Los riesgos del parto en el agua sin asistencia médica

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Existe una gran diferencia entre el llamado parto
Existe una gran diferencia entre el llamado parto "libre" sin ningún tipo de ayuda ni asistencia médica del parto atendido en el agua en bañera o piscina. En ambos casos pueden surgir complicaciones maternas o neonatales, pero los riesgos son mucho mayores en el primer caso. (Foto: Getty)

Puede parecernos idílico, y como cualquier otro parto, no hay duda de que es toda una proeza. Sin embargo, las imágenes de esta influencer alemana dando a luz en el mar han causado un gran revuelo por los grandes riesgos a los que se expone tanto la madre como el recién nacido.

El caso al que nos referimos es el de Josy Peukert, de 37 años, que decidió tener a su cuarto hijo en el Océano Pacífico. Según cuenta la madre al Daily Mail: “Se me metió esta idea en la cabeza: quería dar a luz en el océano y, como las condiciones eran las adecuadas el día, eso fue lo que hice". Abanderada del llamado 'parto libre', ella y su pareja, Benni Cornelius, de 42 años, compartieron la experiencia con el mundo entero con un video publicado en Instagram.

El parto tuvo lugar en las playas de Playa Majagual, Nicaragua, donde el bebé nació sin ningún tipo de asistencia médica. Es más, durante su embarazo, la madre ya rechazó las exploraciones y pruebas habituales.

¿Qué motivos la llevaron a tomar esta decisión? Ella misma explica que manejaba la posibilidad de tener a su bebé en el mar desde hace tiempo, y las condiciones del agua ese día eran las adecuadas. “Las olas tenían el mismo ritmo que las contracciones, ese flujo suave me hizo sentir muy bien”, cuenta en declaraciones al New York Post.

Josy añadió que quería tener a su bebé sin ayuda porque “los médicos y las parteras le quitan lo que el cuerpo femenino puede hacer por sí solo”. Unas declaraciones que han provocado indignación y rechazo por menospreciar la labor de los profesionales sanitarios, y por ignorar, además, los numerosos riesgos que conlleva.

En el parto en agua no es posible mantener unas condiciones óptimas de asepsia. El parto siempre implica la liberación de fluidos corporales, y durante el parto, la madre perderá líquido de la bolsa de aguas, orinará, soltará sangre y, a veces, heces. El líquido de la bolsa de aguas y orina suele ser estéril (no suele haber gérmenes en esos fluidos corporales), pero la sangre sí puede transportar bacterias y virus.

De modo que la propia contaminación del agua por la piel materna o la presencia de materia fecal, pueden contaminar el agua de la piscina, la bañera o el mar. De hecho, durante el parto casero en el agua algunos recién nacidos han tenido la mala suerte de contagiarse de la 'enfermedad del legionario' como consecuencia del parto en el agua.

Según la literatura médica, y tal y como recoge este documento de consenso de la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), los trabajos que evalúan la seguridad del parto atendido en el agua tienen muchas limitaciones. Algunos no especifican si el parto en el agua hace referencia a la primera o a la segunda etapa del parto, otros son retrospectivos y se limitan a un centro, hay estudios observacionales que comparan la población de estudio con controles históricos, opiniones de expertos y falta de experimentación básica en animales o humanos que permitan conocer los mecanismos fisiológicos que producen los beneficios publicados.

Por eso, es difícil establecer la incidencia de complicaciones maternas o neonatales en el parto asistido en el agua. En el recién nacido, se han publicado algunas series o casos clínicos aislados recogidos por la Asociación Española de Pediatría (AEP), como sepsis (también materna), dificultades de la termorregulación o shock hipovolémico por desgarro o rotura del cordón umbilical, que ocurre cuando la pérdida grave de sangre o de otro líquido hace que el corazón sea incapaz de bombear suficiente sangre al cuerpo. Este tipo de shock puede hacer que muchos órganos dejen de funcionar.

También existe riesgo de intoxicación por agua (hiponatremia), dificultad respiratoria del recién nacido por aspiración de agua (ahogamiento o casi ahogamiento) y lesión de nacimiento causada por privación de oxígeno y un limitado fluido de sangre al cerebro del bebé durante el nacimiento (encefalopatía hipóxico isquémica). Es cierto que se trata de casos muy graves y poco frecuentes, pero existe ese riesgo.

Estos contratiempos pueden ocurrir durante 'la atención del trabajo de parto en el agua', una alternativa al parto tradicional que se ha incrementado en muchos países. Pero si bien la Academia Estadounidense de Pediatría (AAP) y el Colegio Americano de Obstetras y Ginecólogos de Estados Unidos (ACOG), tras una revisión de las directrices publicadas en el año 2014 sobre el parto en el agua, reconoce algunos potenciales beneficios maternos durante la primera parte del parto (disminuir el dolor y acortar el tiempo de dilatación), ponen en entredicho la realización de esta técnica durante el expulsivo y el nacimiento del recién nacido.

Es decir, que una cosa es recurrir al 'trabajo en el agua controlado' como método de relajación previo al parto propiamente dicho, y otra que todo el proceso se lleve a cabo de manera íntegra bajo el agua y sin ayuda médica.

Siendo supervisado por profesionales médicos, pueden surgir complicaciones; llevar a cabo un parto en el agua de manera individual, es como jugar a la lotería ya que requiere una serie de conocimientos como saber controlar el pujo y elegir el momento adecuado para sumergirse.

Y es que los riesgos del parto en el agua pueden aumentar conforme avanzan las etapas del parto. En este sentido, por ejemplo, no es recomendable la inmersión en agua de forma temprana, sino cuando el proceso del parto está en fase activa.

De lo contrario esto podría aumentar el riesgo de inhalación de agua por parte del feto y provocar un tipo de neumonía (la enfermedad del legionario) que se transmite al inhalar gotas de agua con la bacteria. Los bebés recién nacidos son especialmente vulnerables porque tienen un sistema inmunitario que apenas se está desarrollado.

Y ojo porque la madre, al estar expuesta al agua de mar, también puede sufrir cualquier tipo de infección, y acabar teniendo una endometritis, una infección uterina provocada por "bacterias ascendentes desde el aparato genital inferior o el tracto urogenital”, según detalla el manual médico MSD.

Por otro lado, aunque los principales riesgos están asociados con el ingreso de microorganismos y las posteriores infecciones, conviene recordar que durante el parto en el agua no se puede llevar un control general del bienestar del bebé, y no se sabe si hay sufrimiento fetal, tampoco la posición en la que viene el bebé ni en qué condiciones. Si algo se complica y la madre o el bebé necesitan ayuda o asistencia médica, la cosa puede ir a peor al no haber tiempo para reaccionar.

Como hemos señalado, la temperatura del agua, que el bebé trague agua o que no respire son otras preocupaciones a la hora de dar a luz bajo el agua. Los bebés pueden perder calor muy rápidamente si el agua está demasiado fría (un bebé con frío usa más oxígeno y puede tardar en respirar y mamar).

En condiciones normales, los recién nacidos inmersos en agua al nacer no la aspiran debido al 'reflejo de inmersión o de buceo' que les protege. Sin embargo, existe suficiente evidencia experimental y clínica de la pérdida de este reflejo en condiciones de compromiso fetal que puede inducir a iniciar la respiración y realizar reflejos de "gasping" pudiendo aspirar agua al estar sumergidos.

Por lo tanto, al dar a luz en el agua, es importante tener las nalgas y las caderas completamente bajo el agua para evitar que el bebé tome aire. Si la pelvis está parcialmente dentro y parcialmente fuera del agua durante el parto, el aire podría tocar la boca del bebé y podría inhalar antes de que se complete todo el parto.

Todo esto se puede evitar en los partos acuáticos controlados, en hospitales, donde un equipo especializado está atento a todo el proceso y donde sí disponen de medios para monitorizar al bebé en todo momento; en partos en casa o en el mar, no.

Así que aunque existe la posibilidad de tener un parto en el agua, siempre se recomienda que sea asistido por profesionales y en entornos seguros. Además, requiere, por así decirlo, de cierto entrenamiento, hay que seguir un método de acondicionamiento general y pélvico en el agua que trabaja todos los músculos, ligamentos y tendones que intervienen en los movimientos y posturas que facilitan el parto. Algunos hospitales cuentan con este método denominado 'AIPAP'.

Si estás pensando en un parto en el agua, habla con tu médico al comienzo del embarazo para averiguar si es un servicio que brinda el hospital donde vas a dar a luz. Si es así, ¿quién se encargará de su trabajo de parto? Una matrona puede ayudar, pero necesitarás el respaldo de un obstetra y un ginecólogo. Tenerlo todo bien atado reducirá riesgos y te ayuda a disfrutar de ese momento único y especial.

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