Podemos salvar el planeta plantando árboles pero no es tan fácil como parece

Area de pinos reforestada en Rio Tinto tras décadas de explotación y degradación industrial. (Crédito imagen Huelva Guillén Pérez).

Cuando pensamos en formas de combatir el calentamiento global que impliquen secuestro de CO2 a gran escala, lo primero que se nos viene a la mente es plantar árboles. El panel internacional de expertos sobre el cambio climático indicó en su informe especial del año 2018 que haría falta plantar alrededor de 1.000 millones de hectáreas con árboles (además de recortar las emisiones) si queremos evitar que el planeta se caliente más allá de 1,5ºC.

Para lograr semejante objetivo, sin duda colosal, varios equipos de hombres de ciencia de todo el mundo se han lanzado a preparar estudios que nos ayuden y respondan a los múltiples interrogantes asociados a un reto cuya consecución nos podría parecer sencilla, pero que es mucho más difícil de lo que pensamos.

La semana pasada por ejemplo apareció en Science un trabajo sobre el potencial de la restauración de ecosistemas a nivel global, cuya finalidad era intentar determinar en primera instancia si existe espacio en la Tierra para tanto árbol. Para dar respuesta a esta pregunta se echaron mano de imágenes de satélite realizadas sobre espacios protegidos ya cubiertos de árboles. La idea era considerar como afecta el clima y el tipo de suelo en el crecimiento de árboles especialmente aclimatados a un área dada. Tras analizar los datos emplearon la información para predecir el modo en que ciertos árboles crecerían en otras áreas del planeta basándose en el tipo de suelo y en el clima de diferentes regiones.

¿El resultado? Incluso si evitamos el área de suelo actualmente dedicada a la agricultura (nadie quiere dejar de dar de comer al mundo) siguen quedando 900 millones de hectáreas disponibles para la plantación de árboles. Esta enorme cantidad de suelo equivale al territorio actual de los Estados Unidos.

Lógicamente, los países grandes geográficamente son los que más suelo disponible tendrían para este empeño, y de hecho la mitad de estos terrenos (que incluyen bosques degradados, áreas taladas y praderas) se encuentran en seis países: Rusia, EE.UU., Canadá, Australia, Brasil y China.

Curiosamente el Reto de Bonn (un proyecto liderado por Alemania la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) indica que el 10% de los países del mundo ya han comenzado programas para plantar árboles, y esa es la razón por la que ahora existen más árboles en la Tierra que hace 30 años (sí, has oído bien). Sucede que en ocasiones los países que más énfasis ponen en estos proyectos son los que más limitados se ven por la falta de tierras (pensemos en el área densamente poblada de Centro Europa, por ejemplo), mientras que en otros casos se da la circunstancia contraria (pensemos en Brasil por ejemplo, cuyas políticas de deforestación del Amazonas son tan preocupantes).

Por desgracia no basta con plantar árboles, sino que hay que pensar también con qué clase de árboles conviene reforestar. El 45% de los árboles plantados siguiendo el Reto de Bonn son monocultivos, y a menudo lo que se emplean son árboles que tienen un rápido crecimiento, un bajo nivel de secuestro de CO2 y un aprovechamiento comercial inmediato, como por ejemplo el eucalipto. Si queremos que además de reforestar, los bosques se conviertan en refugio de la fauna local, lo que tenemos que hacer es reconstruir hábitats para que la biodiversidad no siga reduciéndose.

Eso nos hace enlazar con otro trabajo publicado recientemente en Science Advances en el que colaboró la Universidad de Sao Paulo, y que se centró especialmente las pluvisilvas tropicales (bosques lluviosos). La idea de este trabajo era dar valor a la reforestación para que incluso los agricultores y ganaderos la encontraran interesante, desde el punto de vista económico. El equipo brasileño calculó el beneficio potencial que se perdería si un territorio dedicado al cultivo se convirtiera de nuevo en bosque. Como os decía, el estudio se centró en áreas especialmente sensibles por su enorme biodiversidad, las selvas lluviosas. Los brasileños identificaron “puntos calientes” en 15 países diferentes (más de 100 millones de hectáreas de tierras situadas en Centroamérica, Sudamérica, África y el sudeste asiático, y propusieron estrategias para su recuperación.

Cada uno de esos puntos calientes tiene tres cualidades: el boque existente está enormemente degradado o ha desaparecido, aloja a múltiples especies y está cerca de poblaciones humanas. Todos estos lugares podrían convertirse en enormes trampas de carbono que además ofrecerían ventajas a la población humana circundante de diferentes maneras (los bosques saludables por ejemplo, ayudan a limpiar el agua de sedimentos y contaminantes).

Para identificar estos lugares, los científicos superpusieron datos sobre el potencial de los árboles para beneficiar la biodiversidad, la mitigación del cambio climático, la adaptación al cambio climático y la seguridad del agua. Luego eligieron el 10% de las áreas con la mayor superposición de beneficios y los costos más bajos asociados con la restauración de bosques.

Resultado de un proyecto de reforestación en Minas Gerais, Brasil en el que se plantaron 2,7 millones de árboles durante 20 años. (Crédito imagen: Sebastião Salgado).

Como os comentaba antes, se investigaron ciertas soluciones que implicaban a los terratenientes de las zona. En el caso de Brasil se descubrió que si estos pudieran restaurar una parcela con mezcla de árboles nativos y eucaliptos, entonces buena parte de los costes de la transformación se cubrirían con la venta de la madera de eucalipto. Si además hubiera una forma de pagar a los propietarios por la prestación de servicios al ecosistema (en concepto de almacenamiento de carbono, limpieza de agua y aire, etc.) esos incentivos harían aún más interesante emprender la reforestación.

No se vosotros, pero yo creo que en el algún momento veremos surgir fricciones entre un sistema dominado por el capitalismo y un plan de supervivencia global que implica una buena dosis de idealismo y altruismo.

¿Seremos capaces de salvar el mundo plantando árboles? Suena tan bonito y tan aparentemente sencillo. Sin embargo, como vemos, para hacerlo bien necesitaremos tener mucha información en cuenta. El objetivo no es para nada fácil.

Me enteré leyendo Popular Science.