¿Por qué algunas bacterias sobreviven en nuestro interior y otras no?

En nuestro cuerpo viven más de 2000 especies diferentes de microorganismos a los que llamamos Microbiota | Imagen Open Clip Art creative commons

Un tema recurrente en biomedicina es el de la importancia de la microbiota intestinal, la mal llamada “flora bacteriana”. Y a estas alturas, quien más quien menos, todos somos conscientes de su importancia. Pero… ¿por qué algunas bacterias sobreviven mejor que otras en nuestro interior, qué explica que algunas – tanto beneficiosas como patógenas – encuentren su nicho y otras perezcan?

La respuesta, como suele ocurrir en estos casos, está en las capacidades de las bacterias. Es decir, en sus genes. En un artículo reciente se explica la situación, y cómo se ha podido investigar. Que resulta mucho más complejo – e interesante – de lo que podría parecer.

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En primer lugar, porque cultivar en laboratorio y analizar toda la microbiota es inviable. Y no sólo por la enorme cantidad, tanto de individuos como de especies de bacterias, que habitan en nuestro interior. Algunas no son fáciles de mantener en laboratorio, otras interactúan entre sí y se inhiben…

Pero el problema principal está en el análisis genético. Dejando al margen cuestiones como el coste – secuenciar semejante cantidad de genomas requiere mucho tiempo y esfuerzo de personal cualificado, materiales y reactivos de laboratorio con alto coste, y otros factores – el problema está en que muchas bacterias son muy parecidas.

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En algunos casos son tan parecidas que incluso pertenecen a la misma especie. Algunas cepas, que son pequeñas variantes de una misma especie, son patógenas mientras que otras son beneficiosas. El caso más conocido es la famosa Escherichia coli, necesaria para nuestro bienestar pero con varias cepas capaces de provocar enfermedades.

Y por otro lado hay que tener en cuenta el hecho de que muchas están relacionadas entre ellas, y derivan por evolución de un ancestro común. Por lo tanto, tienen muchos genes en común, lo que dificulta de manera notable diferenciarlas.

Así que los investigadores han tenido que abordar el problema de una manera novedosa. Y muy original, realmente. Lo que han hecho ha sido considerar que nuestro interior es un ecosistema… y emplear técnicas que provienen de la disciplina de la Ecología para poder estudiarlo.

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La lista de genes implicados es amplia, y muy compleja. Entre otros, hay genes que permiten a las bacterias sobrevivir a la acidez del estómago, a periodos con muy poco oxígeno en el ambiente, incluso otros que permiten defenderse de nuestras defensas.

Lo que permite este estudio es realmente interesante. Por centrarlo en un ejemplo, los investigadores han estudiado la microbiota de pacientes con enfermedad de Chron, una dolencia crónica sin cura actualmente. Lo que han visto es que ciertas bacterias, que proporcionan sustancias anti-inflamatorias, se encuentran en números muy bajos en estos pacientes. Y que una dieta diseñada para fomentar estos microorganismos en concreto podría tener una función paliativa.