Por qué los ictus son más graves en mujeres que en hombres

·7 min de lectura
Female doctor assisting a senior woman in the street
La mayoría de los factores de riesgo de ictus son compartidos entre hombres y mujeres, pero ellas, además, tienen otros adicionales, propios por su condición de mujer y que están relacionados con las hormonas, la salud reproductiva, el embarazo, el parto y otros rasgos de género. (Foto: Getty)

Expertos avisan de que las mujeres tardan más en ser diagnosticadas de ictus; también de cáncer de pulmón, de cabeza y cuello. Y es que históricamente hay enfermedades que han afectado más a los hombres, lo que hace que las pacientes y los propios médicos tarden más en pensar en ellas cuando se trata de una mujer.

Esto es especialmente grave si se tiene en cuenta que es una enfermedad en la que los tratamientos efectivos que hay sólo se pueden aplicar en determinados tiempos; "por lo que si no se detecta rápido no se puede recibir la terapia indicada, lo que aumenta las posibilidades de incapacidad y mortalidad", señala la doctora María del Mar Freijó, de la Unidad de Ictus del Hospital Universitario Cruces de Bilbao, quien además avisa de que un 22 por ciento de la población no sabe qué es un ictus y otro porcentaje "nada desdeñable" no sabe que hay que pedir ayuda de forma inmediata.

El ictus es una enfermedad cerebrovascular, isquémica o hemorrágica producida por la alteración brusca de la circulación de la sangre que llega a nuestro cerebro. Es una de las causas de muerte del ser humano más extendidas y la principal causa de muerte en la mujer, doblando el número de muertes por cáncer de mama y superando 14 veces los fallecimientos por accidente de tráfico, según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN). La razón de que sea tan letal es que, en muchos casos, no se le da importancia a sus síntomas.

Los motivos de esta dolencia pueden deberse bien a un coágulo que obstruye el paso de la sangre hacia una parte del cerebro (ictus isquémico), o a una hemorragia originada por la rotura de un vaso cerebral (ictus hemorrágico).

“Puesto que el cerebro necesita un aporte constante de oxígeno y nutrientes, que le llegan a través de la circulación sanguínea, el daño cerebral que produce un ictus depende en gran medida del tiempo en el que dura este trastorno y de la zona que se haya visto afectada. Por lo tanto, saber identificar los síntomas para acudir cuanto antes al hospital, puede ayudar mejorar significativamente el pronóstico de esta enfermedad”, explica la doctora María Alonso Leciñana, coordinadora del grupo de estudio de enfermedades cerebrovasculares de la Sociedad Española de Neurología (SEN).

Por eso es tan importante estar atentos. Por ejemplo, el hecho de que la persona no pueda sonreír, tenga una sonrisa caída o asimétrica indica que la persona está sufriendo un ictus. Otros síntomas son no poder levantar uno de los brazos, la pérdida de fuerza en un lado del cuerpo, problemas al hablar y un dolor de cabeza intenso y repentino.

Según estudios observacionales, las mujeres sufren ictus más graves que los hombres y simplemente, por el hecho de ser mujer tienen más probabilidades de quedar en situaciones de dependencia. "Hemos observado que por el hecho de ser mujer ya refleja un peor pronóstico", explica la doctora Leciñana.

El ictus en las mujeres ocurre en edades más tardías que en los hombres: la media de la edad de las mujeres que sufren un ictus es más alta y en personas más mayores el cuerpo está en peores condiciones físicas, probablemente con enfermedades secundarias, cosa que no favorece la recuperación.

"Existen diferencias en el perfil de riesgo, etiología y evolución del ictus entre mujeres y hombres que se deben a las diferencias biológicas. El ictus es más grave en las mujeres y supone la primera causa de muerte", asegura la experta.

Hay estudios que lo confirman, como una investigación de la Escuela de Ciencias Clínicas de Monash Health (Estados Unidos), publicada en la revista científica 'Journal of Women's Health', que demostró que las mujeres tenían un 65 por ciento más de riesgo de muerte asociado a un derrame cerebral, y que entre las mujeres y los hombres con un primer accidente cerebrovascular, ellas eran aproximadamente 7 años mayores.

Esto, junto a las diferencias biológicas por la influencia hormonal y los cambios que se producen en la menopausia, explicaría por qué las consecuencias y las secuelas del ictus son más graves en las mujeres que en los hombres. 

Ellas padecen más patologías de vasos sanguíneos y arterias porque "tienen mayor sensibilidad biológica a sufrir un daño cerebral por cualquier estímulo, como por ejemplo el tabaco", añade la doctora Almudena Castro, coordinadora de la Unidad de Rehabilitación Cardiaca del Hospital La Paz de Madrid.

"Cualquier enfermedad que tenga un impacto sobre las arterias tiene un efecto más rotundo en las arterias de las mujeres", incide Castro, y sus consecuencias varían dependiendo de la zona que ha afectado al vaso infartado, del tiempo que ha estado el cerebro sin recibir sangre y del daño que ha producido.

También tienen mucho que ver los estrógenos, las hormonas sexuales femeninas que la mujer posee durante la edad fértil. Al parecer estos tienen un cierto papel protector frente al ictus y frente al daño cerebral que produce. Por eso, los ictus en las mujeres aparecen más tarde (lo que desencadena secuelas más graves) ya que con la edad va disminuyendo la producción de estas hormonas. Y esto es así porque, entre otras cosas, al tener una esperanza de vida mayor, muchas de ellas ya son viudas cuando sufren el ictus y viven su recuperación en soledad.

“No obstante, aunque la edad es un factor de riesgo importante, el ictus no solo afecta a las personas mayores. En las últimas dos décadas han aumentado un 25 por ciento el número de casos entre personas en edades comprendidas entre los 20 y 64 años y un 0,5 por ciento de los casos se dan en personas menores de 20 años”, apunta Leciñana.

Pero aunque el embarazo, los cambios hormonales o la menopausia desencadenan el ictus, hay otros factores añadidos. Esto es todo lo que hay que tener en cuenta:

  • La deficiencia o disminución de estrógenos durante la menopausia puede inducir a potenciar el aumento de la tensión arterial.

  • Durante el embarazo se puede incrementar hasta en cinco veces el riesgo de eventos tromboembólicos debido a una hipercoagulabidad de la sangre.

  • Las mujeres que padecen fibrilación auricular (arritmia cardíaca), tienen mayor riesgo de sufrir un ictus en comparación a los hombres.

  • La píldora anticonceptiva combinada con una alta presión arterial eleva el riesgo de padecer un accidente cerebrovascular.

  • Las mujeres que padecen preeclampsia (presión arterial alta durante el embarazo) presentan más riesgo de desarrollar hipertensión a lo largo de su vida. Es preciso que se lleve un control de la presión arterial y que el médico especialista paute medicación si es preciso.

  • Las mujeres que padecen migrañas con aura deben dejar de fumar para evitar que los riesgos se multipliquen.

  • Las mujeres mayores de 75 años deben ser monitorizadas para detectar riesgos de fibrilación auricular, ya que también está ligada a los riesgos de sufrir un ictus.

En cuanto a las consecuencias, un ictus conlleva una mayor limitación en las tareas de la vida cotidiana y peor calidad de vida. Por ejemplo, según el estudio 'Ictus y mujer' impulsado por la Asociación Freno al ictus, junto con el aval científico de la SEN y el apoyo de otras entidades como Pfizer, les cuesta más es caminar como lo hacían antes, subir o bajar escaleras o realizar las tareas domésticas básica y el 11 por ciento tiene dificultades para vestirse.

También es frecuente tener una sensación de hormigueo o falta de sensibilidad al tacto, o contracción permanente de algunos músculos que provoca rigidez y dolor (epasticidad).

Detectar la sintomatología y actuar con rapidez puede salvar vidas y reducir las consecuencias de sufrir un ictus

Las primeras 3-6 horas después de un ictus son clave. Por cada minuto en el que se reduce o detiene la circulación de sangre en el cerebro de una persona se pierden 1,9 millones de neuronas y 14 billones de conexiones neuronales, y una hora sin circulación supone un envejecimiento cerebral de 3,6 años.

No obstante, los expertos recuerdan que el 90 por ciento de los casos de ictus son prevenibles (actividad física, dieta, sobrepeso, consumo de tabaco y alcohol), dado que tienen que ver con el estilo de vida. Si se sufre un ictus, hay que llamar al 112, antes de llevar al enfermo al hospital.

Por todo esto, los científicos consideran que, ahora más que nunca, es esencial reconocer que las mujeres están en una situación de mayor riesgo que los hombres y poner en marcha las estrategias de prevención adecuadas.

“Es necesario controlar la presión arterial de las mujeres jóvenes, porque está dentro de los factores de riesgo. Cada vez vemos más casos de diabetes, hipertensión y obesidad en mujeres jóvenes, de entre 40 y 50 años, y sin embargo los procedimientos no evalúan estos riesgos de manera efectiva hasta los 54. Por eso insistimos tanto en que el accidente cerebrovascular no sólo afecta a las mujeres mayores, y en que las estrategias de prevención deben empezar desde que son jóvenes, desde que entran en la edad fértil”, concluye Louise McCollough, profesora especialista en Neurología y Neurociencia de la Universidad de Connecticu y una de las expertas más reconocidas a nivel mundial. 

Más historias que pueden interesarte:

Así te avisa el cuerpo ante un posible ictus

Cuánto se tarda en reponerse de un ictus y qué secuelas deja

La duración de la jornada laboral puede aumentar las posibilidades de que un trabajador sufra un ictus

¿Cómo se vive después de un ictus?

Nuestro objetivo es crear un lugar seguro y atractivo para que los usuarios puedan establecer conexiones en función de sus intereses y pasiones. A fin de mejorar la experiencia de nuestra comunidad, hemos suspendido los comentarios en artículos temporalmente