Pasta con sabor a ketchup: así ha hundido la crítica a un exclusivo restaurante de Londres

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Jay Rayner, crítico gastronómico que comenta el resultado de sus incursiones culinarias en The Guardian, publicaba este fin de semana la reseña de un exclusivo y caro restaurante londinense en la que, salvo el postre que tomó, no salva ni uno de los platos que le ofrecieron para conquistar su estómago. El título de su crónica sobre The Polo Lounge en el hotel Dorchester, Comida pésima a precios inexplicables, da una idea de lo que el lector se encontrará al leerla y las pocas ganas que le entrarán de visitar el lugar.

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Para hacerse una idea de la exclusividad de este local y de que no está al alcance del bolsillo de cualquiera basta echar un ojo al desglose orientativo sobre el rango de precios de los entrantes, entre las 16 (18,7 euros) y las 42 libras (49,2 euros), y los postres, entre las 16 (18,7 euros) y las 20 libras (23,4 euros). Rayner pagó una factura de de más de 370 libras (433,8 euros) “por una comida que incluía una ensalada espantosa, pasteles de cangrejo terribles, pasta mediocre y un rosado exageradamente caro”. Ese es su resumen.

Por qué fue todo tan terrible lo explica en su crítica, en la que tiene comentarios negativos no solo para la comida, sino también para la decoración, el DJ de “aspecto lúgubre” y el dueño del Grupo Dorchester (el “homófobo Sultán de Brunei”). Pero, volviendo al menú en el que consistió su cena, de sus comentarios se desprende que no fue una experiencia ni satisfactoria ni recomendable para una cocina que considera un “insulto al buen gusto, los modales y la decencia comercial”.

De su entrante, la ensalada McCarthy (38 libras/44,5 euros), dice que parece emplatada por alguien con cierta organización compulsiva y que, de no ser por los peatones bajo el edificio, el mejor sitio para ese plato habría sido lanzarlo desde la terraza. Después tomó “tres diminutos pasteles de cangrejo” (32 libras) con una “cáscara rígida” y “una salsa que recuerda a la crema de ensalada de la cena escolar alrededor de 1975”. Llama la atención en cuanto a la presentación que la foto publicada por Rayner se parece poco a la que se puede ver de esa misma ensalada en las redes sociales del restaurante. La ‘oficial’ tiene una presentación más fotogénica, como puede comprobarse en los posts de Instagram que acompañan este texto.

Tras este fiasco, llegó otro, el que más indignaría a los italianos y que sería considerado como un insulto a su cocina: unos rigatoni con una salsa boloñesa “terriblemente dulce y empalagosa que sabe principalmente a ketchup”. Según Rayner, es el típico plato que daría un padre a sus hijos, a los que solo ve dos fines de semana al mes. Como colofón, hace notar lo elevado de los precios en la carta de vinos, donde se llega a cobrar hasta siete veces más por lo que se pagaría fuera por una botella.

Pero no todo es negativo, (casi) siempre hay algo positivo que decir. En este caso, los mejores comentarios de este crítico gastronómico se los llevan la ubicación (nueve pisos de altura con vistas a Hyde Park) y el postre. A ese sí que le salva. Tomó un soufflé de fresa frío con un poco de compota en el fondo, que es una verdadera delicia”. El precio, 20 libras (23,4 euros), le parece excesivo, pero aún así estaba bueno. Y para cerrar la experiencia, buenas palabras para los camareros que lo atendieron.

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