Por qué la industria textil vive una crisis sin final a la vista

Si estás pensando en poner un negocio de venta de ropa, piénsalo dos veces.

Las ventas de ropa -a nivel minorista y mayorista- experimentan una crisis nunca antes vista.

En 1977, la ropa representó el 6,2 por ciento del gasto doméstico en Estados Unidos, según las estadísticas del gobierno. Cuatro décadas después, esa cifra es la mitad, según un extenso reporte de la agencia Bloomberg.

En vez de invertir en ropa, nuestros contemporáneos prefieren gastar su dinero en viajes, salidas a comer y otras actividades que hoy en día suelen denominarse “experiencias”, y representan al 18 por ciento de las compras. Los gastos en tecnología, incluidos los cargos por datos y el contenido de los medios, representan el 3.4 por ciento del gasto, y ambos superan los de ropa y calzado.

Centro comercial en Sydney, Australia, febrero de 2018. REUTERS/Daniel Munoz

¿Qué está pasando?

Algunos pueden culpar a Amazon (AMZN), con su dominio del comercio electrónico y las facilidades que brinda al consumidor -revisar y comprar productos desde la cama o el sofá- pero eso es sólo parte del problema.

El predominio de la ropa informal en los centros de trabajo también tiene un papel en el declive de la industria textil. En vez de acudir a las oficinas con trajes y corbatas, faldas largas y tacones, la mayoría acude con jeans y camisetas, o vestimenta más informal, barata y sencilla. Antes, la ropa laboral necesitaba otro armario o una sección de closet, simplemente ya no es así.

Además, los minoristas como H&M (HM-B) o Zara (ITX) pueden imitar la moda de las pasarelas por 35 dólares, o los jeans para hombres por 25 dólares, y por lo general pueden ganarles a otros minoristas con diseños modernos. Por ejemplo, H&M generó 3.200 millones de dólares el año pasado, de acuerdo con Bloomberg. Su crecimiento coincidió con la rápida expansión de otras tiendas similares, como Zara y Forever 21.

Producir y comprar es mucho más barato

Y las marcas de ropa ya no necesitan gastar tanto en brillantes anuncios de publicidad. Prefieren invertir en personas influyentes en las redes sociales (conocidos como influencers), quienes crean seguidores con publicaciones de sus atuendos, rutinas de maquillaje y estilos de vida, y son menos leales a las marcas de lujo. Las firmas buscan que estos influencers exhiban algunos de sus productos.

A la par, los consumidores han descubierto que pueden invertir en ciertas piezas y comprar imitaciones de otras para crear una imagen única.  Con varias apps pueden comparar precios fácilmente y encontrar una alternativa más barata.

Ante el temor a perder terreno, las minoristas se están arriesgando menos con los diseños. Para reducir los costos y acelerar los productos que se sabe venden, muchas marcas ahora compran telas a granel que se pueden hacer en diseños y patrones múltiples, lo que resulta en menos opciones “más seguras” para los consumidores. Con menos cambios de moda, hay menos razones para reponer el ropero.

¿Habrá un fin a esta crisis? No se vislumbra un repunte de la industria textil a los niveles, previos, pero sin dudas los cambios de hábitos de las nuevas generaciones provocarán todavía nuevos e inesperados cambios.

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