Patricia Aguilar siguió a un líder gnóstico y terminó en una red de trata de personas y pornografía infantil

La española Patricia Aguilar carga a su bebé el 4 de julio en Chanchamayo (Perú) al ser restada por la policía el 4 de julio año u medio después de su desaparición en su casa en Elche, Comunidad de Valencia, tras ser captada por eFélix Steven Manrique, el presunto líder de una secta gnóstica. (EFE/Milton Cahuana)

Lo que más molestó a Félix Steven Manrique el día de su captura fue que lo encontraran tirado en un catre, sucio y sin afeitar, en una covacha en medio de una finca apartada en la selva peruana.

El hombre barbudo de 35 años, de ojos desorbitados, que salió esposado y a la fuerza de su escondite, distaba mucho de ser el gurú salvador del mundo que captó por internet a la española Patricia Aguilar, de 19 años, quien fue encontrada hambrienta y en harapos año y medio después de su desaparición.

Félix Steven Manrique se negaba a hablar con la policía al momento de su captura y exigía ver una orden de registro de domicilio emitida por la fiscalía. (Captura de pantalla)

La Asociación de Corazón Compasivo (Acoracom) que lideraba Manrique en realidad era una fachada para atraer a mujeres incautas, adoctrinarlas y convertirlas en esclavas.

La abogada Noelia Bru, portavoz de la familia Aguilar, reveló además que Manrique no trabajaba sólo. Al menos otras tres personas estarían implicadas en la red de trata de personas que también se dedicaría a la distribución de pornografía infantil.

Parte de las pruebas de esos delitos estarían en memorias digitales que Manrique intentó tragar al ser detenido en la provincia de Celendin, en el norte de Perú.

Pero los delirios de grandeza de Manrique no desaparecieron con su aprehensión. Pidió a las autoridades que lo llevaran a cortarse el cabello, mientras Patricia y otras dos mujeres peruanas eran tratadas por desnutrición en las dependencias del Ministerio de la Mujer.

El autoproclamado Príncipe Gurdjieff, posiblemente en alusión al polémico místico armenio George Gurdjieff (1866-1949), convenció a Patricia,  a Paola Vega, de 42 años, y Maryori García, de 29 años, a que convivieran con él en poligamia.

Las tres le parieron hijos. Patricia, la más nueva del harem, dio a luz a una niña hace 45 días en un parto de alto riesgo por su cardiopatía congénita y las pésimas condiciones sanitarias que tenía la choza ubicada en la localidad de San Martín de Pangoa.

Paola, la que más tiempo llevaba bajo los influjos del “príncipe”, también tuvo un hijo que ahora tiene 10 años. Y Maryori o Mayita, que es la esposa legal, le ha dado tres hijos y según declaraciones del indiciado está embarazada del cuarto.

Fotografía modificada digitalmente de Patricia Aguilar cargando un bebé acompañada por Paola Vega, Maryori García y cuatro menores que también fueron encontrados por la policía en una secta den la región de Junín, en la selva de Perú. (EFE/Milton Cahuana)

Los videos de Manrique en la sede de la Dirección de Investigación Criminal de la policía peruana en Lima muestran a un sujeto hierático, que desvía con destreza todas las preguntas de sus interrogadores.

Frente a una cámara, un policía le preguntó a Manrique: “¿Qué le podía decir a los padres de Patricia, que han venido desde tan lejos a rescatar a su hija?”.  Y el presunto captor respondió mirando fijamente al lente, con un dejo de arrogancia: “Ella no ha sido rescatada. Ella se estaba comunicando con su familia y estaba conmigo por su libre albedrío”. Luego remata: “Si ella tiene una relación disfuncional con sus padres, es un tema de ellos”.

Manrique, quien tiene un aspecto saludable, desestimó los señalamientos sobre el grado de desnutrición en que fueron encontradas las 3 mujeres y los 5 niños. “No se ha comprobado que estén desnutridos”.

El padre que viajó a la selva

El padre de Patricia, Alberto Aguilar, ha sido el motor de la campaña mediática y policial para ubicar y rescatar a su hija y su nieta del lugar remoto donde Manrique las mantenía escondidas.

El pasado 16 de abril, Aguilar envió por Facebook una carta abierta al captor de su hija desde Elche, una ciudad de la provincia de Alicante, en la Comunidad Valenciana, donde vivió Patricia hasta que escapó hacia Perú al cumplir los 18 años.

“Te voy a dar unos días para que des señales de vida y salgas del agujero donde estás escondido y retienes a Patricia y a los demás, te presentes y pares esto. Si no lo haces, te aviso que voy a poner en marcha una campaña a nivel mundial con búsqueda mediante recompensa para motivar a la gente de a pie y también a los más prestigiosos caza recompensas”, le advirtió el padre de la joven meses antes de tomar el avión a Perú para cumplir con su promesa.

Aguilar reconoció el miércoles 11 de julio, en una entrevista con un noticiero español, que si no hubiera viajado al país sudamericano y “buscar, remover, pelear y patalear” no habría dado con el paradero de su hija.

No se ofusca ni se asombra al escuchar la desparpajo de Manrique en sus declaraciones con la policía. “Es una persona que convence porque cuenta las cosas y él mismo se las cree”, dijo Aguilar.

Reconoció que “no ha estado solo” durante la travesía que comenzó hace un mes al llegar a Lima. Alberto ha contado con el apoyo de los familiares de las otras víctimas para lograr la movilización policial que resultó en la captura de Manrique y ha sido alojado por la madre de Maryori, quien también había intentado recuperar a su hija desde hace meses.

Aguilar aún no ha podido ver ni conversar con su hija, a quien han mantenido en aislamiento mientras los expertos evalúan a profundidad su estado físico y mental. “No me han dado detalles concretos, pero me han dicho que se comporta bien, educada como era antes, y con un poco de sentimiento de culpa”.

Lo que sí reveló el informe médico de las autoridades peruanas es que Aguilar presenta una desnutrición crónica que la ha llevado a pesar 45 kilos en sus 1,64 metros de estatura.

En las entrevistas psicológicas, Patricia nego haber sufrido trauma alguno y aseguró que vivía con Manrique, Paola y Maryori por su voluntad.

La captación de Patricia

Alberto Aguilar y su esposa Rosa María Poveda nunca imaginaron que su hija Patricia huiría de casa a la hora de la siesta con 6.000 euros para perseguir al líder de una secta.

Han asegurado que Patricia era una chica sin problemas aunque reconocieron que usaba el ordenador en su habitación y se comunicaba por redes sociales con sus amigos “como cualquier otra joven de su edad”.

Todo parece indicar que Patricia planificó su partida. Dejó su habitación impecable, tomó el dinero de su padre y se marchó sin dejar una nota y sin decir adios el 7 de enero de 2017, poco después de alcanzar su mayoría de edad.

La huella que no borró fue el historial de sus redes sociales, donde su familia pudo constatar que Patricia conoció y se mantuvo en contacto con Manrique en Facebook desde 2015, cuando tenía 16 años.

La chica también dejó cartas y material místico enviado por Manrique para su conversión. Bru explicó que se trató de un “rapto psicológico” en el que Manrique aprovechó un momento de vulnerabilidad de Patricia para convencerla de que juntos tenían una misión que cumplir.

Una de esas misiones era convertirse en una de sus mujeres para cuidarlo y ayudarlo a repoblar el mundo después del apocalipsis.

Patricia grabó dos videos en los que aseguró que era una adulta sana que estaba en pleno ejercicio de sus facultades mentales y pidió a la prensa que se dedicara a mejores cosas como hacer seguimiento a la política española.

Pero su aspecto había cambiado por completo cuando fue encontrada meses después con su bebé en brazos en la choza de madera.  Su poblada cabellera rizada había desaparecido y en su lugar lo que quedaba era un pelo escaso amarrado con moño. Su actitud también era otra. La estampa desafiante de los videos se apagó y quedó euna joven madre abatida con la mirada aferrada al piso.

Asuntos legales

La fiscalía peruana podría acusar a Manrique esta semana del presunto delito de trata de personas contra seis mujeres, informó el diario El Comercio.

La fiscal Berenice Romero dijo que además de Patricia, Paola y Maryori, Manrique sometió a otras tres mujeres en el pasado, de las cuales dos eran familiares de una de las rescatadas en la selva de Junín.

El móvil de Manrique habría sido explotarlas sexual y laboralmente.

Uno de los objetivos de los familiares de las víctimas es que esta semana la fiscalía presente suficientes pruebas para que Manrique permanezca en la cárcel.

La meta de Alberto Aguilar es un poco más complicada. Intenta lograr que Patricia y su nieta regresen con él a Elche para comenzar una nueva vida. Para ello tendría que privar temporalmente a Patricia de la custodia del bebé para evitar que termine en la división de servicios sociales.

Patricia podría ser deportada a España porque aunque es mayor de edad reside en Perú de manera ilegal. Pero la niña nació en Perú y corresponde a las autoridades peruanas decidir si Patricia está capacitada para mantener la custodia de la niña, si pasa a la protección del estado, o si es entregada a su abuelo.