¿Por qué estas elecciones demuestran que Euskadi ha pasado la página de ETA?

Asier Martiarena
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Foto de archivo de una pintada a favor de ETA.
Foto de archivo de una pintada a favor de ETA. (AP Photo/Bob Edme, File)

Cumplido el segundo aniversario del alto el fuego permanente de ETA, Jesús Eguiguren, uno de los artífices de la llegada de la paz a Euskadi, concedió una entrevista a la Sexta en la que le preguntaron cuándo sería el fin definitivo de ETA. El socialista vasco tiró de metáfora meteorológica y vino a decir que todo el mundo se acuerda con exactitud de cuándo empieza a nevar, pero que nadie se pone de acuerdo a la hora de decir cuándo desapareció la nieve. "Unos te dirán que ayer por la mañana ya no había nieve en el parque de su casa, otros apuntarán que aún vieron una poca horas más tarde, de camino al trabajo... y con ETA pasará igual, se irá derritiendo poco a poco, como la nieve".

Y así ha sido. Para algunos, ETA dejó de existir el día que dejó de matar. Para otros cuando escenificaron la entrega de armas. Otros pocos opinarán que fue cuando la banda pidió perdón mediante un comunicado en el que reconocía "el daño causado", y alguno que otro apunta al día de su disolución... El caso es que, llegadas las elecciones autonómicas del País Vasco de este domingo, ETA ha desaparecido.

Primero, y lo que es más importante, sin aquellos atentados con los que buscaban condicionar los comicios -empezando por el del coronel Eugenio Saracibar, en 1980, antes de las primeras elecciones al Gobierno vasco-. Pero tampoco hay rastro de ETA en las paredes, ni en la propaganda electoral. Ni siquiera tuvo hueco en el debate de candidatos que celebró la ETB. De hecho, cabe destacar el discurso de EH Bildu en el debate televisado por la cadena autonómica, en el que su candidata, Maddalen Iriarte, se comprometió a trabajar para:

-"Médicos, enfermeras, celadores, limpiadoras que han luchado contra el covid en primera línea".

-"Pensionistas que cada lunes se reúnen para pedir una pensión digna".

-"Las mujeres que salen a las plazas el 8 de marzo por la igualdad de derechos".

-"Los jóvenes que se merecen heredar un planeta decente y vivir de una vez sin estar lastrados por la precariedad".

-"Los autónomos que se han sentido abandonados durante la pandemia".

Ni una palabra hacia los presos -muy molestos con el rumbo de Bildu-, ni un guiño a la izquierda abertzale que no quiere salir del discurso de la radicalidad. Porque Bildu también pasó página hace tiempo. Y hace pocas semanas lo pudo escenificar en sociedad. Presentándose como alternativa nacionalista al PNV al demostrar que sus votos también pueden ser útiles en Madrid, como cuando arañó un compromiso del PSOE para derogar algunos aspectos de la reforma laboral que finalmente fue paralizado. De hecho, ya entra en las quinielas de un hipotético acuerdo de gobierno progresista sin que nadie se lleve las manos a la cabeza.

Tampoco metió el dedo en la llaga el PP. Carlos Iturgaiz ha entendido que no puede hacer la misma campaña que realizó en 1998, bajo el ala protectora del exministro del Interior, Jaime Mayor Oreja.

Salvo Vox, empeñados en buscar la confrontación en sus visitas al País Vasco para sacar votos fuera de ella, nadie ha tratado de avivar el fuego de la violencia. Euskadi ha aprendido a vivir sin ETA y por mucho que a algunos les moleste, es un proceso irreversible.

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