Las piscinas naturales donde es imposible hundirse aunque quieras

El Oasis de Siwa es un lugar mágico y próspero situado en mitad del desierto del Sáhara, a unos 50 kilómetros de la frontera con Libia. Está rodeado de dunas, palmerales, manantiales y, a pesar de su ubicación, tiene numerosos atractivos como la ciudad antigua, el Templo de la Revelación de Amón, la Montaña de los Muertos o Fotnas Island. Pero por encima de todos ellos están las piscinas de sal.

En esta remota zona de Egipto cuentan con unas pozas naturales de un agua turquesa extremadamente salada, ya que se abren en mitad de unas salinas. Esto hace que el agua adquiera una densidad superior, incluso, a la del Mar Muerto, lo que permite flotar a las personas e impide que se hundan. Así se puede ver en alguno de los múltiples vídeos compartidos por los visitantes en las redes.

Eso sí, bañarse en una piscina de estas no tiene nada que ver con hacerlo en el mar porque la concentración de sal puede ser 30 veces superior. Por este motivo, hay que tener en cuenta varias aspectos para protegernos y evitar así que nuestra salud se vea perjudicada.

En primer lugar, es importante mantener la cabeza fuera del agua y cubrirse los ojos, ya que cualquier gota podría provocar una severa irritación ocular, en el mejor de los casos. Para minimizar riesgos, también es conveniente recogerse el pelo.

Las chancletas son un elemento imprescindible para caminar de una poza a otra porque la sal seca puede pincharnos o cortarnos la planta de los pies. En cambio, cuando está húmeda adquiere una textura similar a la de la nieve, evidentemente, con unos cuantos grados de más.

Finalmente, es muy importante llevar agua dulce en una botella tanto para poder beber como para enjuagarse las manos, los pies o la cara en caso de emergencia. Y es que al salir de estas piscinas, el cuerpo queda completamente cubierto de sal.

Eso sí, la mayoría de las personas que acuden a estas pozas luego suelen pasar por la piscina de Cleopatra para aclararse. Se trata de otra piscina natural pero, en este caso, de agua dulce situada en medio de Siwa. Algunos lugareños aseguran que en ella se solía bañar la reina de Egipto aunque otros sostienen que nunca visitó este emplazamiento.