Para que las setas "mágicas" se puedan usar como medicamentos, hay que aprender cómo funcionan

© Wiley-VCH
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Las setas del género Psilocybe son bastante famosas. En tiempos eran empleadas por los chamanes de tribus americanas para sus rituales mágicos, y en tiempos más recientes para “alterar la percepción” como droga recreativa – momento en el cual recibieron el nombre de setas mágicas. Claro, que su utilidad no se queda ahí: resultan muy prometedoras en farmacología para tratar varios trastornos psiquiátricos, como la depresión y ansiedad asociadas a los enfermos de cáncer, en ciertos tipos de esquizofrenia o incluso en tratamientos paliativos para la nicotina – es decir, para dejar de fumar.

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Pero claro, no le vas a dar a un enfermo una droga psicotrópica. La idea es encontrar algún método de laboratorio para generar las mismas sustancias, o mejor dicho, relacionadas que cumplan la misma función fisiológica sin los efectos secundarios de alucinaciones.

Decirlo resulta muy sencillo, pero hacerlo no tanto. De hecho, la estructura de la psicobilicina – que es la sustancia psicoactiva de las setas mágicas – se conoce desde hace unos 60 años. Pero hasta ahora no se había conseguido producirla en laboratorio.

Ni siquiera se conocía la ruta metabólica concreta – es decir, qué enzimas realizan el proceso y por lo tanto qué genes están implicados. Saberlo no es simple curiosidad, ya que mediante manipulación genética se podrían transferir dichos genes a otros organismos – bacterias o levaduras – para que produjesen la sustancia.

Bien, pues en un artículo reciente se expone la ruta metabólica. De manera muy concreta – mucho más de lo que cabe explicar en este blog – que se puede consultar en este enlace. El resumen con el que merece la pena quedarse es que no se estaba buscando donde debía, porque sigue una ruta digamos inesperada.

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La cosa no queda ahí. Una vez que se ha conocido cómo los hongos del género Psilocybe fabrican los compuestos necesarios, se ha podido buscar la manera de conseguir la misma sustancia de manera industrial. La ruta, de nuevo, es demasiado compleja para explicarla aquí, pero facilitaría tenerla en suficiente cantidad para poder trabajar sobre ella.

Así que estamos un paso más cerca de tener otra sustancia más que pueda ayudar a personas en situaciones tan difíciles y dolorosas como las explicadas al inicio del post, lo que siempre debería alegrarnos.

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