La paradoja ‘feminista’ de que la primera mujer en gobernar Italia sea de ultraderecha

Giorgia Meloni, líder de Hermanos de Italia y ganadora de las elecciones, en su mitin de cierre de campaña. (Photo: ANDREAS SOLARO/AFP via Getty Images)
Giorgia Meloni, líder de Hermanos de Italia y ganadora de las elecciones, en su mitin de cierre de campaña. (Photo: ANDREAS SOLARO/AFP via Getty Images)

Giorgia Meloni, líder de Hermanos de Italia y ganadora de las elecciones, en su mitin de cierre de campaña. (Photo: ANDREAS SOLARO/AFP via Getty Images)

La resaca electoral italiana pilla a Silvia Federici en Madrid por motivos de agenda. Desde el Ateneo La Maliciosa, la histórica activista italoestadounidense apenas acierta a contestar con un “¡qué ironía!, ¿no?” cuando El HuffPost le pregunta por sus sensaciones como feminista tras la victoria de Giorgia Meloni, llamada a convertirse en la primera mujer en gobernar Italia. “Qué ironía que sea una mujer y aún proponga lo que propone”, apostilla Federici.

Este lunes, casi todos los titulares que anunciaban el triunfo de Meloni en las elecciones legislativas italianas destacaban que era la primera vez que la ultraderecha ganaba unos comicios en el país –el mismo que venció al fascismo en 1943–, pero pocos señalaban que también será la primera vez que una mujer estará, previsiblemente, al mando del gobierno. ¿Es esta una buena noticia para las mujeres y para el feminismo? A priori no; por eso plantea una trampa que la extrema derecha aprovecha para llevar a su terreno.

‘Cómo voy a ser machista, si soy mujer’

“Soy Giorgia, soy una mujer, soy madre, soy cristiana” son las palabras favoritas de Meloni para darse a conocer –de hecho, dieron lugar a un remix musical que se volvió un éxito–; por delante va su identidad como mujer hecha a sí misma, criada por mujeres, abandonada por su padre, madre soltera, independiente. ¿Cómo pueden decir que sus políticas van en contra de las mujeres? 

Salvando las distancias, se parece a esa idea del ‘¿cómo voy a ser machista, si tengo madre y hermanas?’, o ‘¿cómo voy a ser homófobo, si tengo un amigo gay?’. Meloni, Marine Le Pen, Macarena Olona o incluso Isabel Díaz Ayuso han jugado esa baza. 

La propia Olona publicaba este lunes una columna en El Independiente en forma de carta de admiración a Meloni, en la que insistía una y otra vez en ese orgullo de ser “mujer” y en cómo la italiana ha logrado un “hito histórico en la conquista de espacios por las mujeres”. Son palabras difíciles de digerir cuando vienen de alguien que niega la existencia de la violencia de género y se opone al derecho al aborto, por ejemplo. 

Han aprovechado los avances del feminismo para situarse contra el feminismo y contra las mujeres

Para la periodista y escritora Cristina Fallarás, la contradicción no está tanto en el hecho de que estas líderes de extrema derecha se reivindiquen como mujeres todo el tiempo –como retando a las feministas–, sino en la constatación de que estas políticas y sus partidos “han aprovechado los avances del feminismo para situarse contra el feminismo y contra las mujeres”. “Que una mujer presida un gobierno es un logro del movimiento feminista. Si no, estaría cocinando en su casa”, lanza Fallarás.

Recordemos que en Italia fue gracias a feministas como Anna Maria Mozzoni y a la Unione Femminile Nazionale que se logró el sufragio femenino y la participación de las mujeres en política. Como en el resto del mundo, prácticamente.

Fallarás considera “como un caballo de Troya” los liderazgos de mujeres de derecha y extrema derecha como Margaret Thatcher, Giorgia Meloni o Díaz Ayuso. “Son fruto del patriarcado que aprovecha los avances conseguidos por el movimiento feminista para intentar dinamitarlo”, reitera la periodista, recordando que “el patriarcado no son los hombres, es la sociedad”. 

¿Deben las feministas celebrar la victoria de Meloni?

Hay quien piensa que el movimiento feminista debe alegrarse siempre de que cualquier mujer acceda a un puesto de poder. Las expertas consultadas no están de acuerdo. “El feminismo no es defensor de las mujeres, así en abstracto. El feminismo es defensor de que las mujeres tengan los mismos derechos que las mujeres”, matiza Cristina Fallarás. 

El feminismo liberal sólo se preocupa de que determinadas mujeres lleguen a posiciones de poder

Nuria Alabao, investigadora en extremas derechas y género, señala que esa idea de celebrar el ascenso de una mujer, defienda lo que defienda, se inscribe más dentro de un “feminismo liberal”, con el que ella no se identifica. Este feminismo, sostiene Alabao, “sólo se preocupa de que determinadas mujeres lleguen a posiciones de poder, muchas veces privilegiando ciertas políticas de techo de cristal que a veces sólo benefician a un pequeño tanto por ciento de las mujeres”.

Una mujer con un cartel contra Meloni partecipa en un evento de campaña de la Izquierda Verde en Roma. Dice:
Una mujer con un cartel contra Meloni partecipa en un evento de campaña de la Izquierda Verde en Roma. Dice:

Una mujer con un cartel contra Meloni partecipa en un evento de campaña de la Izquierda Verde en Roma. Dice: "Meloni tiene un problema con las mujeres. No es la voz de ellas".  (Photo: Simona Granati - Corbis via Corbis via Getty Images)

Alabao observa un conflicto evidente entre esa corriente capitalista y el “feminismo de base anticapitalista” que propone una “transformación social de mayor calado”, preocupándose no sólo de “mejorar la vida de las mujeres que están más abajo”, sino introduciendo elementos más ambiciosos sobre “redistribución de recursos, de poder, etcétera”.

Es imposible que sea feminista quien es de extrema derecha, porque el feminismo lucha por la igualdad y por la justicia social

Fallarás coincide con ella. “Es imposible que sea feminista quien es de extrema derecha, porque el feminismo lucha por la igualdad, por la justicia social, porque está en contra del capitalismo”, afirma la periodista. “El feminismo debe ser anticapitalista, porque es el capitalismo quien ha situado a la mujer en inferioridad de condiciones para que produzca sin cobrar”, señala Fallarás; de esta manera, las mujeres pueden trabajar fuera de casa desde hace tiempo –aunque habitualmente cobrando menos que los hombres–, pero además deben continuar con la doble jornada en casa, con unos cuidados físicos y una carga mental que recaen sobre ellas la inmensa mayoría de las veces.

‘Si la igualdad ya está lograda, para qué seguir defendiéndola’

La ironía de que políticas de extrema derecha se reivindiquen defensoras de la igualdad reside también en que sus partidos y ellas mismas consideran que la igualdad plena ya está conseguida, y que, por tanto, apoyar leyes como la de la violencia de género incurre en un agravio para los hombres. “No conciben que existe una desigualdad estructural”, apunta Nuria Alabao; así que defienden que cualquier norma que trate de compensar esto sirve para “discriminar a los hombres”. Algo así como “si nosotras hemos podido llegar, no hace falta feminismo”, cita la experta.

El argumento tramposo es: si nosotras hemos podido llegar, no hace falta feminismo

Esto también entronca con la idea de que, siendo mujeres independientes, poderosas, hechas a sí mismas, nadie puede dar ‘lecciones’ de igualdad a estas políticas. “¿Quién me va a dar lecciones a mí de cómo ser mujer?”, parafrasea Fallarás. En su opinión, con estos discursos “simplifican” la cuestión feminista y “retuercen el mensaje”. La periodista recuerda, en todo caso, que ser mujer no equivale a ser feminista: “Hay un enorme número de mujeres machistas, y uno de los motivos por los que al feminismo le cuesta avanzar es la oposición desde las mujeres”.

Qué propone Meloni en realidad

Cuando, en una entrevista con la agencia EFE, preguntaron a Giorgia Meloni si se “siente feminista”, ella salió por la tangente. Respondió que “el feminismo italiano se ha situado históricamente en la izquierda”, y que “ahora la izquierda me ataca diciendo que soy mujer pero pienso como hombre”. “En realidad se están volviendo locos porque, tras décadas de proclamas retóricas, las mujeres de izquierda no encuentran espacio, mientras que las de derecha sí”, lanzó Meloni.

Basta con abrir el programa electoral de Hermanos de Italia, el partido que lidera Meloni, para ver que el primer punto es la defensa “de la natalidad y de la familia”, que arranca con una cita del papa Juan Pablo II. En este apartado, Meloni promete, entre otras cosas, la aplicación “plena” de la Ley 194 –que regula el derecho al aborto en Italia–, creando “un fondo para ayudar a las mujeres solas y en dificultad económica a llevar a término el embarazo”. “Esas mujeres tienen que encontrar un Estado amigo a su lado: más oportunidades y no menos derechos”, dijo Meloni a EFE.

Aunque la italiana lo contemple como un extra de “oportunidades”, una buena parte de la sociedad teme que sus políticas sean una forma más o menos velada de dificultar la interrupción voluntaria del embarazo, como ocurre de manera significativa en la región italiana de Las Marcas, donde ya gobiernan los ‘Fratelli’ y donde la gran mayoría de los médicos se niegan a practicar abortos por declararse objetores.

Tanto a Nuria Alabao como a Cristina Fallarás les parece “perverso” mezclar religión con una supuesta defensa de la igualdad. Las extremas derechas, que “apelan constantemente a Dios”, van “en contra de la autonomía de las mujeres sobre su propio cuerpo”, recalca Fallarás. 

‘Defender’ a las mujeres criminalizando la inmigración

Alabao menciona otra característica de las extremas derechas occidentales con la que tratan de retorcer aún más los discursos por la igualdad de género. En un contexto en el que el principal chivo expiatorio de la ultraderecha en Europa son los migrantes, estos partidos señalan a la inmigración –sobre todo de países islámicos– como “la mayor amenaza a los derechos y la integridad física de las mujeres”, como perpetradores de violencia y agresiones sexuales. Al oponerse a la llegada de migrantes y hacer gala de un racismo sin pudor, se presentan como “los únicos que verdaderamente se preocupan por los derechos y la libertad de las mujeres”, señala Alabao.

La investigadora explica que “la islamofobia ha sustituido al antisemitismo como principal eje racista de las políticas posfascistas en Europa”. “Para Vox y para Meloni, el ‘otro’ son los musulmanes, sean migrantes o nacionales”, resume Alabao. No por casualidad Meloni trata en un mismo punto de su programa el fin de la “inmigración ilegal” y la “restitución de la seguridad ciudadana”, haciendo alusión a la lucha contra “la violencia sobre las mujeres y los menores”. Todo en uno, y con el broche de la tolerancia cero ante “cualquier forma de antisemitismo, racismo e integralismo islámico”.

“Nos va a costar los derechos fundamentales”

Al terminar la conversación con El HuffPost, Cristina Fallarás se confiesa “espantada” ante el silencio instalado entre la población frente al triunfo de una opción posfascista en Italia. “Me espanta el silencio que estamos viendo en todos los movimientos, también en el feminismo europeo. Nos va a costar los derechos fundamentales que hemos adquirido con una lucha de décadas”, advierte. 

Me espanta el silencio que estamos viendo en todos los movimientos, también en el feminismo europeo

Silvia Federici lo achaca, en parte, a una “desilusión general” de la sociedad, a una “falta de alternativa” que también se ha reflejado en la baja participación a la hora de ir a votar en Italia. “Es mejor pensar eso que decir: la gente se está volviendo loca”, remacha. 

Por su parte, Fallarás incide de nuevo sobre la paradoja que está en el germen de este artículo: “Sin duda Meloni es una mujer poderosa, pero si ahora puede liderar un gobierno de extrema derecha es gracias a las feministas que han luchado por ello”.

Este artículo apareció originalmente en El HuffPost y ha sido actualizado.

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