Polvo eres y en polvo te convertirás, y puede ser sin contaminar

Bosque de ecofunerales (Photo: RECORDARIUM)
Bosque de ecofunerales (Photo: RECORDARIUM)

Bosque de ecofunerales (Photo: RECORDARIUM)

Hace sólo unas semanas, el PSOE registró una proposición no de ley para minimizar el impacto ambiental y sobre la salud de los hornos crematorios.

Entre otras medidas planteaba utilizar ataúdes de cartón ondulado o de otros materiales vegetales distintos a la madera, vestir al difunto con ropa de fibra textil natural, evitar tratamiento de tanatopraxia y que los nuevos crematorios se ubiquen en suelos de clasificación industrial, fuera de los núcleos urbanos.

El PSOE recordaba en su iniciativa que “numerosos estudios advierten de que la incineración de cadáveres humanos produce emisiones contaminantes peligrosas para la salud”. Y aunque la legislación vigente ya obliga a los titulares de estos servicios a realizar controles y a disponer de los equipos de filtración necesarios para reducir la carta de tóxicos de sus emisiones, “no siempre se aplican las mejores técnicas disponibles de descontaminación, especialmente en instalaciones antiguas”.

El debate estaba servido y no pocos se apresuraron a criticar la propuesta calificándola de imposible, más caras o de venirse aplicando ya.

Lo que está claro es que la posibilidad de un entierro ecológico, aunque aún es minoritaria, es una tendencia al alza y cada vez son más las iniciativas que abren el camino a la celebración de ritos y funerales de despedida menos contaminantes y más sostenibles. 

Principios para un entierro sostenible

Una de ellas parte de la Fundación Terra, quien en 2007 analizó el impacto ambiental de los funerales en Barcelona e identificó una serie de productos dañinos, como los gases de la incineración, la importación de flores por vía aérea desde una larga distancia, los ataúdes hechos de madera cortada ilegalmente y los metales pesados en las cenizas de los incineradores. Entre 2007 y 2013 Terra desarrolló y registró una serie de estándares de calidad que definían un funeral de bajo impacto y diseñó un sitio web —ecofuneral.es— para ayudar a las personas a planificar su ecofuneral.  

Una ceremonia de despedida en Recordarium. (Photo: RECORDARIUM)
Una ceremonia de despedida en Recordarium. (Photo: RECORDARIUM)

Una ceremonia de despedida en Recordarium. (Photo: RECORDARIUM)

Una compañía de seguros y una funeraria se unieron a la iniciativa y presentaron un seguro que garantiza un funeral sostenible después de la muerte del titular. ¿Y cómo es? Como advierten desde Ecofuneral, los servicios funerarios actuales “son uno de los pocos sectores socio-económicos que apenas ha hecho nada a favor del medio ambiente” y las opciones aún son pocas. En cualquier caso, se pueden celebrar sepelios en instalaciones con gestión medioambiental certificada, utilizar materiales que no destruyan los bosques –por tala incontrolada de madera para fabricar ataúdes—, imprimir recordatorios en papel reciclado, optar por un transporte sostenible y por hornos crematorios equipados con sistemas de filtración que reduzcan las emisiones contaminantes a la atmósfera.

En definitiva, se trata de reducir residuos, reducir elementos no biodegradables, reducir químicos tóxicos, reducir el consumo de energía no renovable, reducir emisiones no contaminantes, incorporar el principio de proximidad, utilizar materiales naturales certificados y usar la simplicidad.

De cartón, con diseño y lleno de emoción

Los hay de madera certificada y los hay de cartón homologados. La posibilidad de ser enterrado en un ataúd ecológico existe. O eso, al menos, dicen los catálogos de la mayor parte de las funerarias porque la experiencia de Manuel Revilla, fundador de Resistible, una empresa de diseño ecológico de Burgos, no es tan concluyente.

A pesar de haber desarrollado un proyecto original e interesante, “el problema es que el sector está muy implantado y es difícil entrar en ese mercado y presentar nuevas alternativas”, cuenta Revilla sobre su propuesta: un ataúd ecológico que aúna diseño, sostenibilidad y emotividad.

Ataúd de cartón ecológico de Resistible. (Photo: RESISTIBLE)
Ataúd de cartón ecológico de Resistible. (Photo: RESISTIBLE)

Ataúd de cartón ecológico de Resistible. (Photo: RESISTIBLE)

“Diseñarlo fue todo un reto porque había que hacerlo bonito pero sin que fuera estrambótico y sin agredir, ni para bien ni para mal. Además, se concibió como un soporte de emociones. Está imprimado con una pintura de pizarra al agua, por supuesto eológica, y sobre la tapa se pueden escribir dedicatorias, homenajes, dibujos… Es un homenaje en positivo, participativo y emotivo. Además, también colocamos junto a él un árbol de la vida. Una chica pidió que la gente que acudiese al velatorio de su hermana llevase fotos y colocamos un árbol de la vida que se fue llenando con más de 150 fotos. Hemos intentado quitar un poco el rollo judeocristiano que tenemos implantando, el de la plañidera llorando,  y convertirlo en un homenaje, que creo que es lo que todos queremos que sea nuestro funeral. Hombre, la tristeza tiene que estar, pero ¿por qué no lo vamos a hacer más agradable? Además, puede ser reconfortante”, explica.

Por supuesto, el ataúd de Resistible está homologado, un proceso que les llevó casi dos años y muchas peleas con la administración. “En la homologación hay que pasar unas pruebas físicas que consisten en meter en el ataúd 150 kilos y dejarlo caer 30 veces seguidas y no se tiene que desmontar ni abrir la tapa. Muchos funcionarios nos decían que algunos ataúdes de madera no aguantaban ni tres caídas”.  

Revilla lleva varios años intentando hacerse un hueco con el mercado y, según él, sus clientes “son los que nos dejan”. Asegura que reciben peticiones casi cada semana, pero ellos no las pueden gestionar directamente. “La funeraria más cercana es la que hace el servicio completo y el cliente tiene que pedirles a ellos este tipo de ataúd pero, según nuestra experiencia, seguramente pongan muchas pegas”. Reconoce que, además, no es un producto barato: “Es una manufactura, tiene diseño, se valora la emoción… Desde luego, aunque sea cartón no es low cost, pero deja márgenes de beneficio”.

Ahora han decidido probar suerte en Europa, donde hay una potente corriente de entierros ecológicos y las normativas ya están enfocadas al tema de la sostenibilidad, “como la propuesta por el PSOE en España”. “En España, no habrá un cambio por parte del sector hasta que la sociedad lo demande de verdad, pero como es una parte de tu vida en la que nadie quiere pensar mucho… ”, lamenta Revilla.

Un bosque, la despedida sostenible sin desigualdad

En la salida 43 de la A-5 se encuentra Recordarium, el Bosque del Recuerdo, la primera alternativa legal —después de cuatro años de luchas con la administración pública consiguieron las licencias— y ecológica al columbario tradicional. 

“Es el primer bosque donde depositar las cenizas que existe en España de forma 100% ecológica y sostenible. Y que está 100% en terreno rústico, en un bosque de verdad y no anexo a ningún cementerio. Porque hay cementerios que están intentando cosillas parecidas a lo que hacemos nosotros. Por ejemplo, un jardín para esparcir la cenizas o que en los árboles del propio cementerio se pueda hacer algo... ”, cuenta Ana González Alonso, una de las creadoras de este especial bosque que enseguida explica por qué ellos no querían estar ahí. “Ahí estás pegado a algo que nosotros no queremos: panteones, gárgolas, mármoles, criptas, nichos… En un cementerio convencional ves mucha tristeza y desigualdad, de los pequeños nichos a los grandes panteones. Aquí todo el mundo es un árbol y el árbol es el símbolo de la vida que esa persona ha vivido: es cambiar una vida por otra. Este es un terreno que es campo campo, desde el que solo ves la sierra de Gredos,  Guadarrama, viñedos, encinas, olivares… Aquí vuelves a pertenecer a la tierra y eres igual que el resto. La única diferencia es que el árbol haya crecido más o menos, o que hayas elegido un árbol ya plantado con la copa más grande, o un madroño arbustivo, o un olivo centenario o más pequeñito...”, detalla sobre la concepción de este proyecto.

Una pareja ante el árbol donde se esparcieron las cenizas de un familiar. (Photo: RECORDARIUM)
Una pareja ante el árbol donde se esparcieron las cenizas de un familiar. (Photo: RECORDARIUM)

Una pareja ante el árbol donde se esparcieron las cenizas de un familiar. (Photo: RECORDARIUM)

Más de 15 hectáreas de terreno, entre encinas, olivos, viñedos, madroños, sauces, almendros, granados, olmos, dos lagos, una dehesa y diversas plantaciones de especies autóctonas forman este idílico escenario. “En cada árbol se pueden depositar las cenizas de diez seres queridos. Es precioso porque ves árboles con cuatro familiares, porque a los pies del árbol hay una rodaja de madera serigrafiada con el nombre de las personas que están ahí...”. Cuenta Ana, además como curiosidad, que donde se han esparcido cenizas, hay mucha más hierba verde que en las zonas en las que no: ”Tarda como cinco meses pero, de repente, ves cómo se va poniendo más verde. ¡Qué honor, qué maravilla generar vida!”, relata entusiasmada.

Además, insiste con orgullo en que son emisores negativos de CO2: “Plantamos árboles y absorbemos un montón de CO2. Y no generamos apenas nada porque ya nos vienen las cenizas”.

¿Y quién recala en este bosque? “Gente de todo tipo: super ecologista, gente emocional, católicos, agnósticos, de otras religiones…  En el bosque hay un altar donde se hacen misas de campo y se dan misas católicas, pero hemos tenido ritos judíos y católicos juntos, hemos tenido ritos folclóricos… Es precioso, porque la gente es libre de elegir la ceremonia que quiere y preparamos la despedida como ellos quieran”, detalla Ana González.

En cuanto al precio, asegura Ana que su idea también ha sido aliviar esa sensación de que morirse sale carísimo: esparcir las cenizas en la naturaleza cuesta unos 250 euros y plantar un árbol, desde 699, y es perpetuo. “Polvo eres y en polvo te convertirás. Ya quedas integrado con la tierra y nadie te puede decir ‘saca de ahí esas cenizas’. El recuerdo está ahí y el árbol es el símbolo de esa vida”, concluye.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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