Me ha pillado cotilleándole sus redes sociales ¿y ahora qué hago?

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Cotilleo en redes sociales (Photo: DRAFTER123 VIA GETTY IMAGES)
Cotilleo en redes sociales (Photo: DRAFTER123 VIA GETTY IMAGES)

Le pasa hasta a la persona más cauta. Estás cotilleando el perfil de un amigo de un amigo, de un conocido, de un compañero de trabajo, de un excompañero del instituto, de tu expareja o de la persona que te gusta y, sin querer, rozas con el dedo donde no debes y le das a Me gusta.

Ninguna excusa que se te ocurra justifica que estuvieras mirando fotos de septiembre de 2012, pero ha sucedido. Entras en pánico, retiras inmediatamente el Me gusta y rezas para que no se le notifique a la susodicha persona.

La edición estadounidense del HuffPost se ha puesto en contacto con cuatro expertos sobre cómo el cotilleo en las redes sociales afecta a la salud mental y qué hacer si te preocupa que tu desliz no haya pasado desapercibido. Lo primero que debes meterte en la cabeza es que no estás acosando (o stalkeando), en realidad.

Es normal y a TODO EL MUNDO le ha pasado o le pasará

“El cotilleo es muy propio de la naturaleza humana”, afirma Devan Rosen, profesor de Medios Emergentes en el Ithaca College y editor de The Social Media Debate. Los humanos tienen una curiosidad innata por saber qué hacen los demás y “buscamos reducir la incertidumbre”.

En el pasado, las relaciones se cultivaban en persona, por teléfono o por correo. La comunicación se dirigía a una sola persona o a un pequeño grupo. Muchos que eran meros conocidos entraban y salían de tu vida, mientras que una verdadera relación requería trabajo.

Hoy en día, en cambio, las redes sociales nos permiten “acumular ‘amigos’”. Nos comunicamos a través de lo que Rosen denomina “autodivulgación no dirigida”, ya que la gente publica pensamientos e imágenes que no están dirigidos a ninguna persona en concreto. “Es menos contextual”, señala. “Y se queda ahí de forma permanente”.

Esto permite que cualquier persona de tu red pueda consultar tu pasado, explica Rosen, algo muy distinto del acoso, que define como “estudiar los comportamientos o las conversaciones de alguien sin que lo sepa y de forma deshonesta”. El acoso real implica ausencia de permiso, pero con las redes sociales, se pregunta Rosen: ”¿cómo puedes estar violando la privacidad de alguien si estás mirando algo que ha compartido públicamente y estáis conectados como amigos?”.

La gente cotillea en las redes sociales por diversas razones, expone Ebony Butler, psicóloga y creadora de My Therapy Cards. “La gente cotillea para ver cómo están las personas que no suele ver en la vida real”, comenta. Lo hacen por nostalgia o quizás “para comparar su vida con la de otra persona y lo que está haciendo frente a lo que ellos están haciendo”.

Pero si te frustra y molesta estar cotilleando a otras personas, Paula Durlofsky, psicóloga y autora de Logged In and Stressed Out (Conectados y estresados), dice que deberías preguntarte: ”¿Por qué estoy mirando el perfil de alguien que no he visto desde hace tiempo o de una relación que acabó mal? ¿Por qué ahora?”.

Te darás cuenta de que tu comportamiento está orientado a llenar alguna necesidad que no está siendo satisfecha en tu vida real, algún conflicto o emoción no resuelta. El problema que hay que resolver no es con la persona a la que estás cotilleando, sino con uno mismo.

Según Britt Frank, psicoterapeuta y autora de The Science of Stuck, cotillear en las redes sociales también tiene su parte positiva porque te permite explorar los perfiles de la gente y descubrir lo que tenéis en común. Si tienes ansiedad social, esa información puede ayudarte a sentirte más cómodo cuando interactúes con esa persona de forma presencial.

El cotilleo en las redes sociales también puede ayudarte en el ámbito social y profesional gracias a lo que Michael Stefanone, profesor de Comunicación en la Universidad de Buffalo y autor de The Social Media Debate, denomina conocimiento de la red. Cuanto mejor conectado estés con tu entorno, mejor sabrás aprovechar sus recursos.

El cotilleo en las redes sociales se convierte en un problema cuando te encuentras con la “creciente necesidad de más y más a pesar de las consecuencias”. Frank recomienda que hagas un recuento de cuánto tiempo pasas al día haciéndolo y te preguntes: ”¿Las cuatro horas que pasaste cotilleando a la nueva novia de tu ex son horas que podrías haber invertido en cosas más productivas?”.

Toma nota de cómo te sientes después de cotillear, aconseja Butler. ”¿Piensas: ‘Bien, todas mis necesidades informativas han quedado satisfechas y ahora estoy listo para seguir adelante con mi vida’? ¿O estás tan obsesionado con la vida de otra persona que te olvidas de sanar y construir la tuya?”.

Hacer preguntas puede llevarte a descubrir información importante sobre ti mismo, asegura Frank. ”¿En qué personas te fijas? ¿Qué tienen en común?”. La envidia puede mostrarte tus intereses y deseos. “Si te fijas constantemente en excompañeros tuyos que viven en el campo, genial. Reflexiona sobre si hay una parte de ti que quizá quiera mudarse al campo”.

Es importante recordar que probablemente haya una buena razón para que algunas personas que conociste ya no estén en tu vida, recuerda Durlofsky. Si es el caso, debes admitir que anhelas una conexión y “tu trabajo consistirá en mantener el impulso de conectar con una persona más sana” que aquella con la que ya no hablas pero que cotilleas en las redes sociales.

Estás sufriendo una ansiedad que no tienes motivos para sufrir

Si no fuera por el cotilleo en las redes sociales, el tráfico caería en picado, asegura Rosen. “El modelo de negocio de estas enormes compañías se basa en conseguir que compartas todo lo que puedas para saber mejor cómo venderte a los anunciantes”. Controlan a quién y qué miras. “Básicamente somos herramientas”, resume Rosen.

A estas grandes compañías no les importa el daño que están causando a la salud mental de las personas. “Cuando el único motor es el beneficio económico, las consecuencias sociales dejan de importar”, advierte Rosen.

Observar a alguien en la vida real te daría una visión más realista, porque verías a esa persona tropezándose, equivocándose en el trabajo, mordiéndose las uñas...

Uno de los principales problemas del cotilleo en las redes sociales es la vergüenza que conlleva cuando te pillan. “La gente se avergüenza fácilmente”, dice Butler. Piensan que si les pillan, los demás les juzgarán.

Para Butler, dar un Me Gusta a una fotografía no es para tanto. A menudo, un Me gusta solo significa que quieres apoyar a alguien: “Puede que ni siquiera me guste lo que llevas puesto, pero me caes bien”.

La solución para contrarrestar la ansiedad del cotilleo en las redes sociales es “liberarnos de nuestros propios prejuicios sobre lo que creemos que significa dar Me gusta a una publicación”, dice Butler. “En el plano general de tu vida, ¿cuánto importa realmente?”.

Un Me gusta aparece en las notificaciones de la otra persona casi al instante. Tienes la opción de quitarlo rápidamente y desaparecerá con la misma rapidez. La posibilidad de que te pillen es minúscula. La persona a la que estás cotilleando tendría que estar usando las redes sociales en ese mismo momento para ver la notificación. El “problema” es si tiene activadas las notificaciones push, en cuyo caso recibiría un mensaje informándole de tu Me gusta. Pero, en realidad, ¿hoy en día quién tiene activadas las notificaciones push en las redes sociales? Estaría todo el día recibiendo mensajes. Hay formas más extremas de esconderse después de un accidente con un Me gusta, como bloquear a esa persona y desactivar tu cuenta, pero probablemente con quitarle el Me gusta sea más que suficiente.

Si te preocupa que te hayan pillado y no dejas de darle vueltas...

Si le das a Me gusta a una foto sin querer y sientes la necesidad de hablar con la otra persona sobre el accidente, Butler propone tomarse la conversación como una oportunidad para acercarte a esa persona y simplemente admitir que te interesa ver lo que hace y saber más sobre ella. “Esa sinceridad puede suavizar la vergüenza y culpabilidad que conlleva el ser descubierto”, sostiene Butler.

Si crees que las redes sociales te causan estrés, “alejarte de las pantallas es una forma de proteger tu salud mental. Un acto de amor propio”, comenta Durlofsky. Cuando sientas la necesidad de usarlas, propone que “te tomes un momento y escribas por qué, qué sientes y qué podría estar causando esa sensación”.

Haz un inventario de las actividades que te aportan alegría, más allá de las redes sociales, propone Durlofsky. Así tendrás “otro recurso al que acudir que no sean las redes, como leer un libro, hacer ejercicio, escribir, dibujar, jugar con tu hijo o con tu gato, meditar...”.

Butler recomienda recurrir a ejercicios de respiración si tu mente no deja de darle vueltas a algo. “Cuando ralentizas tu respiración, ralentizas tus pensamientos”. También deberías revisar tus pensamientos: pregúntate cuál es la probabilidad de que esa persona haya visto tu Me gusta. ¿De verdad importa que te guste la foto de una persona?

“En el peor de los casos”, dice Frank, “verá que le has prestado algo de atención. Pero ¿sabes qué?, todos lo hemos hecho. Y ellos también lo han hecho”. Además, “si accidentalmente le das a Me gusta a la foto de una persona y esa persona lo ve, si no está en tu vida, ¿qué más da?”.

Si pese a todo no logras superar haberle dado un Me gusta accidental a otra persona, Frank te recomienda que busques un buen psicólogo con quien procesarlo.

Recuerda que llamarlo “acosar” o “stalkear” no tiene sentido

Acosar es una palabra muy negativa. Hay muchas alternativas que se ajustan mejor a lo que realmente nos estamos refiriendo: cotillear, husmear, investigar... Frank, por su parte, prefiere alternativas más neutras como “ver qué se cuece en las redes sociales”.

“Una forma de contrarrestar la vergüenza que puedas sentir cuando te pillen cotilleando en las redes sociales es admitir abiertamente que lo haces”, insiste Butler. Dale sin miedo al botón de Me gusta en las fotos e historias. Difunde ese apoyo a amigos y conocidos. A los miembros de la familia y a los compañeros de trabajo, pasados y actuales.

La última vez que le di accidentalmente a Me gusta, fue en una publicación de mi exnovia. Salimos juntos hace 20 años y a día de hoy seguimos siendo muy amigos. Me asusté fue porque esa amistad significa mucho para mí. Me había olvidado de la fecha de su cumpleaños y sabía que era pronto, así que navegué por su Instagram buscando pistas de la fecha. Se me escapó el dedo y salió un corazón en una foto de hace años. Le quité el Me gusta al instante, sabiendo que las posibilidades de que lo hubiera visto eran escasas, pero sentí cierta vergüenza, así que se lo conté a mi mujer, y luego a mi ex la siguiente vez que la vi en persona.

Ninguna de las dos me juzgó. Ninguna se preocupó. Solo se rieron de mí.

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