La pesadilla de dormir mal: ¿cómo afecta a nuestra salud?

Cuando dormimos mal una noche, nos sentimos irritables al día siguiente y nos puede costar concentrarnos. Sin embargo, cuando dormir se hace costumbre, otro tipo de problemas aparecen, desde trastornos de salud mental hasta un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.

"El sueño es importante porque es el momento en que el cerebro no solo descansa sino que trabaja más". Paula Cavanzo, neuróloga y neuroinmunóloga colombiana, describe en esas pocas palabras lo que hace nuestro cuerpo al dormir: descansar y trabajar. Sobre todo nuestro cerebro, el director de orquesta de nuestras vidas desde las actividades más básicas como respirar hasta las más complejas, como recordar, sentir o tomar decisiones.

"(Dormir) es el momento en el que se hace un reciclaje de todo lo que pasó durante el día, una depuración (...) El cerebro activa muchas funciones durante el sueño para que podamos funcionar al otro día, levantarnos, tener en términos generales una calidad de vida", agrega la doctora.

Además, las distintas fases del sueño también cumplen distintas tareas que nos ayudan a, precisamente, tener esa calidad de vida. La primera fase de sueño ligero es la transición entre la vigilia y el sueño y a veces dura apenas cinco minutos. En la segunda, el cuerpo llega a un estado de relajación y la actividad cerebral disminuye. La tercera fase ya consiste en un sueño profundo, durante la que se cree que es la etapa más reparadora físicamente, básica para que nuestro sistema inmune funcione correctamente.

Finalmente, entramos en la etapa REM, en la que el cerebro no descansa sino que, al contrario, se activa. Es la fase en la que se sueña y cada vez hay más evidencia de que sirve para procesar todas las emociones vividas a lo largo de la jornada, además de seleccionar qué partes queremos quedarnos y cuáles olvidar. Todo el ciclo, desde la Fase 1 hasta la REM, se repite varias veces a lo largo de la noche con algunas variaciones: poder cumplir con las repeticiones es indispensable.

¿Qué pasa cuando dormimos mal?

En cifras de la OMS, el 40% de las personas reportan dormir mal, es decir, dormir horas insuficientes o tener un sueño poco reparador. Las consecuencias varían y las que más preocupan son sobre todo las consecuencias a largo plazo. Para empezar, hay muchas enfermedades de salud mental relacionadas con la mala higiene de sueño, como la ansiedad y la depresión. Puede llegar a ser un pez que se muerde la cola: estos trastornos provocan dormir peor, de la misma forma que dormir mal puede provocar o agravar estos trastornos.

Pero el vínculo entre el sueño y la salud no termina aquí: "No siempre lo tenemos en cuenta, pero cuando no dormimos bien aumenta el riesgo cardiovascular", asegura Cavanzo. Eso significa un aumento de hipertensión, problemas en los vasos sanguíneos o mayor riesgo de infartos.

El dolor crónico es otra dolencia asociada con dormir mal o dormir poco, además del envejecimiento prematuro. "Hay un link muy grande entre no dormir bien y el envejecimiento (...) Hace que sea más rápido, vemos pacientes muy jóvenes con enfermedades, comorbilidades y problemas de piel", recuerda la doctora.

La neuróloga además explica que "todas estas enfermedades que se correlacionan con no dormir bien" tienen en común las "sustancias inflamatorias" que se generan "dentro del cerebro" cuando el cuerpo no puede descansar y que "alteran todas las funciones del cuerpo". Esta misma inflamación también se puede dar al sentir estrés o ansiedad, algo que "altera los ciclos circadianos" (la regulación del sueño según la luz diurna).

¿Cómo podemos dormir mejor?

Los trastornos de sueño son una verdadera epidemia que se vive en silencio por las noches. Según Cavanzo, "es una tarea de salud pública lograr que tengamos una mejor calidad de sueño", de la misma forma que hay políticas públicas que se enfocan en la nutrición o en el ejercicio.

La pandemia, de hecho, puso en evidencia este problema, especialemente el ritmo de vida, las cantidades abrumadoras de trabajo o teletrabajo y las exigencias económicas que a muchos hacen dormir mal. Es por eso que, en primer lugar, para solucionar esta epidemia insomne hace falta conseguir las condiciones sociales que permitan el buen descanso.

Sin embargo, mientras eso sucede, nos podemos preocupar de tener mejores hábitos: por ejemplo, construir una rutina de sueño que ayude al cuerpo saber cuándo debe descansar y cuándo despertarse. Adecuar el espacio donde descansamos para que sea oscuro, tranquilo y con poco ruido y con un clima templado. Alejarnos de las pantallas y de su luz azul para no interrumpir nuestros ritmos circadianos también puede ayudar.

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