El peligro de las duchas de agua fría para bajar la fiebre

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La fiebre es un síntoma (no una enfermedad) y no hay que estar obsesionado con bajarla de manera radical. Es un respuesta del sistema inmunitario para combatir infecciones, pero hacer mucho ejercicio o permanecer en un ambiente caluroso también puede hacer que nos suba la temperatura. (Foto: Getty)

En plena ola de calor y con la vacunación en marcha, no es raro que se sufran episodios puntuales de fiebre alta por diversas causas que intentamos calmar de forma rápida e inadecuada. Una de las creencias más extendidas es que darse una ducha de fría ayudaría a bajar la fiebre. Pero, cuidado, porque este mito podría ser contraproducente. 

Algunas personas piensan que la fiebre es siempre mala y que puede provocar lesiones importantes. ¡Esto no es verdad! Cuando tenemos una infección, el cuerpo produce más calor (fiebre) para que nuestras defensas luchen contra ella.

Ya sea como consecuencia de un golpe de calor, una infección o por un posible efecto secundario después de vacunarte contra el Covid-19, no hay que obsesionarse con la idea de que hay que bajar la temperatura cuanto antes y de cualquier manera. Primero hay que tener en cuenta cuáles son los posible factores que la han desencadenado y actuar en consecuencia. Por ejemplo, tras recibir la segunda dosis de la vacuna contra el Covid-19, los efectos secundarios pueden ser más intensos que los experimentados después de la primera dosis, y entre ellos destaca la fiebre alta. 

En efecto, en algunos casos puede presentarse fiebre tras una vacunación, pero está totalmente desaconsejado el uso de paracetamol o ibuprofeno como medida preventiva ante una posible reacción febril, tanto por adelantado como inmediatamente después de recibir la vacuna. No hay que alarmarse si sucede porque son signos normales de que tu organismo está generando protección y deberían desaparecer al cabo de unos días. 

La fiebre no es una enfermedad ni es dañina por si misma, si no es ≥ 42ºC, tal y como explican los médicos de familia. Suele ser un síntoma de otro problema, una respuesta natural del organismo a las infecciones. Dado que los virus y bacterias proliferan a temperaturas que oscilan en torno a los 37º C, nuestro 'termostato' incrementa la temperatura corporal para intentar destruirlos, algo que vuelve nuestro sistema inmune más eficaz. Así, al subir la temperatura del cuerpo, los microorganismos se multiplican peor.

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Por eso especialistas como el doctor Francisco Camarelles, médico de familia del centro de salud Infanta Mercedes (Madrid) y miembro de la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (SEMFYC) piden "no ver a la fiebre desde un punto de vista negativo", la conocida y extendida como 'fiebrefobia', ya que es un síntoma de que nuestro cuerpo se está defendiendo. "Es algo bueno, un mecanismo de defensa de nuestro cuerpo. Cuando algún germen o bacteria entra en contacto con nuestro sistema inmune, éste lo identifica y una serie de mecanismos inmunes aumentan la temperatura corporal para combatirlo", explica.

Normalmente antes de que ésta suba se tienen escalofríos, o hay malestar general. Muy poca gente cae en la cuenta de que este es otro mecanismo interno para hacer frente a la infección que se genera a través de las contracturas musculares que aumentan la temperatura. Y desconocen que una de las causas de aumento de temperatura es hacer ejercicio o permanecer en un ambiente caluroso. Por eso muchas personas no identifican los escalofríos que son previos a la fiebre.

También es importante recordar que la temperatura corporal central varía según la persona y a lo largo del día. Suele aumentar de forma natural por la tarde, y por ejemplo en el caso de las mujeres, ésta aumenta durante la menstruación.

En la mayoría de los casos, la molestia a causa del dolor o fiebre es un signo normal de que tu organismo está generando protección. Se trata de un mecanismo de defensa con el que nuestro organismo reacciona y se defiende ante el ataque de los gérmenes. Por eso, la fiebre no se trata, lo que debemos tratar es el malestar que produce. La prioridad, por tanto, si uno tiene fiebre es buscar y tratar el problema que la origina, que, habitualmente, suele ser una infección, ya sea vírica o bacteriana.

"La fiebre es un síntoma de que algo no está bien y no se debe tratar de bajarla como sea, a menos que esté por encima de 39 grados, ya que es un mecanismo de defensa natural del organismo", explican los especialistas del Grupo Pediátrico Madrileño de Formación Continuada (GRUPEMA).

Por eso, como complemento a la toma de temperatura, hay que estar muy alerta a la aparición de otros síntomas como vómitos, dificultad para respirar, respiración rápida, aumento de los latidos del corazón (taquicardia), presencia de manchas en la piel, ojos brillantes, sangrados, debilidad y malestar general. 

Más importante que el grado que marque el termómetro, lo que cuenta es el estado general de la persona; por ejemplo, si estamos activos y con energía, o por el contario, somos incapaces de levantarnos de la cama y cumplir con las tareas cotidianas, o si nos duele la cabeza y hemos perdido el apetito. Estas señales nos ayudarán a saber si estamos ante un proceso normal o hay algo más. Ante estos síntomas, o cuando la fiebre persista por más de 48 horas, es necesario consultar con el médico.

Si no es así, hay que procurar mantener la calma. Seguramente el malestar por la fiebre remitirá en un par de días con el manejo indicado en casa y sin necesidad de suministrar medicamentos. El tratamiento farmacológico solo es para casos en los que hay mucho malestar. Los más usados son el paracetamol y el ibuprofeno. Se suele comenzar por paracetamol, que tiene menos efectos adversos.

Y es que muchos adultos entran en una pelea intensa por bajar la fiebre, lo cual no tiene razón de ser. No es necesario bajar la fiebre en todas las circunstancias, sólo si la persona que la sufre está realmente molesta o con dolor. La fiebre por sí sola no produce daño en las neuronas ni daño de otro tipo. Las complicaciones, cuando las hay, se deben a otras causas, no a la fiebre en sí.

"No hay que tener pavor a la fiebre. No hay que obsesionarse ni precipitarse, Entonces es importante acudir al especialista si se tiene fiebre más de tres o cuatro días seguidos. En cambio, no hay que esperar 72 horas si se tiene malestar general, si han salido manchas, si se respira con dificultad, si se está fatigado, si aparece un problema respiratorio o hay antecedentes de infarto", subraya el Dr. Camarelles.

Lo que sí debes saber es que en ningún caso hay que ducharse o meterse en agua fría, ya que esto genera un choque brusco de la temperatura corporal y el organismo debe luchar, entonces, por recuperar el equilibrio térmico. El cambio térmico entre la temperatura corporal y la temperatura fría del agua puede provocar un shock térmico parecido al del corte de digestión y puede dar lugar a temblores y convulsiones. Es lo que popularmente se conoce como 'tiritona', que puede elevar la temperatura central del cuerpo. 

Además, al recurrir a baños de agua fría para bajar la fiebre, la vasoconstricción que ocasionan impide la pérdida de calor. En todo caso se recomienda ducharse o bañase con agua tibia o templada. Aunque si de verdad tenemos fiebre alta, incluso a una temperatura moderada, sentiremos que, al contacto con la piel caliente, el agua está más fría y el cuerpo reaccionará desencadenando una respuesta masiva al estrés, haciendo que suba el ritmo cardíaco, aumente la circulación sanguínea y se libere adrenalina. Y cuidado porque a edades muy avanzadas o en personas con problemas de corazón, el agua fría podría hacer que te desmayes o sufras un ataque al corazón.

Vamos que ducharnos con agua fría teniendo fiebre alta no va a hacer que nos sintamos mejor. Tras el susto inicial y si aguantamos el contraste, sentiremos una falsa sensación de alivio, pero no va a hacer que desaparezca el malestar general y apenas servirá para bajar la fiebre.

Puede que mucha gente siga pensando que las duchas frías pueden ayudar a bajar la fiebre debido a una confusión, siempre nos han dicho para bajar la fiebre a los niños se recomienda aplicar compresas o paños húmedos (no fríos ni congelados) en muñecas, frente, axilas y cuello. De hecho, algunos padres dan a sus hijos 'baños de esponja' o friegas con agua tibia para bajarles la fiebre, pero este método solo ayuda de forma temporal, en el caso de que ayude. Su efecto suele ser corto y no siempre mejora el bienestar del paciente. De hecho, estos baños pueden hacer que los niños se sientan incómodos o molestos. Y de ahí, a darse un ducha de agua fría... pues hay una diferencia considerable. 

Tampoco conviene aplicar alcohol etílico en las axilas, la frente o la planta de los pies, entre otras cosas por pueden producir una intoxicación. Ni aplicar bolsas de hielo o agua fría, pueden causar escalofríos, que pueden aumentar la temperatura corporal. 

Cuando hay fiebre, el organismo trata de bajar la temperatura sudando. Lo mejor es ayudarte en este proceso no abrigando a la persona con fiebre, pero, ¡ojo! Tampoco es conveniente desnudarse por completo o exponerse a un ambiente frío. Lo ideal es usar ropa liviana, ventilar la habitación (asegúrate de que la temperatura sea agradable: ni demasiado caliente ni demasiados fría) y aumentar la ingesta de líquidos para evitar una posible deshidratación. 

En este sentido, lo aconsejable es tomar pequeños sorbos de agua a lo largo del día. La sopa, los polos y la gelatina de sabores son buenas opciones. Evita las bebidas con cafeína, como los refrescos de cola y el té, porque pueden empeorar la deshidratación al aumentar la producción de orina.

En cuanto a los antitérmicos, es importante utilizar las dosis recomendadas por el médico, respetando los intervalos entre tomas aunque la fiebre reaparezca antes. Y como norma general, no se debe alternar medicamentos para tratar la fiebre.

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