Un pinchazo y una preocupación menos en la dura vida de las personas sin hogar

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Barcelona, 3 jun (EFE).- A las puertas del centro abierto de la Fundación Arrels, en el Raval barcelonés, había este jueves una cola de personas sin hogar esperando, pero no buscaban cobijo, asistencia o la oportunidad de asearse, sino que les inocularan la vacuna monodosis de Janssen contra la COVID; un solo pinchazo para al menos restar una preocupación en la dura vida de los que viven en la calle.

El centro Arrels se ha convertido este jueves en el primer punto de la vacunación de este colectivo en Cataluña, campaña que proseguirá mañana con otra jornada, en este caso en la parroquia de Santa Anna, también en Barcelona.

Personal del cercano CAP Drassanes se ha desplazado al centro Arrels para pinchar alrededor de ochenta dosis de Janssen reservadas para quien quisiera, según ha explicado el director de la ONG, Ferran Busquets, quien ha destacado que la iniciativa ha tenido una buena acogida, pero todavía queda mucho por hacer.

"Unas 1.200 personas viven en la calle y es importante que se den espacios para que tengan la oportunidad de vacunarse", de manera que puedan tener "una preocupación menos esta gente que vive una situación ya suficientemente dura", ha destacado.

"Hay que pensar en la salud", explica Tomás a Efe antes de vacunarse, mientras recuerda cómo trituró el coronavirus la zona de Codogno, en el norte de Italia, donde vive parte de su familia.

A su lado está Fabio, un genovés que, como él, lleva 20 años en la calle y que, si bien cree que no necesariamente tiene más riesgo de contagiarse de la COVID-19 por no tener techo, mejor ponérsela.

"La ciudad a veces es violenta" y se pueden dar situaciones de contacto no deseado con otras personas en la calle, por discusiones o peleas, resalta.

Claudia espera pacientemente su turno en el calle de la Riereta y admite que está "un poco nerviosa", por lo que ha oído de efectos adversos -muy poco frecuentes- de las vacunas, pero al final ha decidido aprovechar que ofertaban Janssen en Arrels para inmunizarse.

En su caso, pudo abandonar la calle y vive en un piso de acogida, al igual que Alfredo, quien en cambio no tiene dudas: "Es necesario vacunarse".

Fran, en cambio, prefiere seguir viviendo al aire libre, en Montjuïc, y solo acude puntualmente al centro abierto de Arrels a asearse.

Se declara un alma libre que, sin embargo, ha optado por protegerse de la COVID-19: "Principalmente por mi edad...¡que tengo 61 años!", remarca.

Si él se vacuna y el resto de la población también, quizá pronto podrá quitarse la mascarilla y tener lo que tanto le agrada: "Un poco más de libertad".

Por Jordi Font Comas d'Argemir

(c) Agencia EFE