Hacia un "pop patriota", nuevo frente en la guerra cultural en Hungría

Peter MURPHY
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Un plan del gobierno húngaro de Viktor Orban para impulsar el pop local sin perder de vista la identidad húngara suscita preocupación entre los artistas por miedo a la censura.

El proyecto, cuyos detalles se conocieron esta semana, promete el desembolso de 62 millones de euros (74 millones de dólares) para descubrir y formar personas con talento y financiar la creación y el equipamiento (estudios, salas de conciertos.

"Se trata de conseguir producciones de pop y rock húngaras de calidad, convertirlas en un cimiento de identidad", explica Szilard Demeter, el hombre que está detrás de esta iniciativa y que desde 2019 ocupa el cargo de comisario cultural.

En una entrevista con la AFP el año pasado, cuando perfilaba el proyecto, destacó que "la música puede expresar lo que es diferente en la personalidad, la visión y la experiencia histórica" de los habitantes de este país de Europa central de casi 10 millones de habitantes.

"A veces los europeos occidentales no lo entienden, pero es lo que es apasionante y exótico", afirmó entonces.

Y habló de sus ambiciones para la cultura húngara: "en la dura guerra que se libra, la pregunta es si habrá desaparecido en cien años", insiste este guitarrista aficionado.

"La identidad nacional se ha debilitado y hay que restaurarla", proclama el escritor de 44 años.

- 'Orbanista al 110%' -

El mundo artístico se pregunta sobre su margen de maniobra. Porque en 2018, Orban, adalid del "antiliberalismo", prometió una "nueva era" cultural.

Bruselas ha criticado varias veces a este país miembro de la Unión Europea desde 2004 por sus "ataques" al Estado de derecho, como por ejemplo su campaña contra la comunidad LGTB y el sometimiento de teatros y universidades.

Szilard Demeter no es apolítico. Reconoce que "apoya completamente las medidas del primer ministro". "Soy un orbanista al 110%", afirma.

En noviembre montó un revuelo comparando al multimillonario George Soros con Hitler, pero tuvo que retirar el artículo debido a las protestas.

Este mecenas estadounidense, un judío nacido en Hungría y superviviente del Holocausto, suele ser blanco del gobierno, que le acusa de fomentar la inmigración.

- 'Cobrar el dinero y callarse' -

Ferenc Megyeri, cantante del grupo punk "HétköznaPI CSAlódások" (que significa decepciones del día a día) fundado en 1990, sabe por experiencia propia el precio que hay que pagar por apoyar públicamente a Soros.

Durante un concierto grabado en octubre para ser difundido en diciembre por televisión, los organizadores le pidieron que se quitara la camiseta con el nombre de "Soros".

"Me negué y de repente la cadena tomó primeros planos de mi cara" evitando grabar el mensaje, cuenta a la AFP en la ciudad de Pecs, al sur de Budapest.

En el montaje también suprimieron las canciones "Viktor" y "Absurdistan", que critican la política en Hungría, lamenta el artista de 55 años.

Por eso tiene dudas sobre este nuevo proyecto.

"Si la idea es ayudar a los músicos, entonces ¿por qué no? Después de todo, es dinero de los contribuyentes, es nuestro dinero", dice. "Pero creo que la mayoría de los grupos cobrarán el efectivo y, a cambio, se callarán", consideró.

- 'Lista negra' -

El reconocido compositor y guitarrista Zoltan Czutor, de 51 años, también teme "el adoctrinamiento de los escolares que asistirían a óperas de rock nacionalistas", en un contexto en el que los músicos corren el riesgo de no tener los medios para resistir.

"La mayoría obtiene buena parte de sus ingresos de los grandes festivales subvencionados por el Estado o los ayuntamientos y evitan los temas políticos por miedo a ser incluidos en la lista negra", explica.

Este sentimiento de exclusión lo conoce bien la cantante pop Zsuzsa Koncz. Famosa desde los años 1960, apoyó causas liberales en el pasado y "ningún medio oficial la ha invitado a actuar, ni una sola vez" desde que Orban regresó al poder en 2010.

Por eso la artista de 75 años no se hace ilusiones: la evolución de Hungría le recuerda la política cultural comunista, donde se prohibía cualquier obra crítica con el sistema.

"La última década me ha demostrado que cuanto más cerca estás del régimen, más te beneficias de su magnanimidad", lamenta.

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