Pedro Sánchez criminaliza el diésel mientras quema 45.000 litros de gasoil para calentar La Moncloa

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El problema energético que debe afrontar Pedro Sánchez este otoño no se circunscribe únicamente al precio de la luz, sino que también incluye una vertiente ecológica. Mientras el presidente del Gobierno maniobra para que los fondos europeos llegados a España permitan acelerar en la transición ecológica del país, y firma decretos que fijan para dentro de un par de décadas el fin de los coches diésel, resulta que por la puerta de atrás del Palacio de la Moncloa entran toneladas de argumentos contradictorios.

Concretamente 45 toneladas de gasoil de calefacción. Que es el combustible que el complejo presidencial quema para caldear las instalaciones en las que se incluye la residencia personal de Sánchez de 200 metros cuadrados -en los que se distribuyen ocho habitaciones y nueve baños-.

Ese gasóleo, que también se utiliza en el Palacio de las Marismillas cada vez que Sánchez se desplaza hasta Doñana, suma cada año una factura cercana a los 40.000 euros. Una cifra que según ha publicado el diario 'ABC' se va a mantener al menos hasta 2023 dado que existe un macrocontrato para lo que queda de legislatura.

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Mientras tanto, el Gobierno decidió ya hace bastantes meses elevar el gravamen soportado por el diésel para que su precio en las gasolineras se equiparara al de la gasolina para, así, desincentivar su utilización.

Es cierto que el actual inquilino de La Moncloa no es quien diseñó el edificio -fue reconstruido por el arquitecto Diego Méndez tras la guerra civil-. Y que éste se erigió en base a planes arquitectónicos que nada tienen que ver con los de hoy en día. Sin embargo, sí sorprende que Presidencia no haya dado ningún paso para dotarlo de un planteamiento verde.

Si 40.000 euros son muchos o pocos para calentar durante todo un año un complejo que incluye, además del Palacio de la Moncloa, otros cinco edificios que son sede de diferentes organismos ligados a la presidencia del Gobierno, es difícil de valorar para quien no goza de semejante Patrimonio inmobiliario. Pero de lo que no hay ninguna duda es que la factura podría ser menor, porque el Palacio no cuenta con el mejor de los aislamientos.

Al contrario, han sido varios los expresidentes españoles que, una vez agotados sus mandatos, han reconocido que las ventanas de La Moncloa son viejas y se cuela el frío por ellas. El problema incluso ha obligado a hacer pequeñas reformas por algunas humedades aparecidas. Ahora bien, nadie -ni siquiera Pedro Sánchez- quiere ser el presidente del Gobierno que destine varios miles de euros, sino millones, a modernizar la residencia presidencial.

Así que el marrón se despeja una y otra vez haciéndose más grande a medida que se suceden los inquilinos. Tan grande como la boca de la manguera que bombea 45.000 litros de diésel para la calefacción de Moncloa.

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