¿Por qué 41% de los estadounidenses no quiere vacunarse contra la influenza?

Con la llegada del invierno, e incluso desde antes, se incrementan las enfermedades respiratorias y otros padecimientos. En específico, la influenza o gripe ataca con rigor en estas épocas y una forma útil de protección contra su contagio es aplicarse anualmente una vacuna.

Pero aunque la vacunación contra la influencia es ampliamente recomendada por los médicos, muy asequible para la población y prácticamente sin efectos secundarios de relevancia, hay quienes la rechazan.

La vacuna contra la influenza reduce de modo importante el contagio de esa enfermedad y es ampliamente recomendada. (AAP)
La vacuna contra la influenza reduce de modo importante el contagio de esa enfermedad y es ampliamente recomendada. (AAP)

El Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) recomienda que todas las personas mayores de seis meses de edad, salvo algunas con ciertas alergias o condiciones específicas, se apliquen anualmente esa vacuna, que reduce el riesgo de contraer la influenza y, por ende, de enfermar, perder tiempo laboral o de escuela e incluso de requerir tratamientos médicos adicionales (hospitalización incluida) que llegan a resultar necesarios en casos severos y complicados.

En el caso de los niños, un estudio divulgado por el CDC dijo que la vacunación reduce sustancialmente el riesgo de muerte infantil por influenza.

Sin embargo, un estudio del centro NORC la Universidad de Chicago indicó que la mayoría de las personas que en Estados Unidos no se han vacunado contra la influenza en este año no piensan hacerlo, el 41% del total de los encuestados. Según cifras de mediados de noviembre, esa cifra era casi equivalente a la de las personas que sí se han aplicado esa vacuna: 43%, de acuerdo a Time.

Las razones para no vacunarse son variadas, y algunas basadas en ideas equívocas. Por ejemplo, el 36% de los que dijo que no se aplicarán esa vacuna alude a efectos secundarios nocivos y 31% incluso cree que las personas podrían enfermar si se vacunan. Otro 31% considera que no necesita vacunarse porque no se contagiará o porque la vacuna no funciona. Son conclusiones que se escuchan pero que, en realidad, son factores de mínimo riesgo (los efectos secundarios) o ideas infundadas (el contagio vía la vacunación). En cambio, 6% dijo que el costo de la vacuna le impide recurrir a ella y 5% lo atribuye a la falta de tiempo.

Incluso habrá quien le teme a las agujas y por ello opta por no vacunarse (la versión inhalada de la vacuna contra la gripe ya no es recomendada), pese a que la sensación del piquete es mínima y pasajera y sustancialmente menor a las dolencias que provoca la influenza, ya no se diga si se desatan complicaciones que requieran tratamientos mayores.

Con todo, la renuencia a vacunarse contra la influenza deja abierto un alto riesgo de enfermar para las personas que optan por no inmunizarse y, también, para terceros, pues una persona que contrae la influenza (como en el caso de otras enfermedades prevenibles mediante la vacunación) son foco de infección y una amenaza para los demás. Aunque de otra naturaleza, la resistencia de ciertas personas a vacunar sus hijos, por cuestiones religiosas, ideológicas o mera ignorancia, ha causado recientemente, por ejemplo, una explosión en casos de sarampión o varicela, enfermedades que fácilmente se minimizan vía la vacunación y que pueden resultar, sobre todo en el primer caso, ominosas para los menores y los adultos.

Ciertamente, la vacuna contra la influenza no es siempre efectiva y se dan casos de personas vacunadas que contraen la enfermedad de todos modos. La complejidad de los virus que producen la influenza, que son muy variados, mutan rápidamente y por ende es necesario producir nuevas variedades de vacuna constantemente, es un factor que reduce la eficacia de la vacuna (en comparación con la inmunización en otras enfermedades, donde la eficacia de las dosis y la persistencia de sus efectos son duraderos), pero en todo caso es un arma útil para reducir los riesgos de contagio en una proporción significativa.

Una circunstancia que es benéfica para la población en general pero es especialmente importante en casos vulnerables como los ancianos y los menores.

Y corresponde al médico identificar quiénes no deben ser vacunados, tomando en consideración factores específicos concretos (como alergias o padecimientos preexistentes).

Los síntomas y posibles complicaciones de la influenza superan por mucho el riesgo y la molestia de aplicarse la vacuna. (Getty)
Los síntomas y posibles complicaciones de la influenza superan por mucho el riesgo y la molestia de aplicarse la vacuna. (Getty)

Hasta ahora, de acuerdo al CDC, 160 millones de dosis de la vacuna contra la influenza han sido distribuidas en Estados Unidos. Y aunque en la actual temporada 2018-2019 esa enfermedad ha afectado solo de modo ligero al país (a diferencia del ciclo pasado, cuando atacó con severidad), ya se ha reportado una incidencia alta en estados como Georgia y Luisiana. Una vez entrado el invierno es previsible que más casos se reportarán en el país.

Prevenir es la mejor solución y, en ese sentido, la vacuna contra la influenza es, de acuerdo a las instituciones médicas, una vía muy apropiada.

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