Un plano del siglo XVI arroja nueva luz sobre el palacio de Carlos V en la Alhambra

Patio del palacio de Carlos V. <a href="https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Patio_Paleis_Karel_V.jpg" rel="nofollow noopener" target="_blank" data-ylk="slk:Ra-smit / Wikimedia Commons" class="link ">Ra-smit / Wikimedia Commons</a>, <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0/" rel="nofollow noopener" target="_blank" data-ylk="slk:CC BY-SA" class="link ">CC BY-SA</a>
Patio del palacio de Carlos V. Ra-smit / Wikimedia Commons, CC BY-SA

En 1526, durante la luna de miel del emperador Carlos V con doña Isabel de Portugal en Granada, se decidió construir un nuevo palacio en el corazón de la Alhambra, junto a los viejos palacios nazaríes. Se diseñó entonces un original edificio de planta cuadrada, con un gran patio circular y fachadas clásicas con portadas, como destacado exponente de una nueva arquitectura renacentista.

A pesar de la abundante bibliografía disponible, no son pocos los misterios que aún existen sobre esta singular obra de arquitectura. Su desconocida autoría sigue siendo objeto de debate entre estudiosos del palacio. Estamos ante uno de los primeros edificios del Renacimiento español, incluido en la Lista de Patrimonio Mundial de la UNESCO.

En 1912 fueron localizados dos importantes planos anónimos del siglo XVI con el palacio de Carlos V y su entorno, hoy conservados en la biblioteca del Palacio Real de Madrid. Hacia 1940 apareció otro plano anónimo, custodiado en el Archivo Histórico Nacional (Sección Nobleza) en Toledo, que incluía sólo la planta del palacio. Este plano es el objeto de esta investigación. Su adecuada interpretación dentro del proceso de diseño y construcción, así como su datación y posible autoría, resultan cruciales para comprender los orígenes de este singular palacio.

Recientemente, hemos publicado un artículo científico en la revista EGA. En él se explica que, a partir de una precisa reproducción digital, se han transcrito por primera vez todos sus trazados incisos con punzón, una técnica gráfica habitual en el siglo XVI. Ello ha permitido conocer el proceso de diseño geométrico del palacio, un asunto que ha generado no pocas especulaciones e hipótesis de escaso rigor gráfico y científico.

Trazados incisos y proceso de dibujo

En aquella época los trazados arquitectónicos con punzón sobre papel se usaban como base para el posterior delineado con tinta. Servían como líneas auxiliares, apenas visibles, para componer el dibujo geométrico. En nuestro caso, se ha constatado que estos trazados eran relativamente sencillos, descartándose los complejos procesos de diseño que han supuesto bastantes autores.

El trazado de este palacio destaca claramente por la rotundidad y simbolismo de dos formas geométricas, el cuadrado del perímetro exterior y el círculo del patio. Ambas figuras guardan una sencilla y poco conocida proporción: el diámetro del patio mide la mitad del lado del cuadrado. Esa decisión sería crucial como punto de partida para completar después el trazado de la capilla, la galería del patio, los vestíbulos, la escalera principal y las estancias.

En la capilla octogonal se ha detectado un procedimiento geométrico que se usaba en la arquitectura gótica para trazar y dimensionar muros. Por tanto, el arquitecto de este palacio, que fue innovador con sus formas renacentistas, usó también trazados y conocimientos medievales. Esta cuestión resulta de gran interés para el debate sobre la posible autoría.

El tamaño de la planta respecto a un plano de fachada y a la desaparecida maqueta

Durante esta investigación se ha desvelado una importante relación dimensional entre la planta del Archivo Histórico Nacional, una maqueta desaparecida y un plano de la fachada del palacio que hoy se conserva en el Metropolitan Museum de Nueva York: el llamado plano “Burlington”, considerado como una copia del alzado original perdido, dibujada años después.

Se ha detectado que dicho alzado tendría un tamaño similar a la desaparecida maqueta del palacio que fue encargada en 1528, cuyas medidas se conocen por documentos posteriores. Además, se ha comprobado que la planta aquí analizada se dibujó con la mitad de tamaño que la fachada y la maqueta. Estas sencillas relaciones constatan por primera vez la estrecha vinculación existente entre esta planta, el alzado y la maqueta. Todos ellos servirían para formalizar el diseño inicial del palacio, antes del inicio de las obras en 1532.

Sobre la datación y posible autoría

El análisis de documentación histórica del edificio ha permitido estimar que el plano del Archivo Histórico Nacional se dibujaría entre 1528 y 1532. Por tanto, se trata de uno de los primeros planos conservados del Renacimiento español. Estamos ante un documento gráfico muy importante de la arquitectura europea del siglo XVI.

Se ha especulado bastante sobre su autoría entre diversos arquitectos italianos de aquel momento, y entre otros españoles como Luis de Vega, que fue arquitecto real, o el pintor Pedro Machuca, formado en Italia. Los nuevos indicios aportados permiten ahora suponer que el autor del plano fue el gran arquitecto de la catedral de Granada, Diego de Siloé. Este tenía formación renacentista italiana, conocía los procedimientos góticos de trazado y aparece en documentos de pagos de las obras del palacio de Carlos V. Esto reafirmaría una hipótesis ya planteada por algunos investigadores.

Los vínculos detectados entre el plano y la maqueta del palacio también sugieren su protagonismo. Sabemos que por entonces le encargaron una maqueta de madera de la catedral de Granada, por lo que también se le pudo encargar la del palacio en la Alhambra. ¿Pudo ser este el motivo que le llevó a participar en su trazado y posterior construcción?

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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