¿Por qué Cayetana Álvarez de Toledo no se va del PP? Presenta un libro y la escabechina ya se deja notar

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Álvarez de Toledo ha sido relegada tras perder la confianza de Teodoro García Egea (i) y Pablo Casado (d). (Photo by Carlos R. Alvarez/WireImage)
Álvarez de Toledo ha sido relegada tras perder la confianza de Teodoro García Egea (i) y Pablo Casado (d). (Photo by Carlos R. Alvarez/WireImage)

Hace ya quince meses que Pablo Casado fulminó a Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz del PP en el Congreso. Es decir, que vamos camino de año y medio en el que la marquesa de Casa Fuerte navega por la irrelevancia política. Un periodo de intrascendencia durante el cual la madrileña no ha dejado de mostrar de manera recurrente su total desacuerdo con la dirección del partido. La última, el pasado finde semana durante una entrevista a El Mundo a modo de aperitivo del libro 'Políticamente indeseable' que acaba de escribir.

Casado es un “bienqueda, un veleta”; García Egea “busca el poder y lo ejerce de manera despótica, teocrática” ejerciendo “mobbing y buylling” en base a una forma de entender la política que no es otra que la de “las pelotas y el peloteo”; en el grupo parlamentario del PP abunda el “seguidismo” más propio de una “pandilla” que se comporta como una “claque servil y sectaria”... Las pullas salpican todo el libro. Visto lo visto, parece difícil que la próxima presentación del libro concite a demasiados compañeros de bancada. Pero lo que resulta aún más difícil es entender por qué Cayetana Álvarez de Toledo no se va del PP. O, mejor dicho, por qué no se vuelve a ir como ya hiciera por sus desencuentros con Mariano Rajoy.

No solo porque su papel es secundario y ha sido apartada de la toma de decisiones de la formación por “manipular conversaciones privadas”. Sino porque ella misma ha cuestionado en varias ocasiones la autoridad de Pablo Casado.

Preguntada hace un año por todo esto, Álvarez de Toledo justificó su decisión en la necesidad de “saldar la deuda moral” contraída con los votantes catalanes que propiciaron que saliera elegida diputada en las últimas elecciones generales.

Y, acto seguido, se vistió de Robin Hood político asegurando que iba a "averiguar hasta dónde llega la libertad de un diputado de base. "Me gustaría poder demostrar que es posible aquello en lo que creo profundamente: que la libertad no es sinónimo de indisciplina, sino requisito para una política mejor", señaló en una sonada entrevista.

Por de pronto, esta misma semana emitió un voto en blanco en la votación parlamentaria de los nuevos magistrados del Tribunal Constitucional. Entre ellos algunos a propuesta del PP. Y su partido, de momento, no le ha sancionado por ello. Así que la libertad del diputado raso puede que no sea total, pero tampoco es un unicornio.

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Puede que Álvarez de Toledo vuelva a retar a la dirección de su partido, pero desde Génova abogan por tirar de refranero: No hay mayor desprecio que no hacer aprecio. El propio vicesecretario de comunicación, Pablo Montesinos, ha reconocido que descartan sancionarla para no contribuir a “debates estériles” porque “los españoles nos están mirando y lo que quieren es una alternativa real”.

¿Entonces qué más le queda a la todavía diputada para seguir ilusionándose con su trabajo diario en el PP? No está muy claro, pero puede que la pregunta esté mal formulada. Y en lugar de ‘qué’ haya que optar por el ‘quién’. El único nombre de dirigente popular que ha salido últimamente por boca de Álvarez de Toledo sin acaparar descalificativos es el de Isabel Díaz Ayuso, con quien comparte enemigo: Teodoro García Egea.

“Tiene que ser la presidenta del PP de Madrid. Empeñarse en atacar a Ayuso es un búmeran directo contra Génova que deja en evidencia las inseguridades que pueda tener Génova respecto a ella o con respecto a lo que ella supone”, ha repetido en las últimas semanas.

Así que no hay que descartar que, con el tiempo libre que le ha dejado la pérdida de cargos como parlamentaria nacional, arrime el hombro para aupar a Ayuso a la presidencia del partido en Madrid y, de paso, consumar su venganza a la actual dirección del PP por el 'mobbing' y el 'buylling' que han ejercido sobre ella hasta el punto de haber vetado su presencia durante los meses en los que la covid obligó a los partidos a reducir su lista de participantes en los Plenos.

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