explican las comparaciones. Una de ellas es que las dos naciones son pequeñas (8,5 millones de habitantes en Suiza; y 6,8 millones en Líbano) y comparten frontera con múltiples países más grandes y poderosos. Teniendo en cuenta estas circunstancias, su rol tradicionalmente había sido el de evitar los conflictos.

En unos años muy inestables tanto en el mundo, con la Guerra Fría, como en Oriente Medio con el conflicto palestino y los regímenes dictatoriales del entorno, Líbano aparecía como un oasis de paz con ciudades cosmopolitas en el que el visitante tenía tanto su dinero, como sus derechos y sus libertades a buen recaudo. Algo similar a lo ocurrido en Suiza tanto en la I Guerra Mundial como en la II y en los años posteriores.

Beirut tradicionalmente ha sido una ciudad muy cosmopolita (Getty Creative).
Beirut tradicionalmente ha sido una ciudad muy cosmopolita (Getty Creative).

Además, hay otro factor común y es que ambos países tradicionalmente han sido ejemplo de convivencia. En Suiza, por ejemplo conviven en armonía hasta cuatro lenguas diferentes. Pese a que el alemán es el mayoritario en la mayoría del país, hay cuatro cantones francófonos, mientras que hay uno en el que se habla italiano. También hay cantones bilingües e incluso uno (Grisones) que es trilingüe y en el que también se habla el romanche además de alemán e italiano.

Una circunstancia que vive el Líbano con la religión. Durante el proceso de independencia de Francia (1943) las diferentes identidades religiosas del país llegaron a un pacto nacional según el cual el presidente debía ser cristiano maronita, el presidente del Parlamento musulmán chií y el primer ministro musulmán suní, mientras que los escaños del Parlamento debían repartirse entre musulmanes y cristianos de forma proporcional. Un equilibrio de poderes que garantizaba la convivencia entre las diferentes identidades que componían el país.

Finalmente, hay otro elemento que comparten ambas naciones y no es otro que el del chocolate. Está fuera de toda duda que Suiza es uno de los grandes centros mundiales de producción de este producto y su fama se extiende desde el siglo XIX. Y aunque Líbano no puede compararse en este aspecto, sí que se ha ganado el respeto a nivel regional y es uno de los principales epicentros de chocolate en Oriente Medio. En ciudades como Beirut proliferan numerosas tiendas dedicadas a este manjar.

Tienda de chocolates en Beirut. (Photo by ANWAR AMRO/AFP via Getty Images)
Tienda de chocolates en Beirut. (Photo by ANWAR AMRO/AFP via Getty Images)

Las guerras lo cambiaron todo

Así pues durante varios años Líbano se ganó el sobrenombre de la Suiza de la región, pero las guerras y la inestabilidad de las últimas décadas han terminado enterrando el apodo. El país sufrió una guerra civil durante 15 años (1975-1990) que tuvo efectos devastadores sobre la economía y la sociedad.

También ha habido varios enfrentamientos armados con Israel en los años 1978, 1982 y 2006 que han provocado que Líbano viva sumido en una gran inestabilidad. De momento los años de ser la Suiza de Oriente Medio han quedado atrás.

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