¿Y si Pedro Sánchez es más gafe que afortunado?

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Imagen del último encuentro mantenido por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el primer ministro de Marruecos, Aziz Akhannouch. (Photo by Jalal Morchidi/Anadolu Agency via Getty Images)
Imagen del último encuentro mantenido por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y el primer ministro de Marruecos, Aziz Akhannouch. (Photo by Jalal Morchidi/Anadolu Agency via Getty Images)

No son pocos los analistas políticos y diputados, algunos incluso del PSOE, que cuando definen a Pedro Sánchez hablan de un presidente del Gobierno con "una flor en el culo". Lo dicen por su demostrada capacidad para encontrar la salida en medio del laberinto más enrevesado al punto de parecer tener más vidas que un gato. Una definición cuyo culmen tuvo lugar el pasado jueves 3 de febrero logrando aprobar la reforma laboral cuando tenía todo en contra. Una suerte de milagro que se obró gracias al error del diputado Alberto Casero. Y que, de no haberse producido, hubiera acabado muy posiblemente con la carrera política de la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, al tiempo que hubiera puesto contra las cuerdas la continuidad del Ejecutivo de coalición PSOE-Unidas Podemos.

Pero ¿y si la definición como tal está mal planteada? Es decir, ¿y si realmente Pedro Sánchez es gafe? Generalmente son las hemerotecas las que, pasado cierto tiempo, permiten hacer un balance de las trayectorias de las grandes personalidades. Recordando las vicisitudes, logros y desaciertos. Sin embargo, en el caso de Pedro Sánchez los historiadores podrían ponerse ya manos a la obra. Porque es difícil encontrar más contratiempos relevantes en menos tiempo sin que siquiera haya agotado los tres primeros años de legislatura.

  • Recién investido presidente del Gobierno, y sin tiempo material para aprenderse siquiera dónde están las cosas en Moncloa, desembarcó en España la pandemia. Fue en marzo, semanas después de que Italia decretara un estado de alarma impensable hasta entonces.

  • Tras un año largo de parón e incertidumbre económica. Con el país aún a medio gas, con cierres perimetrales puntuales y restricciones aún vigentes, la frontera de Ceuta fue el escenario de la mayor crisis migratoria española de las últimas décadas. Con una invasión de una decena de marroquíes que, ante la pasividad de las fuerzas de seguridad del país vecino, entraban en Europa sin apenas dificultad. Una jugarreta de Marruecos para vengarse de la ayuda médica ofrecida por España al líder del Frente Polisario, Brahim Gali.

  • Entre medias, no olvidemos, Filomena. Una borrasca que congeló medio país con la nevada más copiosa registrada en el centro del país en más de medio siglo.

  • Tras aceptar destituir a la ministra de Exteriores y aun intentando recomponer los puentes con Rabat, Afganistán se convirtió en una pesadilla para cientos de miles de personas por el avance de los talibanes una vez Estados Unidos decidió dar por finalizada su operación militar. Cuerpo diplomático, personal civil y Fuerzas de Seguridad se vieron obligadas a evacuar el país en tiempo récord con un aeropuerto tomado ya por los talibanes. Y la UE decidió que España fuera la primera toma de contacto en suelo europeo para miles de esos refugiados.

  • Mientras el proceso anterior cogía forma en la base de Cuatro Vientos, el precio de la luz empezaba su particular peregrinar hacia unas cotas que, de aquella, parecían insostenibles. Y todo mientras las eléctricas vaciaban embalses para aumentar sus reservas eléctricas a coste bajo para cuadriplicar su precio y hacer el agosto.

  • Dentro de la carpeta de catástrofes naturales, resulta que un volcán entra en erupción en La Palma sepultando con ceniza las vidas de miles de canarios.

  • Meses después varias maniobras militares al este de Europa dejaron de ser una amenaza para convertirse en un inicio de las hostilidades por parte de Rusia en suelo ucraniano. Moscú decidió contestar al apoyo cerrado de la UE Ucrania motivando, esta vez sí, un alza nunca antes vista del precio del gas y la electricidad. Sin olvidar que los servicios de seguridad comenzaron a meter horas extra para neutralizar todos los ataques hackers con el sello del Kremlin.

  • Acto seguido, aún sin explicarse muy bien el porqué, España da un volantazo a su política internacional, se alinea con Marruecos y da la espalda al Sáhara. Un gesto tan abrupto que muchos explican por unas hipotéticas presiones europeas de cara al futuro suministro de gas una vez se corten las relaciones con Rusia.

  • Y justo cuando se arranca de Bruselas una excepción ibérica para que España y Portugal puedan intervenir temporalmente el mercado energético con el objetivo de dar un respiro a los ciudadanos, y el plan económico debe votarse en el Congreso, resulta que salta el caso Pegasus. Primero confirmándose el espionaje al independentismo catalán y después al propio presidente del Gobierno. Haciendo tambalear, una vez más, la frágil mayoría de la investidura de Sánchez.

Se puede decir, como muchos hacen, que Sánchez "tiene una flor en el culo" y en cada momento ha encontrado una salida inexplicable al embrollo. Pero, teniendo en cuenta lo rápido que se ha encadenado todo lo arriba expuesto, Sánchez haría bien en hacérselo mirar.

En vídeo | El espionaje al móvil de Sánchez fue el 19 y el 31 de mayo de 2021

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