Personas que invirtieron bien

Todos nos hemos entregado, con mayor o menor frecuencia, a la agradable ensoñación de que nos toca la lotería, llegando a imaginarnos a qué dedicaríamos ese dinero: tapar agujeros, repartirlo entre familiares, pagar la hipoteca, viajes, coches, casa nueva… Pero, ¿qué ocurre cuando los millones pasan de la imaginación a la cuenta bancaria? ¿Sabemos invertir con sensatez y meditar cómo sacar el máximo partido posible de la cantidad ganada?

En el caso de Teo Adell Royo la respuesta es afirmativa. Resultó agraciado en 1994 con 60 millones de pesetas (360.000 euros) en el sorteo de Navidad gracias al número 49595 del que llevaba dos décimos. Comerciante de profesión, Teo regentaba junto a su esposa Felisa dos droguerías en Barcelona, en las que repartió también el número premiado, la friolera de 10.320 millones de pesetas (algo más de 62 millones de euros) entre sus clientes de la Ciudad Condal y los participantes de la peña de su pueblo Castellote, en Teruel.

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Después de convertirse en millonarios Teo y su mujer continuaron 9 meses más trabajando en su negocio habitual y que traspasaron para montar lo que realmente le apasionaba, el sueño de su vida: una ganadería de reses bravas en su pueblo natal.

Además de ello invirtió en locales y, sobre todo, no sé dejó llevar por las múltiples oportunidades que llamaron a su puerta sin antes analizar muy bien dónde se metía, ya fueran ofertas de bancos, joyas, parcelas, coches o incluso de interesados en blanquear dinero negro.

José Francisco Arias también supo hacer un uso cabal de su nueva fortuna, premiado en la Lotería Primitiva en 1991, 1.007 millones de pesetas (alrededor de 6 millones de euros) a repartir con una compañera de juego, continuando con su vida normalmente en Tapia de Casariego (Asturias).

Aunque con el tiempo se vio obligado a traspasar el bar “El Rincón del Pescador” que regentaba debido a la expectación continua que generó entre sus clientes y sus conciudadanos. Aun y así, José Francisco decidió invertir en su pueblo. 

Compró tres barcos de pesca y montó un almacén, creando dos empresas llamadas Pesqueros de Tapia y Pachilán (el mote con el que era conocido su padre en el pueblo) y creando nuevos puestos de trabajo para 28 personas.

En la localidad barcelonesa de Pallejá, varios ciudadanos consiguieron mejorar su calidad de vida gracias a la lotería navideña de 2010 que dejo en el bar Nuevo Maldonado 180 millones de euros. Es el caso de la familia Isanta, salvados de un desahucio en el último momento gracias al premio, o Antonio Marmol, que a sus 67 años decidió que la mejor inversión era guardar el premio para estar bien cuidado en su vejez.

Traspasando las fronteras españolas encontramos un espejo en el que muchos desearíamos mirarnos: un conductor de camiones de origen francés, ganador de un premio de 10 millones de euros en la lotería francesa, que compró la empresa de transportes en la que trabajaba desde hacía más de 30 años, la cual se encontraba en una precaria situación económica, salvando así el puesto de trabajo de todos sus compañeros y… degradando a su jefe a un cargo inferior. Además, aprovechó para aumentar su patrimonio con dos casas y un todoterreno.

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