"Pequeños activistas" de un pueblo de Madrid toman la palabra en la cumbre

Vista de los jóvenes activistas por el clima antes de asistir a una conferencia del Movimiento Global de Jóvenes Activistas Climáticos durante la tercera jornada de 25 Conferencia de las Partes del Convenio Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP) bajo el lema "Tiempo de actuar" la Cumbre del Clima. EFE/Juan Carlos Hidalgo

Madrid, 4 dic (EFE).- Los proyectos medioambientales de una docena de niños de entre 13 y 15 años del pueblo madrileño de El Boalo, como el cuidado de un rebaño de cabras o la lucha contra el plástico, llegan este miércoles a la cumbre del clima, donde demostrarán la importancia de tener "una conciencia verde" desde pequeños.

Son estudiantes del colegio público San Sebastián, donde el entorno en el que viven y la educación que reciben los convierten en “pequeños activistas desde Infantil”, según cuenta a Efe la profesora de sus proyectos, Jaione Pozuelo.

Tres de los proyectos que ellos mismos han diseñado en contra de los plásticos han sido elegidos, entre cientos de propuestas, para ser expuestos este miércoles en la cumbre internacional del clima.

Pese a lo precipitado de la invitación –los niños han tenido que preparar la exposición con más premura, si cabe, que la propia cumbre-, asumen el reto con emoción y conscientes de que este escenario les brinda una oportunidad para convencer a otros jóvenes.

Aunque lo cierto es que buena parte de su concienciación ecológica la llevan en la sangre, ya que viven en un pueblo del norte de Madrid, El Boalo, con apenas 7.400 habitantes, junto a la Sierra de Guadarrama y con el aire puro que anhela la capital.

Pese a todo, saben que la presencia de los plásticos es un problema y se han propuesto luchar contra ellos.

En la cumbre del clima van a explicar los peligros que acarrean los microplásticos y las posibles formas de reducirlos.

Además, un grupo de alumnos de segundo de Secundaria va a proponer el uso de alternativas a las bolsas de plástico del supermercado, con opciones de tela que ellos mismos están diseñando y cosiendo con retales que les han donado sus vecinos.

En las labores de costura les ayudan las abuelas de El Boalo, con quienes se reúnen una vez a la semana para sacar adelante este plan intergeneracional y poder vender a partir de enero las sacas.

Con el dinero que consigan, explica la profesora, comprarán árboles que plantarán por la localidad, para fortalecer esta “cadena verde”.

La cumbre del clima también va a servir para presentar un proyecto de alumnos de cuarto de Secundaria, que en colaboración con el Ayuntamiento están contactando con comercios de la zona, especialmente bares y restaurantes, para que sean conscientes de los plásticos que utilizan y sus sistemas de recogida y reciclaje.

Tras el estudio, reflejarán la situación de los establecimientos en unos informes y plantearán alternativas al uso del plástico, especialmente a los de un solo uso.

Todos estos menores viven “en un lugar privilegiado” que permite, incluso, que algunas de las clases se den al aire libre, en contacto directo con la naturaleza, sentados en troncos, viviendo “desde dentro” el medio ambiente, explica la profesora.

Ya desde las primeras clases de Infantil los niños tienen contacto con el huerto y el gallinero, encargándose diariamente, entre otras cuestiones, de bajar los restos de la comida a las aves.

“Se van turnando y forma parte de su rutina, de forma que desde los tres años ven como algo normal este ciclo de los residuos”, cuenta la docente.

Además, a partir de Secundaria los alumnos se encargan del rebaño municipal de cabras, un proyecto muy transversal por el que trasladan a los animales todo lo que aprenden en las clases: Desde ciencias y biología, viendo su anatomía; hasta matemáticas, pesando y midiendo su crecimiento, haciendo toda una estadística.

Pero los proyectos no se quedan en el entorno del colegio, sino que toda la comunidad educativa, con los padres incluidos, participa continuamente en los planes medioambientales de la localidad, con aulas al aire libre, un “monte escuela” o su propio huerto.

La profesora asegura que son los propios niños quienes llaman a mantener y renovar cada curso los proyectos de cuidado del entorno, porque “son muy conscientes, y están muy sensibilizados, de los cambios medioambientales”.

Su compromiso es tan firme, advierte Pozuelo, que en la cumbre del clima, o allá donde se les escuche, conseguirán motivar a cualquiera para emprender la batalla contra los plásticos y expandir el aire menos contaminado de El Boalo.

Patricia Cristóbal