La participación ciudadana para transformar las urbes latinoamericanas

El coloquio 'Habitar las ciudades latinoamericanas', realizado en Paris en 2019, reunió a decenas de expertos. De esa reflexión surge un libro del mismo nombre en la editorial L’Harmattan. Yaneira Wilson, arquitecta y doctora en urbanismo es codirectora de esta publicación que analiza lo que estructura las ciudades de una de las regiones más urbanizadas del mundo.

Poco más del 10% de los 650 millones de latinoamericanos viven en cinco grandes megalópolis y sus zonas conurbadas. Su gestión cotidiana representa uno de los mayores desafíos. La reactividad de sus pobladores, la búsqueda de alternativas explica algunos de los cambios políticos que vive la región.

Estudiar cómo los habitantes ocupan ese hábitat es también notar cómo el espacio representa procesos políticos y sociales "que no sólo tienen que ver con la vivienda, sino también con las relaciones que podemos establecer con otros individuos, y con respecto a las situaciones actuales como el medio ambiente”, dice Yaneira Wilson.

Grandes ciudades hay muchas y ciudades desiguales también, pero ¿qué caracteriza las grandes urbes latinoamericanas? “Las ciudades latinoamericanas tienen una particularidad de reaccionar con bastante fuerza a la cantidad de movimientos sociales que se han generado en distintos procesos políticos”, responde la arquitecta.

El libro 'Habitar las ciudades latinoamericanas' analiza varias experiencias como la "agricultura militante" en Sao Paulo, Brasil. Es decir, la ocupación de espacios para siembra y uso colectivo sin recurrir a la autorización previa de las autoridades.

El interés de este caso “es que plantea las relaciones más en un sistema de horizontalidad con las políticas públicas". Ese tipo de agricultura urbana muestra cómo los espacios pueden ser utilizados por una actividad distinta "y dirigida por los habitantes”.

Yaneira Wilson estudió cómo el Gobierno venezolano, primero bajo la presidencia de Hugo Chávez y después de Nicolás Maduro, promueve una política habitacional productivista con utilización ideológica.

La urbanista recuerda que cuando Chávez llegó al Gobierno promovió las llamadas "misiones". “Unas estructuras paralelas a las estructuras políticas tradicionales, institucionales, que tratan de resolver los problemas de alimentación, sanidad, vivienda”.

Como en el resto de la región, el déficit de vivienda puede ser crónico, y el Gobierno se comprometió a construir cinco millones de alojamientos. Una de las particularidades de esa política cuyos objetivos no fueron cumplidos es que “en esa producción puede haber una serie de símbolos o imágenes como la firma de Chávez en las fachadas de los edificios, o los ojos, y es por eso que Marcel Mons habla de la creación de una deuda, que en el caso de Venezuela es bastante clara. Una nueva deuda que se genera, en este caso entre el Estado y las personas beneficiarias de esas viviendas”.

Yaneira Wilson califica esa política de “marketing político territorial tratando de crear una oportunidad de acceso a ciertos derechos fundamentales, pero con una ideología que abarca un espacio importante”.

El agua, la batalla del siglo

En Mendoza, Argentina, o incluso en la Ciudad de México, existen movimientos, políticos o colectivos, que tratan de poner en valor el uso del agua, y “empiezan a cuestionar ciertas políticas del uso del agua que operan y cómo puede ser distribuida de otra manera”, son citados por la arquitecta como ejemplos de buena gestión del preciado líquido.

¿Supone eso que en el caso de Latinoamérica se tendría que luchar porque el acceso al agua sea reconocido como un derecho social y escapar a los procesos de privatización del líquido que se han visto en varios países de la región?

"Es muy probable cuando se habla de los modelos neoliberales, incluso el de su consumo, donde gestiona el sector privado, o empresas mixtas, y donde está bastante excluido el usuario o los habitantes de ciertas comunidades o de la ciudad. Entonces se trata de dar más valor a quién la gestiona y cómo se usa, y que no sea tan desvinculada del Estado como de los usuarios", responde.

No siempre es fácil diferenciar una verdadera alternativa de un remedio, un parche a la ausencia de políticas estatales. Yaneira Wilson estima que “el parche viene en el momento que los problemas estructurales no son comprendidos por las políticas públicas. Es decir, cuando no hay consulta, cuando no hay inclusión de las personas que requieren los servicios, y cuando el Estado o el (sector) privado tratan de dar una respuesta que no corresponde a esas necesidades".

Muchos son los desafíos que deberán afrontar los habitantes de las megalópolis de América Latina: nuevas pandemias, la gestión del agua, el tratamiento de la basura o el del transporte público.

“Además de todos esos casos está el tema político. Y todos esos cambios que están ocurriendo en América Latina que requieren una participación bastante más importante de la parte de todos los habitantes, estima la invitada de Escala en París.

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