¿Petro o Hernández? Colombia elige presidente entre la esperanza y la incertidumbre

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Muy reñida, muy polarizada, rodeada de tensión y dudas, así se presenta la segunda y definitiva vuelta de las elecciones presidenciales que celebra Colombia este domingo. Dos candidatos se la juegan: Gustavo Petro, por la alianza progresista Pacto Histórico, que podría convertirse en el primer dirigente de izquierdas en la historia del país, y Rodolfo Hernández, un independiente populista, inclinado a la derecha, que sorprendentemente superó a los demás candidatos y ahora pelea el cargo en igualdad de condiciones, dicen los sondeos.

La cita con las urnas no trae sólo la incertidumbre propia de una batalla ajustada, sino del día después, del minuto después, en las calles del país. Aunque desde el Gobierno actual, en manos del uribista Iván Duque, garantizan la limpieza del proceso, con medidas de control presenciales y digitales, desde hace meses las redes sociales siembran sospechas, sin pruebas, de que se pueden modificar algoritmos y retocar el recuento. Hay temor a que haya algún desajuste en este sentido o que así se sienta por una de las dos partes, si los bloques que salgan de los sufragios son realmente tan ajustados. Y si eso pasa, este 19-J puede acabar marcado por la agitación popular, y eso puede llevar a la violencia.

Quién compite

A la espera de que eso no ocurra, vamos con los aspirantes a la presidencia. El favorito es Gustavo Petro, que ya venció en la primera vuelta con el 40,32% de los votos (más de 8,5 millones), con una propuesta de unidad progresista y justicia social en la que le acompaña su aspirante a vicepresidenta, Francia Márquez. Rodolfo Hernández, por su parte, se coló al arrancar el 28,15% de los votos (5,9 millones), acaparando en buena parte el voto de la derecha tradicional, que genera cansancio entre los colombianos y acusaba una importante falta de liderazgo. Aunque el “ingeniero” se dice independiente, su tendencia es de derechas. Le acompaña en la papeleta Marelen Castillo, como número dos.

Lo que dicen los sondeos es que el resultado estará en un puño. Revisando los datos de Gad3, Yanhass o EcoAnalíticas o Silla Vacía, se extrae un empate técnico que por muy poco supera Petro, que conquistaría a la mayor parte de los casi 39 millones de electores citados. Las horquillas van del 39 al 48,1% de los votos para el izquierdista (la media de las encuestas son del 45%, al menos) al 35-48,2 del independiente (más cerca su media del 41%).

Todos está buscando desesperadamente apoyos que amplíen los márgenes que lograron en la primera vuelta, con los ojos puestos en la cifra mágica de los 10,5-11 millones de votos que garantizarían el puesto en la Casa de Nariño. Petro busca en el centro desencantado, porque la izquierda ya la monopoliza, y Hernández espera ya inyección de unos cinco millones de sufragios del uribismo. En ellos confía para dar la vuelta y complicar la vida a su oponente, que cerca estuvo se no tener que vérselas en una segunda vuelta y que ahora reza por seguir siendo el primero.

Gustavo Petro y Rodolfo Hernández, en sendas imágenes de la campaña. (Photo: Martin Mejia, Fernando Vergara via AP)
Gustavo Petro y Rodolfo Hernández, en sendas imágenes de la campaña. (Photo: Martin Mejia, Fernando Vergara via AP)

Gustavo Petro y Rodolfo Hernández, en sendas imágenes de la campaña.  (Photo: Martin Mejia, Fernando Vergara via AP)

Los de Rodolfo están fuertes entre las clases altas y en zonas como centro-oriente (incluyendo Bucaramanga, donde fue alcalde), centro-sur y el área cafetera, mientras que los de Gustavo calan más en las clases medias y en la capital, Bogotá -donde fue regidor-, el Caribe y el Pacífico. En las clases más bajas están empatados.

El principal problema que afrontan ambos es la abstención, que se espera elevadísima y, por tanto, determinante. Habitualmente suele rondar el 50%. También está subiendo en los sondeos el voto en blanco, que elegirán entre el 5,1 y el 13% de los colombianos. ¿Será voto blanco real o voto oculto, al final? A los indecisos y los que quieren protestar sin dar su apoyo a nadie ha ido dirigida la campaña en sus últimos días.

“En este siglo es lo más apretado que han estado los candidatos en una segunda vuelta, lo cual abre un panorama de mucha tensión en el ambiente”, explica a la Agencia EFE el consultor en asuntos públicos, comunicación política y opinión pública Andrés Segura, socio de la firma Ennoia. Con él coincide el exregistrador nacional Carlos Ariel Sánchez, quien señala a la misma agencia que “la última disputa presidencial cerrada fue la de la Presidencia de 1998”, cuando el liberal Horacio Serpa se impuso en primera vuelta por estrecho margen pero perdió en segunda con el conservador Andrés Pastrana, quien gobernó de 1998 a 2002.

“Esta sí está bien difícil, porque como los resultados de la primera vuelta fueron un poco imprevistos todo lo que es la opinión se descuadra. Antes se calculaban las alianzas y los que se pasaban de un lado para otro, pero ahora esas cuentas son muy difíciles de cuadrar”, considera Sánchez, profesor de Derecho Electoral de la Universidad del Rosario.

Hernández tuvo un momento en los primeros días tras la primera vuelta en que incluso lideró las encuestas, por el efecto sorpresa que arrastraba. No obstante, hoy los analistas entienden que, pese al enorme regalo que el resto de la derecha le puede hacer, quizá pasé con él como con el chileno José Antonio Kast, un ultraderechista que subió como la espuma sin que lo conociera casi nadie, que se coló en segunda vuelta y que, al fin, formó una mayor participación popular para asegurar la victoria de su oponente, el hoy presidente Gabriel Boric, de izquierdas.

Qué piensan

Ambos candidatos coinciden en la necesidad de zamarrear el país y darle respuestas, algo que reclama la calle con contundencia, desde 2019, con sus protestas y paros nacionales. Los ciudadanos han mostrado durante tres años su descontento frente a las políticas económicas, sociales y ambientales del Gobierno de Duque, la desidia respecto a los acuerdos de paz con las FARC o la dejación ante el asesinato de líderes sociales y la corrupción.

Colombia, un grande del continente americano, arrastra una inflación anual del 10 por ciento, una tasa de desempleo juvenil del 20% (la nacional es del 11%) y una tasa de pobreza del 40%. La pandemia de coronavirus, con más de seis millones de casos, ha roto las costuras del sistema sanitario. Son cosas que hay que cambiar. Por eso en esta campaña han entrado en juego desde la economía al medio ambiente, pasando por el feminismo (algo totalmente nuevo) y la seguridad.

Con los mercados expectantes, a verlas venir entre un líder de izquierdas y un inmobiliario desconocido, tanto Petro como Hernández coinciden en la importancia de sustituir las importaciones. Para generar más empleos, el candidato independiente apoya el sector privado y apuesta por la competitividad a nivel global. Quiere disminuir las barreras para los nuevos empresarios e impulsar, sobre todo, el mundo digital. Pretende financiar su proyecto gubernamental mediante políticas de austeridad y una lucha anticorrupción que resume en “no robar, no mentir, no traicionar y cero impunidad”, pero que no desarrolla más. Planea bajar el IVA actual del 19 al 10% y transformarlo en un impuesto al consumo.

En cambio Petro, para agrandar el presupuesto del Estado, propone recaudar alrededor del 5% del PIB a través de una reforma tributaria, que no penalice a las clases más desfavorecidas. Pretende además que el Estado juegue un papel clave en la creación de empleo: “El Estado actuará como empleador de última instancia ofreciendo empleo a quienes puedan y quieran trabajar, pero no encuentran empleo en el sector privado”, se lee en el programa de Gobierno.

En materia de igualdad, el empresario ha planteado diez propuestas para mejorar la vida de las mujeres colombianas, un documento que muchos entienden como una salida ante las críticas de machismo. Habla de fin de la brecha salarial e igualdad de acceso laboral, muy genéricamente, y propone créditos para emprendedoras a poco interés y mejoras en formación, además de un “sistema integral de cuidados que reconozca las labores no remuneradas”.

Petro, en cambio, se ha echado las mujeres a la espalda. Aunque su propia hija reconozca que está en “deconstrucción” y que le falta aprender, toma el feminismo como una apuesta. “El cambio es con las mujeres”, reza uno de sus lemas de campaña. Habla constantemente de igualdad y empoderamiento y propone propone la creación de un Ministerio de Igualdad -espejo del español- y de un Sistema Nacional del Cuidado “que reconozca y recompense, reduzca y redistribuya el trabajo de cuidado feminizado”. También defiende derechos de las mujeres como el del aborto.

Sobre seguridad y paz, el izquierdista asegura que cumplirá el Acuerdo de Paz con las FARC. “Pasaremos de la guerra fracasada contra las drogas a un proceso integral de sustitución de economías y tierras, a favor de una economía productiva que dignifique a las poblaciones rurales y proteja la naturaleza”, asegura. Es una deuda pendiente del país, después de que el actual presidente amenazara con romper el pacto; al final, lo ha dejado languidecer por falta de acción, pero no ha roto la baraja. Hernández directamente votó no en el refrendo popular al acuerdo de paz, pero ahora se templa y dice que lo acatará. Con el ELN, con quien Petro quiere un diálogo “amplio”, Hernández pide uno “exprés”.

En materia de seguridad, el presidenciable izquierdista propone reformar intensamente el Ejército y la Policía y Hernández, por su parte, apuesta por mayor capacitación y formación en derechos humanos.

En medio ambiente, ambos candidatos coinciden en la necesidad de una transición de las energías fósiles a las limpias, así como de una independencia gradual del petróleo y el carbón. El programa verde de Hernández es muy difuso y poco concreto, pero se sabe que apuesta por el frackingo fracturación hidraúlica, que usa grandes cantidades de agua y químicos para extraer petróleo.

Petro no, descarta por completo esta técnica y subraya que, además, no se “otorgarán nuevas licencias para la exploración de hidrocarburos, ni se permitirá la gran minería a cielo abierto”. De hecho, avanza que el veto a esta práctica será una de sus tres primeras medidas de Gobierno, junto a un plan de lucha contra el hambre y una petición a Naciones Unidas para que investigue de forma independiente la corrupción del país. Pretende hacer de Colombia una potencia mundial en la lucha contra el cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Asimismo, destaca la importancia de transitar hacia una economía productiva en armonía con la naturaleza, para lo cual impulsará la agroecología. El agua, promete, será un derecho fundamental y un bien común de acceso universal. Por eso, planea ordenar el país en torno al agua.

El juego sucio

La recta final de la campaña ha estado marcada por la polémica. Ha habido un choque importante por los debates televisivos y se ha puesto en marcha el ventilador, de uno y de otro, para dañar al rival.

Sobre el debate, no lo ha habido. Petro se ausentó en varios de los convocados en la primera ronda, Hernández dijo que no iba más por eso y porque no le cuadraban los formatos, que no le dejaban explicarse. Ahora, varias asociaciones han acudido a los jueces para obligar a los candidatos a un cara a cara y así resolvieron los jueces, que había que hacerlo. Mientras los de Petro mandaron una delegación a la televisión para pactar los términos, los de Hernández se negaron. Y eso que la izquierda antes ya había accedido a los bloques y los moderadores que el empresario quería.

Sobre los ataques cruzados: Petro ha sido víctima de la filtración a la prensa de unos vídeos grabados en los últimos 11 meses en los que se ven las reuniones de su equipo de campaña, en las que se habla de estrategia, de cómo mejorar su imagen -es un exmiliciano, lo llaman bolivariano y expropiador desde la derecha- y cómo atacar a sus contrarios, de “enlodarlos”. El candidato se defiende ante los petrovídeos y recuerda que es un delito grabar a otros.

En el caso de Hernández, la polémica es doble. La primera tiene que ver con el supuesto secuestro de su hija Juliana. Inicialmente dijo que se la llevaron las FARC en 2009, pero luego su propio hijo dijo que desapareció en 2004 y que quizá estaba en manos del ELN (lo que los guerrilleros han negado). Hernández, más allá de estas contradicciones, da a su hija por muerta, porque dice que le contaron que recibió un disparo, pero sigue jurídicamente activa y a su nombre sigue habiendo papeles de su empresa de construcción y algunas propiedades, lo que ha levantado suspicacias sobre la limpieza de todo ello. Hernández ha llorado mucho estos días, anuncia que va a tratar de que se reconozca que su hija ya no vive y anulará sus perfiles fiscales.

El segundo escándalo se ha conocido a dos días de las elecciones: se ha filtrado un vídeo suyo divirtiéndose en Miami en un yate, durante su reciente estancia en Miami. A su alrededor había muchas chicas jóvenes, pero también lobbistas de empresas que hacen negocios con el estado colombiano. El portal informativo Cambio, que fue el que lo adelantó, sostiene que los gastos corrieron a cuenta del laboratorio farmacéutico Pfizer, aunque la empresa lo ha negado. Hernández se ha defendido diciendo que estaba de vacaciones.

Los temores

Si el resultado de este domingo es muy apretado, la cercanía de los dos bloques puede hacer que surjan dudas sobre el proceso electoral, por más que es estén extremando los controles en mesa y en los centros de conteo, con presencia de observadores y con 320.000 efectivos desplegados para que todo vaya en orden.

Ya hay grupos que han amenazado con no aceptar una derrota de de los suyos, una queja aún mayor entre los seguidores de la izquierda, que en la primera vuelta lo vieron cerca de coronarse en solitario. De ahí que los expertos citados por EFE destaquen que es importante que el ganador consiga una ventaja cercana al millón de votos, que equivale al 5 % de los sufragios depositados en las urnas, para no dar lugar a dudas. “Un millón de votos es una diferencia respetable y verificable, pero si es de medio millón, en la situación actual la cosa se pone más peluda”, concluye Sánchez.

La policía están lanzando mensajes tranquilizadores ante los que, vía redes, aplicaciones de mensajería, internet profunda y carteles están haciendo llamamientos a “desconocer” los resultados finales. Los dos candidatos están lanzando mensajes en los que llaman a la calma. Reconocen que hay motivos para la preocupación -también sobre la seguridad de los candidatos, que reciben constantes amenazas- pero quieren confiar en el sistema. Petro es claro, no obstante y avisa: “si hay algo raro, tengo que decirlo en público”.

La respuesta, en la noche del domingo.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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