La paradoja de tener que quemar árboles para salvar bosques

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Imagen de un árbol atacado por la infección conocida como muerte súbita del roble
Crédito: Oregon Department of Forestry
Imagen de un árbol atacado por la infección conocida como muerte súbita del roble Crédito: Oregon Department of Forestry

En el estado norteamricano de Oregón han llegado a una conclusión muy clara: si quieren salvar los bosques, tienen que quemar los árboles. Que dicho así, parece un contrasentido, pero en realidad no lo es.

Porque los árboles que se van a quemar son aquellos que están invadidos por un parásito que amenaza con acabar con todos los árboles de esta región. De hecho, esta infección ha llegado hasta Oregón desde el vecino estado de California, y por sí misma.

Los árboles que están sufriendo la infección son conocidos como "Robles morenos" - tanoaks en inglés, Notholithocarpus densiflorus - que son autóctonos de la región. Y quien los invade es un organismo realmente curioso, porque se comporta como un hongo, aunque en realidad se trata de un moho acuático.

La infección por parte de este patógeno, denominado Phytophthora ramorum, llega por las hojas. En los árboles infectados, el patógeno llega hasta las copas y allí produce sus esporas. Estas esporas se transmiten por el aire, o por la lluvia, o lo lleva la fauna, y llega hasta el siguiente árbol.

Y allí comienza a crecer, hasta que llega a la corteza. Cuando esto pasa, el árbol ya está perdido: el patógeno comienza a pudrir el árbol, que no puede producir nuevas hojas y se le marchitan las que tiene, y las ramas empiezan a morirse. No hay cura conocida.

Aquí es donde entra la idea de prenderle fuego a los árboles infectados. Si queremos parar una infección de un organismo capaz de transmitirse por el aire, la solución es que no se transmita. Al quemar los árboles infectados, para los que ya no hay solución se evita que infecten a otros.

Bueno, no del todo. En realidad, se controla la infección y se ralentiza su expansión. Como suele ocurrir en estos casos, terminar del todo con el patógeno no es viable, así que la mejor opción es reducir su capacidad de hacer daño.

Así que, para proteger el bosque, hay que quemar los árboles.

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