Por qué Estados Unidos no está realmente "lleno" y necesita que entren muchos más inmigrantes

Donald Trump afirmó en una visita a la frontera con México, en alusión a las oleadas de migrantes que tratan de pedir asilo en Estados Unidos, que su país “está lleno”. En su lógica, esta premisa justificaría frenar la inmigración indocumentada pero también la legal, e incluso la vinculada al asilo. Y ciertamente el gobierno de Trump ha impulsado medidas, o planeado impulsarlas, en esos sentidos.

Una marcha pro inmigrante frente a la Casa Blanca, en Washington DC. (Reuters)

El punto es que, al margen de las punzantes actitudes antiinmigrantes y de sus componentes xenófobos y racistas que ha manifestado el discurso de Trump y su entorno en relación a la inmigración, en realidad el país no “está lleno”, como afirma el presidente.

Datos económicos y demográficos indican que EEUU necesita en el presente y necesitará en el futuro de los inmigrantes para mantener y acrecentar sus niveles económicos. Y no pocos de ellos y en ámbitos de una escala sustantiva.

Por ejemplo, de acuerdo a The New York Times, hay regiones de Estados Unidos que experimentan un decrecimiento y, en paralelo, un envejecimiento poblacional. Menos personas nacen, muchos se van a otras áreas del país y los que quedan son cada vez más viejos. Eso ha impuesto severos problemas económicos y sociales en las localidades que experimentan esos procesos: las finanzas públicas se afectan por recaudación insuficiente, servicios y actividades se vuelven complejas o más caras por la escasez de trabajadores y el valor de la vivienda (el patrimonio principal de las familias) padece mermas por un exceso de casas vacantes.

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Según datos de la oficina del Censo recopilados por el Times, en Estados Unidos la principal población en edad laboral (de entre 25 y 54 años) ha decrecido en la última década en condados donde vive casi la mitad de los estadounidenses. Y de acuerdo a cifras del Congreso, la fuerza laboral del país crecerá solo 0.5% anual en los próximos 10 años, lo que es apenas un tercio del ritmo de crecimiento que existió entre 1950 y 2007.

El presidente Trump ha dado muestras de querer frenar la inmigración indocumentada pero, también, la legal e incluso la vinculada al asilo. (Photo by Tom Brenner/Getty Images)

La cuestión de las pensiones públicas, los pagos que el Seguro Social hace a quienes cotizaron en él y alcanzan la edad de retiro, es punzante. Actualmente hay 2.8 trabajadores activos (que con sus cuotas financian ese sistema) por cada jubilado, cifra que se reducirá a 2.2 hacia 2035, según el Times. Eso significa no solo que se recaudará menos dinero para cubrir las obligaciones de jubilación sino que, dado el envejecimiento de la población, habrá para entonces más pensionados que ahora. Eso mermará esos fondos y podría desestabilizar el Seguro Social, de cuyos recursos depende el sustento de la vejez de millones de estadounidenses de bajos recursos que no tienen otras vías de ahorro para el retiro.

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Y a todo ello hay que añadir que los inmigrantes, incluidos los indocumentados, son responsables de una actividad económica crucial para el país, por los bienes y servicios que producen, por los impuestos que pagan y por la dinámica general que propician. Eso no hará sino aumentar en el futuro.

Así, resulta patente que lo que se necesita en realidad en el país es tener más personas, y dado que el crecimiento de la población actual presumiblemente no logrará llegar a los niveles apropiados (como ha sucedido ya en países de Europa), la inmigración resulta de gran importancia.

EEUU no está lleno, sino que necesita de la llegada de más gente. Y aunque no es un proceso fácil, la inmigración es clave para mantener y acrecentar la riqueza nacional. REUTERS/Jose Cabezas

El país en realidad no está lleno, sino que necesita la llegada de más gente. Y aunque no es un proceso fácil, la inmigración es clave para mantener y acrecentar la riqueza nacional y, en realidad, para la viabilidad misma del país. Algo que, cabe señalar, no es algo nuevo: históricamente Estados Unidos ha sido construido por oleadas sucesivas de inmigrantes.

Los inmigrantes en general, y también los indocumentados, generan recursos vitales para el país y pagan miles de millones de dólares en impuestos. Tan solo los refugiados, de acuerdo a un reporte del Departamento de Salud y Servicios Humanos obtenido por The New York Times, generaron al gobierno estadounidense 67 mil millones de dólares más de lo que le costó su atención en la pasada década. Ese reporte fue, cabe apuntar, rechazado por la Casa Blanca, donde más bien se desea justificar un recorte a la entrada de refugiados al país.

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Ciertamente, la inmigración ha de darse de modo regulado y todo país tiene el derecho de determinar a quién acepta y a quién no y cómo. Pero el actual sistema estadounidense es disfuncional y la política del actual gobierno es especialmente hostil a la inmigración, todo ello con sesgos políticos, ideológicos y electorales importantes.

Por ello, tener una actitud humanitaria ante la crisis presente y, a mayor escala, lograr una reforma migratoria son vías clave: tanto para reconocer con justicia las aportaciones y derechos de quienes ya están en el país como para lograr flujos futuros en circunstancias más propicias.

La solución no es fácil, pero una reforma justa, integral, incluyente y humana, como se ha repetido por años, resulta necesaria. Las actitudes y políticas antiinmigrantes de la administración actual, compatibles con la xenofobia de la derecha radical pero no con las necesidades del país y la perspectiva de la mayoría de su población, no resultan en realidad auspiciosas. No lo son ni para los inmigrantes ni para los estadounidenses.

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