'En plan...': Los estudiantes universitarios y la expresión más allá de los 280 caracteres

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Que levante la mano el docente que, tras pedir a uno de sus alumnos la explicación a un problema o una argumentación en una exposición oral en clase, no haya oído alguna vez esta respuesta:

“En plan… es que no sé cómo explicarlo…”

El actual sistema educativo tiene una brecha en lo que se refiere a la competencia comunicativa del alumnado. Acceden a la universidad sin un claro dominio de su propia lengua, y eso a pesar de que en los criterios y en los objetivos de muchas materias –no solo de las denominadas de letras– están presentes la expresión escrita, la comprensión lectora y la expresión oral.

De hecho, en la normativa, la primera competencia del currículo en la Enseñanza Secundaria y en Bachillerato es la “lingüística”. Los futuros médicos, los futuros abogados o los futuros arquitectos deben saber comunicar sus ideas.

La influencia de Twitter

Se puede contar mucho en 280 caracteres, la nueva medida de Twitter. Nadie espera una reflexión profunda en ellos, aunque puede haberlas. El problema es creer que esa manera de expresarse debe trasladarse a otros entornos y que todo vale por igual en las redes, en un blog o en un entorno digital cualquiera.

Esto se convierte en un inconveniente cuando se demuestra que el alumnado no sabe desenvolverse ante un folio para contestar a una pregunta de examen que requiera de una explicación amplia. Aunque no se puede generalizar y hay alumnos que lo hacen en correspondencia a su nivel educativo. No todo es malo ni bueno; hay estados intermedios en la influencia del uso de las pantallas y la pérdida de conciencia lingüística y competencia comunicativa.

Pero los alumnos del actual sistema educativo reconocen que no saben expresarse ni de manera oral ni escrita con soltura y que eso dificulta su comunicación más allá de una pantalla.

Desarrollar la conciencia lingüística

El lenguaje es la expresión del pensamiento y su dimensión social debería hacernos reflexionar sobre su importancia. De hecho, es el punto a tener en cuenta a la hora de enfocar el estudio de la lengua como asignatura en el alumnado.

No es la primera vez que se estudia y se investiga en este campo. Sin embargo se encuentra más información sobre la mejora de competencia lingüística en la enseñanza de lenguas extranjeras que en la nativa. Sería un error dar por hecho que la dominamos simplemente por ser nuestra lengua materna y haberla aprendido de manera orgánica. Los estudiantes tienen la capacidad lingüística pero no desarrollan la conciencia lingüística.

Como docentes debemos despertar esa conciencia, procurando que la curiosidad y la creatividad a la hora de usar la lengua afloren, ya que esos mecanismos serán los que incidan directamente sobre el uso correcto de la lengua y en el porqué de sus estructuras y elementos.

Leer el “manual de instrucciones”

Trabajar con la lengua es como enfrentarse a un microondas. El aparato viene con unas instrucciones que nunca leemos porque creemos que sabemos utilizarlo. Y claro que lo utilizamos, pero lo infrautilizamos, puesto que seguramente haya muchas funciones de las que nos podríamos beneficiar y que ni siquiera sabíamos que tenía.

Así es la competencia lingüística: desde el nivel básico, cuando nos expresamos en nuestra infancia, hasta uno más elaborado en una etapa universitaria. Entre ellas se atraviesan diversos estadios que se deberían corresponder con las diferentes etapas educativas.

Comunicar es más que hablar

La llegada a la universidad permite enfrentarnos a una realidad académica que necesita medir nuestro discurso oral y escrito. Esa realidad choca con la verdad. Si lo medimos con las escalas existentes en el aprendizaje de las lenguas extranjeras según el marco europeo, ¿tendrían nuestros alumnos también en español el B1 o B2 que se exige en inglés? Comprender –comprensión lectora y auditiva–, hablar –expresión e interacción oral– y escribir son los tres descriptores generales en los que se basan estos niveles.

Todos los programas educativos defienden el aprendizaje de otras lenguas en los primeros años de escolarización puesto que la capacidad de aprendizaje es mayor a esas edades. Si se tratara más la competencia lingüística y sus expresiones oral y escrita en la lengua materna en los últimos años de la Educación Primaria, estaríamos preparando el terreno para que en la secundaria se afianzara a otro nivel: debates, elaboración de periódicos, revistas o programas de radio, concursos, etc. Iniciativas que existen y funcionan pero que no son globales y deberían serlo.

A veces, saber presentar algo puede ser más importante que lo presentado en sí: de ahí la importancia del lenguaje y de su papel dentro de la comunicación verbal y no verbal.

Los profesores de lengua o de cualquier materia deben enseñar que la lengua es la función esencial de la mente y que todo se expresa con un lenguaje aprendido. Las estructuras lingüísticas nos preparan para comprender y asimilar las estructuras de la realidad. Nuestra inteligencia, nuestra memoria son las que nos permiten asimilar, producir y reproducir mensajes.

Y, sin mensajes, sin contar nuestros caracteres, ya se sabe, no existimos.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

Inmaculada Sanz Mateos no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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