La popularidad de Biden se hunde y los republicanos se relamen a un año de las 'midterm'

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Joe Biden se tapa los ojos bromeando con la prensa, el pasado 6 de noviembre, en la Casa Blanca. (Photo: Alex Brandon via AP)
Joe Biden se tapa los ojos bromeando con la prensa, el pasado 6 de noviembre, en la Casa Blanca. (Photo: Alex Brandon via AP)

Joe Biden es hoy el tercer presidente más impopular en la historia reciente de EEUU, cuando acaba de cumplirse el primer año de su elección. Su respaldo oscila entre el 39,5 y el 41% de los norteamericanos, sólo por detrás de Donald Trump (39) y Gerald Ford (38) a estas alturas de legislatura.

La luna de miel del demócrata con un país divido, a cuyo timón llegó más por cansancio con su predecesor que por convencimiento del electorado, ha acabado por una suma de contratiempos: la inflación, el coronavirus, la inmigración, Afganistán... Y los republicanos, mientras, ganan peso en las encuestas sólo con sentarse a mirar. Trump se regocija y se recompone para dar de nuevo el salto a la Casa Blanca en 2024, pasados -parece- los intentos de crear un partido al margen del que ahora cobija al magnate.

Y todo esto, cuando falta un año para el 8 de noviembre de 2022, día en que se celebran las elecciones de mitad de mandato o midterm, en las que se renovará el Congreso en el que ahora los demócratas tienen una mayoría exigua que necesitan conservar a toda costa para dar continuidad a su paquete legislativo. Queda mucho trabajo por hacer por parte de los demócratas si no quieren perder esa baza que, hoy, tampoco les garantiza la estabilidad, porque las peleas internas en el seno de la formación también están haciendo peligrar algunas de las apuestas esenciales de Biden.

Qué es lo que está pasándole a Biden

Es normal que un presidente baje en popularidad cuando su mandato, de verdad, echa a andar y se pasan los fastos de los primeros cien días de gracia. Biden no es una excepción. Tras su victoria electoral en noviembre de 2020, su pico de popularidad llegó al 60%, pero aparecieron los primeros obstáculos y complicaciones internas que han ido robusteciendo a los republicanos sin necesidad de desgastarse con propuestas o iniciativas. Hoy el 71% de los estadounidenses cree que el país va en una dirección equivocada, según una encuesta de la NBC.

El que fuera vicepresidente con Barack Obama llegó a la presidencia y se forjó una imagen de gestor eficaz contra la covid-19, frente a un Trump negacionista que no había movido un dedo. Sin embargo, en marzo le llegaron las primeras fotos de la vergüenza de niños hacinados en centros de migrantes, durmiendo en el suelo entre plásticos; luego en mayo comenzó a golpear con fuerza la variante delta del coronavirus y el esfuerzo tremendo en vacunación se hacía insuficiente; en agosto se produjo la salida desordenada de Afganistán tras 20 años de presencia en el país, dejándolo de nuevo en manos de los talibanes.

Su popularidad comenzó a bajar ya entonces, pero para el americanista Sebastián Moreno, la “puntilla” ha llegado con la subida de los precios, sobre todo de los combustibles y la energía, a lo que se han sumado dos inesperados derrapes electorales y los roces dentro del propio Partido Demócrata, que han frenado sus apuestas cuando el tiempo corre, porque si pierde la mayoría en el Congreso legislar será una tarea de titanes.

“Los sondeos venían alertando en los últimos meses de un descenso en la popularidad de Biden, pero es que hace un mes estaba en el 51% y ha perdido diez puntos en poco tiempo. El triunfo contra pronóstico del republicano Glenn Youngkin como gobernador en el estado de Virginia, donde Biden se impuso claramente en las presidenciales de hace un año, y el desgaste del demócrata Phil Murphy, en Nueva Jersey, que ganó pero con mucha menos contundencia en un estado que daba por ganado, han confirmado la tendencia”, indica.

Por más que la crisis comercial sea mundial, el analista sostiene que en EEUU el problema ha hecho mella “de forma local”, porque los ciudadanos “culpan de su cesta de la compra disparada al poder más cercano que, no hay que olvida, es el de la primera economía del mundo”. EEUU está creciendo notablemente, era el referente tras lo peor de la pandemia -un 1,6 % de su producto interior bruto en el segundo trimestre del año, por ejemplo, con una tasa anual del 6,6, ya en niveles previos al coronavirus-, pero ha empezado a ralentizar esa subida, en gran parte por una inflación que es la peor en 30 años, en un 6,2%.

“Es la economía, estúpido”, recuerda Moreno, parafraseando a Bill Clinton. “La gente está concentrada en la situación de su familia, su trabajo y su economía, que estaba bastante bien y se ha ido complicando. Eso es determinante”, explica. “Vienen el Black Friday, Acción de Gracias y la Navidad y son los ciudadanos los que deberán pagar la factura. Eso es muy impopular. Quizá en el primer trimestre de 2022 lleguen mejores datos, la situación mundial se estabilice y los apoyos de Biden, también”, añade.

Biden, dice, espera “como agua de mayo” el multimillonario plan de infraestructuras con el que pretende crear empleo e imponerse a China, valorado en 2,25 billones de dólares. Un proyecto que se ha visto ralentizado incluso por su propio partido: se produjo una batalla porque la facción moderada quería una votación inmediata sobre el proyecto de ley, frente al brazo más progresista, que quería esperar hasta tener un acuerdo sobre otro proyecto de ley de 3,5 billones de dólares de gasto social. Ahora, por fin, el Congreso ha sacado las infraestructuras adelante y se espera que se apliquen las novedades en los meses inmediatos.

“Los roces internos demócratas tienen también mucho que ver con la erosión de la imagen de Biden -prosigue Moreno-. Paga el precio de la falta de acuerdo para aprobar sus propuestas estrella, desde asistencia social a cambio climático, donde también ha habido problemas. Unos las creen excesivas y otros, insuficientes. Y el liderazgo del presidente no es suficiente para unirlos”, ahonda. Todo, en un contexto que se ha vuelto más extremo por las redes sociales y con una polarización nacional corrosiva.

Ha habido enfrentamientos en políticas hasta ahora monolíticas y muy sensibles en política exterior, como el levantamiento del embargo a Cuba o la venta de armas a Israel, donde el grupo interno de los Socialistas Democráticos de América (donde se incluyen congresistas como Alexandria Ocasio-Cortez, Ilhan Omar, Rashida Tlaib oAyanna Pressley) ha presionado en la defensa de los derechos humanos.

El investigador reconoce que a esta “bajada multicausal” contribuyen dos hechos: el “lógico” de que “el poder desgasta siempre y más al principio” y el “de fondo”, que es que “Trump era un pegamento de ciertos norteamericanos no necesariamente demócratas o no necesariamente partidarios de Biden para apoyarle, y esa amenaza se ha diluido y une menos”. Muchas mujeres, por ejemplo, en zonas de suburbios, inclinaron la balanza a favor del demócrata por puro rechazo al republicano. Por eso los de su partido se “frotan las manos”: “les están llegando beneficios sin hacer muchos esfuerzos”.

Cómo les va a los republicanos

Trump, efectivamente, no está en primerísima línea para enervar, enfadar y polarizar al país a diario, pero no deja de estar presente en la vida política patria, maniobrando. Sigue insistiendo en que le robaron las elecciones, sigue oponiéndose a que investiguen su actuación desde el Despacho Oval, y sigue teniendo al partido firme, pese a las críticas iniciales que surgieron tras su derrota.

Está “merodeando”, como dice gráficamente la CNN. Se dedica a cargar contra Biden, creando una imagen de caos. “Criminales violentos y bandas sanguinarias se están apoderando de nuestras calles, los extranjeros ilegales y los cárteles de la droga mortales se están apoderando de nuestras fronteras, la inflación se está apoderando de nuestra economía, China se está apoderando de nuestros trabajos, los talibanes se han apoderado de Afganistán, los izquierdistas locos se están apoderando de nuestras escuelas y socialistas radicales se están apoderando de nuestro país”, dijo Trump en un mitin en Iowa el pasado octubre, en el que subrayó, de paso su continuo control sobre el Partido Republicano. Por si algún crítico se le desmandaba.

Pocos se han atrevido a romper abiertamente con el expresidente, quizá por temor a contrariar a sus votantes, donde el trumpismo aún es muy fuerte. Se han sumado a mensajes suyos muy repetidos, como que hay una “crisis migratoria” en la frontera con México o su rechazo a las normas que obligan a usar máscaras para contener la propagación de la covid. Sin embargo, evitan grandes actos con él. Una cosa es saber de su poder y no sacar los pies del tiesto y, otra, alinearse a las claras, aunque de todo hay.

Donald Trump y su esposa Melania, en el Game 4 de las series mundiales de béisbol entre los Houston Astros y los Atlanta Braves, el pasado 30 de octubre, en Atlanta. (Photo: Brynn Anderson via AP)
Donald Trump y su esposa Melania, en el Game 4 de las series mundiales de béisbol entre los Houston Astros y los Atlanta Braves, el pasado 30 de octubre, en Atlanta. (Photo: Brynn Anderson via AP)

Por ahora, nadie levanta la mano para presentarse a unas primarias contra Trump de cara a las elecciones presidenciales de 2022 -“Nos vemos en cuatro años”, fue lo último que dijo Trump al irse de la Casa Blanca- y tampoco de están dejando el lomo presentando alternativas a las leyes de Biden ni haciendo oposición firme. Hay declaraciones, muchas, y una implacable maquinaria de propaganda conservadora arrojando falsedades 24 horas del día.

Las encuestas de ABC y NBC dan una subida en intención de votos a los republicanos de entre 3 y 6 puntos. “Sí, deberíamos estar muy asustados”, resume Paul Waldman, columnista del Washington Post, quien se pregunta si será posible resistir a la suma de la debilidad de Biden y el cierre de filas en torno a Trump de su gente (aunque sea con la nariz tapada). Ahora mismo, concluye, ni la edad ni los problemas legales ni el declive de su empresa le hacen mella ni le quitan la idea de ser candidato.

Lo que pase en 2022

De momento, la primera cita con las urnas es dentro de justo un año, cuando se elijan 435 nuevos congresistas y un tercio del Senado, 34 puestos. Como quiera que esta elección se da a mitad de una legislatura, Moreno explica que lo normal es que se vote “a los críticos, a los contrarios”, un castigo o toque de atención para quien esté en la presidencia que obliga a consensuar mucho más las reformas e iniciativas legislativas. A ceder.

Perder la mayoría actual sería “catastrófico”, por lo que Biden tiene que intentar esprintar en el tiempo que le queda para sacar el máximo de sus proyectos adelante. Con el lastre de ser considerado un presidente mayor, de transición, de un solo mandato, y con la sombra del peor trumpismo acechando.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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