¿Por qué en España los partidos verdes no acaban de arrancar por sí solos?

Los brotes verdes del ecologismo se abren paso en Europa. Getty

Una nueva oleada de partidos verdes busca echar afianzarse en Europa. El titular, o uno muy similar, fue un clásico allá por el mes de julio en la prensa española. Hacía referencia al éxito que en las, por entonces recientes, elecciones europeas había obtenido la Alianza Libre Europea. La coalición que agrupa a los partidos ecologistas y que venía de obtener 70 escaños en total, 20 más que en los anteriores comicios. Un crecimiento del 40% en un momento crucial para afrontar el calentamiento global

En el extremo del éxito se encuentra Zuzana Caputova, la política ecologista liberal que ha llegado a la presidencia de Eslovaquia. Pero ojo con Alemania y Francia en donde las fuerzas verdes quedaron en segundo y tercer lugar, respectivamente. Es un buen punto de partida para tratar de imponer de una vez una agenda limpia, verde... Pero el sur de Europa está a la cola, lo que frena el plan estratégico. Portugal, Italia, Grecia... queda mucho por hacer

Un caso claro es el de España, que se mantiene ajena al movimiento. Se trata de una situación extraña. Es decir, no es que todos los países europeos compartan patrones de conducta. Pero sí que se asemejan. Si a España ha llegado el peligroso ascenso de los partidos fascistas de y de extrema derecha -como ocurriera antes en Austria o Francia, entre otros- ¿por qué no ha llegado la de las formaciones ecologistas? Más aún sabiendo que somos uno de los países miembros de la UE que más está notando el cambio climático.

Una de las causas es, a su vez, la solución potencial al problema. Efectivamente... Equo. Y Pacma, pero sin éxito y con medidas mas conservadoras. La principal apuesta verde del país está estancadísima en lo que se refiere a resultados. Y estos no van a mejorar próximamente dado que no concurre en solitario en las elecciones y lleva alternando coaliciones -para el 10-N con Más Madrid y en abril con Unidos Podemos- lo que impide su visibilidad y crecimiento personal.

Un vaivén que motivó su gran fracaso en las elecciones europeas de mayo. Una parte de la dirección firmó una coalición con Unidas Podemos y la otra, con Compromís. Ante la falta de acuerdo, las dos opciones fueron descartadas y Equo carece de representación directa en Europa. Y con ello, la transición ecológica es un pleonasmo atractivo que los partidos usan en campaña, pero es irreal.

Tal y como demostraron las urnas, el espacio verde de las próximas generaciones no el partido verde de turno que no salga del nicho ecologista. Sino que reclama que se construya una idea de país con una economía cimentada en el cambio de paradigma ecológico. Y eso no ha ocurrido en España donde se ha intentado construir con volantazos arrimándose al sol que más calienta. Medidas como Madrid Central deben salir de la ecuación partidista como ya se deja entrever en actuaciones igual de ambiciosas en el resto de las capitales europeas.

Esa pelea es la que debe emprender el ecologismo en España fuera de la pugna de siglas tradicionales. Ya perdió la oportunidad de abril, y va a perder la del 10-N. Veremos si España deja pasar más trenes mientras los intereses de siempre representados por PSOE y PP han contribuido a estancar la potencia eólica instalada, y otro tanto cabe decir de la solar, en un país en donde ambos lujos de la naturaleza son numerosos. Europa avanza y España sigue dependiente de los combustibles fósiles, que son responsables del cambio climático.