El Partido Comunista de China se autofelicita en Tiananmen, entre banderas y patriotismo

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Una bandera surca el cielo de Pekín, ornada con la hoz y el martillo. Al iniciarse un desfile aéreo, el símbolo no puede ser más claro: el Partido Comunista, que conmemora su centenario, quiere seguir guiando los destinos de China.

Bajo aquel cielo, decenas de miles de espectadores cuidadosamente elegidos, congregados en la inmensa plaza de Tiananmen, aclaman al paso de la gigantesca bandera, llevada por un helicóptero.

La ceremonia del aniversario de los 100 años del Partido Comunista de China (PCC), en el poder ininterrumpidamente desde 1949, acaba de empezar.

El acontecimiento es para el régimen chino una ocasión para exhibir sus logros, desde su fundación clandestina en julio de 1921 en Shanghái en la exconcesión francesa.

El presidente Xi Jinping, con un discurso de claros tintes patrióticos, recalca que China, convertida en una gran potencia, no se dejará nunca más "oprimir" por los demás países, como en la época del colonialismo occidental o de la invasión japonesa (1931-1945).

Para este centenario, las autoridades chinas, expertas en el manejo de las muchedumbres, han ideado una puesta en escena a lo grande.

Tras el vuelo de la bandera, la cifra "100" aparece en el cielo, formada por una treintena de helicópteros. Luego surgen los aviones de combate, y después una patrulla acrobática que deja una estela multicolor sobre la capital china.

- Alfombra roja -

La plaza Tiananmen y sus 440.000 m2 está atravesada por una inmensa alfombra roja, sobre la cual avanzan con paso marcial militares de las tres armas, impecablemente alineados.

Cuando suenan 100 cañonazos, los hombres van a izar la bandera sobre un asta plantada frente a la puerta de Tiananmen. Desde esta tribuna, donde el fundador del régimen, Mao Zedong, proclamara la República popular, Xi Jinping va a hablar.

En el poder desde fines de 2012, Xi está ataviado para la ocasión con la indumentaria revolucionaria china, llamada "traje Mao", y se coloca justo al lado de un retrato gigante del exdirigente. Los dos hombres aparecen vestidos con el mismo tejido gris claro.

Situándose como heredero de Mao, el actual líder chino se apoya en esta figura tutelar, aún reverenciada por buena parte de los chinos, para asentar así su autoridad.

Pero hay que callar, al mismo tiempo, las decenas de millones de víctimas de las inciertas políticas del fundador del régimen (Gran Salto Adelante, Revolución cultural) o las víctimas de la represión de las manifestaciones prodemocracia de 1989 en esta misma plaza Tiananmen.

- "Camaradas" -

El secretario general del PCC inicia su discurso con un tono lento y grave.

"Camaradas, queridos amigos...": intercala su discurso con referencias comunistas, y asegura que el marxismo sigue siendo la brújula del país, pese a las radicales reformas llevadas a cabo en los últimos 40 años gracias a la economía de mercado.

El discurso dura más de una hora. La muchedumbre, que se ha levantado en plena noche para asistir a la ceremonia y atravesar innumerables puntos de control, parece adormilarse. El presidente sabe, no obstante, forzar la voz para provocar los aplausos.

Se levanta el viento y llega la lluvia. La gente se pone, como un solo hombre, el impermeable de color rojo que se le ha entregado.

Pero el sol regresa al final del discurso, y estalla entonces la Internacional, antes de que se suelten palomas y globos multicolores.

La muchedumbre agita sus banderines, y se separa entonando en coro la popular canción "Oda a la patria".

Un joven de 25 años, que rehúsa decir su nombre, se declara entusiasmado con la ceremonia, sobre todo al ser miembro del Partido desde hace solamente un año.

"Estoy orgulloso de haber nacido en nuestra época", dice a la AFP.

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