En 1897 también hubo debate por un pasaporte pandémico y no funcionó

M. J. Arias
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El debate sobre qué debe ser y qué ventajas ha de tener el llamado pasaporte COVID viene de lejos y tiene tanto defensores como detractores. Por un lado están quienes quieren verlo como un documento que permita, en tiempos de pandemia, agilizar la circulación de personas entre territorios y reactivar así el turismo. Por otro, quienes cuestionan su validez legal y el hecho de que establezca una discriminación hacia quienes no pueden obtenerlo no porque se hayan negado a ponerse la vacunas, sino porque aún no les ha llegado el turno. Hace más de un siglo el mundo se enfrentó a una situación similar a la actual y, como recuerdan en la CNN, no acabó muy bien.

La UE ha llegado a un acuerdo para poner en marcha el llamado pasaporte COVID. (Foto: Getty Images)
La UE ha llegado a un acuerdo para poner en marcha el llamado pasaporte COVID. (Foto: Getty Images)

Para entender lo que sucedió hay que remontarse a la última década del siglo XIX, a la India bajo dominio británico. La peste se propagaba sin control y las autoridades decidieron (o al menos intentaron) imponer medidas restrictivas para frenar los contagios y controlar la plaga. Una de esas nuevas normas fue la de crear un pasaporte o certificado de vacunación en el que se recogía que, efectivamente, se había recibido la dosis correspondiente y se estaba inmunizado.

Sin embargo, la idea no fue muy acogida por la población, que veía en ella una forma más de control del gobierno británico sobre el territorio colonizado. No fue fácil implantarlo en 1890 y parece que tampoco lo será en la actualidad ya que hay zonas, como algunos estados de EEUU, que se resisten, como recoge la CNN. En Israel, sin embargo, donde la vacunación ha sido un éxito, cuentan con un documento similar llamado 'pase verde'. Quien lo tiene (vacunados e inmunizados por haber pasado la enfermedad) gozan de acceso a algunos lugares restringidos a quienes no tienen ese certificado de inmunización. 

Según ha comentado a la mencionada cadena británica el epidemiólogo René Nájera, de The College of Physicians of Philadelphia, el encargo de controlar la tercera pandemia mundial de peste recayó en el doctos Waldemar Haffkine, responsable de la primera vacuna efectiva contra la enfermedad y al que llamó el Gobierno británico de entonces en busca de ayuda. El problema entonces para adoptar el pasaporte tuvo un poco de problemática política y social.

Existía un patente clima de descontento y oposición al Gobierno colonizador que se vio acrecentando con la promulgación en 1897 de la Ley de Enfermedades Epidémicas para facilitar a los funcionarios públicos la adopción de medidas que, según Nájera, una parte de la población consideró "muy intrusivas”. Se forzaba a salir de sus casas a los contagiados, se quemaban edificios y se impuso el certificado de vacunación.

Hubo huelgas y manifestaciones en la calle. Un escenario que se ha visto ya en algunos países durante la pandemia del coronavirus con distintos colectivos protestando contra las restricciones impuestas para controla la pandemia. Aunque la aprobación de un pasaporte COVID no ha tenido nada que ver en esas acciones de protesta. Entonces, sí.

Para evitar esas medidas, lo que hicieron esos ciudadanos descontentos fue migrar. Se fueron de las grandes y abarrotadas ciudades en buscar de zonas menos pobladas. Eso hizo que la peste se moviese con ellos y se extendiese aún más con mortales consecuencias. El movimiento de la población, que era lo que trataba de controlar en parte aquel pasaporte, se debió a estas migraciones, pero también a las peregrinaciones religiosas.

Para Nájera, estas “fueron solo una parte del ímpetu de los certificados de inmunización” al tiempo que ese documento “fue solo una de las muchas cosas que el gobierno intentó hacer para detener el éxodo masivo de las ciudades con peste”. No sirvieron para bloquear la movilidad, como tampoco el resto de medidas. Los certificados existían y se pedían, pero de manera algo relajada y “casi imposible” de llevar a cabo de manera eficaz. Pero había un problema de base en su aplicación. En palabras del epidemiólogo consultado por la CNN, si se hubiera hecho de “una manera que inhibiera el movimiento de personas que ya estaban molestas y escapaban de la epidemia de peste en su propia ciudad, estallaría la violencia”. 

A día de hoy, en Europa los 27 han llegado a un acuerdo preliminar para lanzar el pasaporte COVID que no será una carta blanca para poder viajar ni eximirá de cumplir con las restricciones que cada territorio imponga. Lo que plantea lo ocurrido en 1897 en India es que el debate actual no es nuevo y puede servir como espejo o ejemplo a tener en cuenta. Aunque el clima social, al menos en lo que al pasaporte respecta, es diferente al de entonces.

Un hecho histórico a tener en mente como el rescatado hace solo unos días por Miguel Artime, colaborador de Yahoo que recordaba, en referencia a la llamada fatiga pandémica, que esta ya se produjo en 1918 y tuvo consecuencias fatales por, entre otras cosas, “las prisas de la gente en recuperar su normalidad”. Por eso llamaba al final de su artículo a no bajar la guardia y a “aguantar unos meses más hasta que se cumpla en ansiado objetivo de vacunar al 70% de la población”.

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