Peruanas desplazadas por violencia armada narran sus historias en arpilleras

Por Roberto CORTIJO
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Mujeres cosen sus historias sobre arpilleras en la Asociación Mama Quilla de la aldea de Huaycán, unos 40 km al este de Lima, el 19 de junio de 2018

Cada día después de preparar el almuerzo, decenas de mujeres andinas se juntan para contar sus historias en toscos trozos de tela, a los que dan vida con coloridos bordados y muñecos.

En silencio o entonando cánticos andinos, estas mujeres desplazadas por el conflicto armado interno que asoló a Perú entre 1980 y 2000 van prestándose las dos únicas tijeras que tienen para recortar las telas, darles forma de árboles, animales, casas, personas o bordar ríos, a fin de transformarlos en recuerdos vivos.

Al final, la burda tela se convierte en un bello manto donde queda "escrita", en un lenguaje de figuras, la historia de los momentos felices en sus pueblos cosechando, sembrando o cantando.

Pero también quedan grabados testimonios de la irrupción del grupo maoísta Sendero Luminoso asesinando personas y destruyendo sus pueblos; o de familias huyendo de la muerte para iniciar la odisea de encontrar un lugar para vivir en Lima.

- De la mano de Violeta Parra -

Las mujeres de la Asociación Mama Quilla de la aldea de Huaycán, unos 40 km al este de Lima, relatan sus experiencias personales en estas arpilleras, un arte popular hecho en una tela gruesa como yute, la misma que se utiliza en la elaboración de sacos y piezas de embalaje.

Sus trabajos fueron exhibidos en el Museo de la Memoria de Lima y antes estuvieron en museos de Brasil, Italia, Francia y Estados Unidos.

Las arpilleras se hacen en varios países latinoamericanos, pero adquirieron fama con la folclorista chilena Violeta Parra (1917-1967), cuyas obras fueron exhibidas en el Museo de Louvre de París en 1964.

Las 60 mujeres de la Asociación Mama Quilla provienen de regiones andinas que fueron convulsionadas por la violencia armada como Ayacucho, Huancavelica, Huancayo, Apurímac y Cusco.

Encontraron refugio en la pobre aldea de Huaycán, en una zona árida entre faldas de cerros que a finales de la década de 1980 se convirtió en uno de los escenarios de la violencia armada de Sendero en su intento de cercar Lima.

- "La luna fue nuestra guía" -

"Mama Quilla es quechua, significa Mamá Luna, y fue la luz en las noches porque en los pueblos altoandinos no hay luz eléctrica, nos guió en la huida del terrorismo y fue nuestro paño de lágrimas en la capital por no encontrar un lugar donde vivir, todo era tierra sin vida", dice a la AFP Isabel Alacote, 42 años, presidenta de la asociación.

"Hace más de 15 años aprendimos la arpillera como un medio de expresarnos, contando en una tela súper rústica", agrega la mujer, que desde 1986 vive en Huaycán.

En un manto hay recortes de telas, muñecos de hombres, mujeres, casas y animales, pero también hay bordados para dar vida a los ríos. "Se van sobreponiendo como un rompecabezas para contar la historia de una familia, de un pueblo o de una parte de nuestra vidas", explica Alacote.

En un comienzo trabajaban con yute de sacos de azúcar, arroz o harina, luego se fueron perfeccionando y aprendieron a crear en otras telas, buscando el contraste de colores.

Algunas mujeres acuden al sector limeño de Gamarra, el mayor emporio textil del país, donde a veces les regalan telas o les venden retazos e hilos para bordar, cuenta Martha Quispe, quien hace más de 20 años llegó a Huaycán desde Huancavelica con su esposo y sus pequeños hijos.

La Asociación Mama Quilla ha sido invitada a la feria "Ruraq Maki, Hecho a Mano", que organiza a mediados de julio el Ministerio de Cultura, que invita a los mejores artesanos del país a exponer y vender sus obras.

La agrupación presentará trabajos grupales e individuales, entre ellos unos de Isabel Alacote, quien ha expuesto también en la Escuela de Bellas Artes y en el Museo de la Memoria de Lima.