La peor sequía del siglo en Brasil amenaza el suministro de agua y electricidad

Brasil enfrenta la peor sequía de los últimos 91 años. La escasez de agua ya afecta a muchos hogares e incluso pone en peligro el suministro eléctrico en el país más grande de América Latina.

El Ayuntamiento de Itu, una ciudad en el interior del Estado de São Paulo, se ha visto obligado a racionar el agua desde el pasado mes de julio. Los 180.000 habitantes de esta localidad disponen de agua corriente un día sí y dos no.

"Es una situación bastante difícil. Perdemos mucho tiempo para almacenar agua y nunca tenemos el 100% de seguridad de que el agua está limpia", cuenta el alfarero Jonas Ribeiro Dias.

Cada dos días, un camión distribuye 20.000 litros de agua en los barrios más afectados por la sequía, donde la presión es menor. En todas las casas de Itu, se repite la misma escena: baldes y cubetas repletos del líquido más preciado.

"No podemos decir que esto pasa solamente en Itu. Es en todo el país. El planeta entero necesita agua y solo una parte pequeña del agua es tratada", afirma Valdenise Correia de Andrade, un ama de casa que ya se ha acostumbrado a esta rutina. Al menos 17 ciudades del Estado de São Paulo han tenido que restringir el agua corriente y la venta de tanques ha crecido un 70%.

La crisis hídrica en Itu es algo crónico y se debe a una mezcla de factores, entre ellos lluvias insuficientes y una gestión fallida de los recursos naturales. En 2014, esta ciudad registró una sequía tan severa, que agotó la paciencia de los vecinos. La rabia culminó en protestas y luego en disturbios. Fue noticia en todo el país. En aquella época, la compañía de aguas había sido privatizada.

En 2017, con un nuevo equipo en la Alcaldía, la gestión de esta compañía fue devuelta al poder público. Para evitar un nuevo colapso hídrico, el Ayuntamiento se ha preparado en los últimos cinco años y ha abierto dos estaciones de captación.

"Si no fuese por ellas, hoy tendríamos una situación mucho peor que en 2014. Los 250 litros de agua por segundo captados en la estación de Mombaça están permitiendo mantener el racionamiento de agua en la ciudad. El agua es transportada hasta la estación de tratamiento de Itu a través de una red de 22 kilómetros y medio de tubos subterráneos", explica Reginaldo Santos, superintendente de la Compañía Ituana de Saneamiento.

La planta consigue potabilizar 600 litros de agua por segundo. El Ayuntamiento está realizando obras para duplicar la cantidad de agua tratada. Además, la administración local realiza campañas de sensibilización entre la población para racionalizar el consumo.

"Esta es la prueba más clara de que no siempre privatizar es el mejor camino y tampoco lo es nacionalizar. El mejor camino es hacer una buena gestión y, en este caso, la buena gestión está siendo la pública. A veces, la ejecución puede incluso ser privada, pero la regulación y el control de un bien único, de un bien natural tiene que estar en las manos del Estado", asegura Guilherme Gazzola, alcalde de Itu.

Un desastre ambiental por la muerte de millones de peces

A 500 quilómetros de Itu, en el Estado de Minas Gerais, la falta de lluvias se arrastra desde hace meses y, como consecuencia, la mayoría de los embalses registran niveles críticos. La represa de Nova Ponte está al 11% de su capacidad, lo que pone en peligro tanto la producción de electricidad como las piscifactorías locales.

Nova Ponte integra un sistema de embalses que alimentan varias centrales hidroeléctricas localizadas entre Minas Gerais y la gigantesca represa de Itaipú, en la frontera con Paraguay. La empresa eléctrica responsable de las represas de Minas Gerais regula el nivel de los pantanos para evitar un posible colapso energético. Nova Ponte fue paulatinamente vaciado para abastecer los embalses vecinos.

Pero este tipo de intervenciones conlleva un coste ambiental. "Si el agua baja más, habrá una mortalidad de 15 millones de tilapias de piscifactoría y más de cinco millones de peces nativos. ¿Dónde vamos a colocar tantos peces muertos? Ya estamos enfrentando una pandemia. ¿Imaginas la cantidad de enfermedades que este fenómeno podría desencadenar?", señala Reginaldo Costa e Silva, ambientalista y coordinador del Movimiento SOS Represa. La piscicultura asegura a Nova Ponte unos ingresos anuales de 27 millones de dólares y muchos productores están preocupados con la emergencia hídrica.

Pero hay otra amenaza que planea sobre esta localidad. Si el nivel de este embalse baja del 10%, las turbinas de la central hidroeléctrica tendrán que parar, lo que hace que Brasil viva al borde de la emergencia energética. Aunque el Gobierno ha negado a lo largo de los últimos meses la posibilidad de apagones, existe una cierta preocupación con esta perspectiva, que sería perjudicial para la ya maltrecha economía brasileña.

"Si puedes apagar una luz en tu casa, apágala. Lo pido por favor. No uses el ascensor. Ducharse es agradable, pero si puedes tomar una ducha fría, es mucho más saludable. Ayuda a Brasil", llegó a afirmar el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, durante una conexión en directo desde sus redes sociales en septiembre.

El caso de Nova Ponte sintetiza la crisis climática que vive Brasil, donde los periodos de sequía son cada vez más largos y la estación de lluvias dura cada vez menos. "La humedad entra en la franja tropical, que está en la Amazonía. Esta humedad es reciclada por los bosques y cuando llega a la altura de la Cordillera de los Andes, sufre un desvío hacia el sur. La deforestación está poco a poco interrumpiendo este ciclo de agua continuo que procede de la Amazonía", explica Antonio Giacomini, presidente del Comité de Cuencas de los Afluentes del Río Paranaíba. Este geógrafo añade que, si no fuese por los bosques tropicales, el centro y el suroeste de Brasil tendrían un clima desértico, ya que están a la misma latitud de los desiertos de África y Australia.

La relación entre deforestación y sequía es un hecho demostrado para el mundo científico. En un reciente informe, las Naciones Unidas alertan que el planeta enfrentará graves daños ambientales y económicos si los países no se adaptan a las nuevas condiciones climáticas. En Brasil, la sequía ya está causando inquietantes fenómenos meteorológicos, como las gigantescas nubes de polvo que en las últimas semanas han asustado a los habitantes de varias ciudades del Estado de São Paulo. Es otra prueba de que el colapso climático está a la vuelta de la esquina.

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