¿Por qué la vida de un niño no vale siempre lo mismo? El contraste entre Tailandia, Yemen y EE.UU.

El rescate fue un éxito, los 12 niños y su entrenador pudieron salir por fin de la cueva de Tailandia tras más de dos semanas atrapados en ella, y ya se recuperan en el hospital a la espera de recibir el alta. Un suceso que ha dado la vuelta al mundo y que ha tenido a millones de personas pendientes del televisor esperando un desenlace favorable.

Una vez que todo salió bien, las muestras de apoyo y reconocimiento en todo el mundo fueron unánimes. Un motivo de alegría que sin embargo contrasta con la situación de muchos otros niños en países en guerra como Yemen o con políticas migratorias durísimas como Estados Unidos, tal y como han señalado varios usuarios en las redes sociales.

Los niños tailandeses siendo atendidos en un hospital (AP).

Yemen lleva ya casi tres años y medio de conflicto armado y son precisamente los niños los más afectados. Unicef calcula que aproximadamente 11 millones de ellos necesitan ayuda humanitaria urgente, mientras que cerca de 1 millón están afectados por el peor brote de cólera del mundo. Se han cerrado escuelas, centros de salud y sus sistemas de agua y saneamiento están literalmente colapsados. La situación de los menores es absolutamente desesperada.

Otra muestra de sufrimiento infantil se está viviendo en Estados Unidos, donde las autoridades han separado a cientos de niños menores de cinco años de sus padres en la frontera. La decisión, inhumana, ha generado numerosos gestos de repulsa y ha causado un hondo impacto social hasta el punto que un juez estadounidense ha ordenado reunir a todos aquellos que han sido separados.

Tuit en el que un usuario se pregunta por qué no se actúa con la misma celeridad con los niños separados de sus padres.

La pregunta que muchas personas se están haciendo en los últimos días es por qué los países destinan todos los recursos necesarios para salvar la vida de los niños tailandeses, mientras que los yemeníes o los centroamericanos no reciben el mismo trato en sus distintos sufrimientos.

En primer lugar, hay que establecer que lo que ocurrió en la cueva tailandesa fue un suceso sin más, sin ningún tipo de implicación política. Mientras que en Yemen o Siria hay una serie de actores internacionales que están batallando por el poder o en la frontera estadounidense se está jugando una partida de ajedrez en la que Trump espera con estas medidas inhumanas disuadir el número de llegadas, en Tailandia simplemente se quedaron encerradas 13 personas en una cueva. ¿Qué pasaría si el encierro se hubiese producido en Reino Unido, Rusia o en la propia Estados Unidos o Yemen?

Este tuit se pregunta por qué no se ha dedicado nada de tiempo a informar sobre las masacres en Yemen.

Exactamente lo mismo, se habrían puesto todos los medios al alcance para lograr un final feliz, ya que no tiene implicaciones políticas, demostrando que la vida de un niño no vale lo mismo en todos lados. Hoy en día nacer en Irak, Afganistán o Siria es mucho más difícil que en otros lugares del mundo.

Otro factor importante tiene que ver con el foco mediático. Las coberturas de los medios de comunicación son por lo general cortoplacistas y muy centradas en el suceso. El rescate de Tailandia tenía todos los ingredientes para hacerse viral: una misión casi imposible y heroica por salvar a unos niños a contrarreloj.

Yemeníes hacen cola para recibir alimentos (AP).

Sin embargo, un conflicto armado requiere mucha más investigación, muchas más explicaciones y sobre todo la inversión en recursos que puedan cubrirlo durante un tiempo largo. Cuánto más se extiende en el tiempo cualquier situación, más interés va a ir perdiendo el receptor.

La visibilización es clave. Tanto los niños de la cueva como la política migratoria de Trump, a raíz del llanto de un niño al ser separado de sus padres, se han convertido en virales y han generado una amplia reacción social que también ayuda a cambiar las cosas.

Por su parte, la guerra de Yemen y la situación de sus pequeños sigue siendo un conflicto silenciado que despierta muy poca atención y hay mucho desconocimiento. A la lucha por sus derechos aún le queda un largo camino que recorrer. La tan cacareada frase de que todos somos iguales no tiene sentido hoy en día.