Pederastia: el informe que sacudió los cimientos de la Iglesia católica francesa

El siniestro vínculo entre el clero y los abusos a menores no es nuevo, pero un informe sobre este flagelo en la Iglesia francesa exhibió las dimensiones del problema. Alrededor de 216.000 niños fueron abusados sexualmente por obispos y sacerdotes en el país desde 1950 hasta 2020. Pero el número podría superar los 300.000 si se incluyen las agresiones por parte de miembros laicos de la Iglesia.

Las páginas del informe describen una pesadilla tras otra y un modo de operar marcado por la impunidad. El abuso sexual contra los niños por parte del clero de la Iglesia Católica en Francia fue "sistemático", al igual que el silencio que ha mantenido la institución. Según la investigación, la organización religiosa no solo ocultó los abominables crímenes, sino que permitió que continuaran ocurriendo.

Revelaciones difíciles de asimilar pero que no sorprenden a muchos expertos, que encuentran una de las raíces del conflicto en la estructura de encubrimiento que rodea a la propia formación de los sacerdotes. "En muchas de las agresiones ocurridas dentro de los seminarios, el joven que entraba podía observarlas, algunos se iban y otros las denunciaban ante sus superiores, que les decían 'silencio, no podemos contarlo por la Iglesia'. Bajo este temor, empezaron obviamente a esconderse muchos abusos”, asegura Marcial Sánchez Gaete, doctor en Historia y experto en Historia de la Iglesia Católica.

Pero la Iglesia francesa no es la única. El informe se sumó a investigaciones de otros países que en los últimos años buscaron mostrar la dimensión de esta crisis. Una de abusos que comienza por vulnerar la conciencia de la víctima.

"La confesión es tan importante para el mundo católico porque expías tus pecados, eres tú el que se coloca al alero de un sacerdote para poder comentarle, conversar con él tus pecados y él es un intercesor. El problema es que estos intercesores muchas veces han abusado en la conciencia del que está en el confesionario y usan esa confesión para su propio uso y muchas veces para su propio abuso, hasta llegar al punto sexual", añade Sánchez Gaete.

Un flagelo arraigado y difícil de erradicar

Y aunque la Iglesia católica ha impulsado investigaciones en un intento por resarcir sus incontables agresiones, la tragedia está lejos de terminar, mientras las denuncias se suman a lo largo de todo el mundo.

La Iglesia cree que la pederastia es un problema espiritual que se resuelve confesándose y rezando

En este programa especial también conversamos con Adrián Vitali, exsacerdote y autor del libro ‘El Secreto Pontificio: La ley del Silencio’, en el que expone testimonios de víctimas y sobrevivientes de abuso eclesiástico y analiza la trama de silencio y encubrimiento que rodea a los responsables de estos crímenes.

“Para la Iglesia, abusar de un niño no es grave porque abusar de un niño sucede en el cuerpo, y si ese niño no perdona a su abusador se va a condenar, ¿por qué? porque el cuerpo no es importante, lo importante es el alma. Si fuese grave para la Iglesia el abuso de un niño tendría que aplicarle la máxima pena de su Código de Derecho Canónico que es la expulsión, y la mayoría de los curas abusadores no son expulsados, porque la Iglesia cree que la pederastia es un problema espiritual que se resuelve confesándose y rezando, lo que pone en riesgo a los niños”, afirma Vitali en entrevista con France 24.

El exsacerdote también sostiene que “un pederasta en la Iglesia es algo gravísimo, porque tiene muchos poderes y recursos para abusar. Simbólicamente, en la comunidad, el cura es alguien parecido a Dios, por eso nadie duda del cura, pero sí de las víctimas cuando denuncian al cura. Por eso es necesario tomar medidas inmediatas y urgentes, porque dañar a un niño es para siempre”.

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