Para perder peso importa más fijarse en la calidad de los alimentos que en sus calorías

Lo peor de ponerse a dieta es el tener que contar calorías continuamente. Es una sensación que genera angustia, cansa y puede hacer que muchos abandonen su propósito de perder peso. Sin embargo, un nuevo estudio realizado en Stanford ha concluido que lo más importante cuando se quiere adelgazar no es  la cantidad de calorías que contiene el alimento como su calidad. Aunque en algunos casos está relacionado.

Un nuevo estudio asegura que para perder peso es más importante centrarse en la calidad de los alimentos que en sus calorías. (Foto: REUTERS/Marco Bello)

La investigación, dirigida por Christopher D. Gardner, director de estudios nutricionales del Centro de Investigación para la Prevención de Stanford y publicada por la revista JAMA, seleccionó a 600 personas con problemas de sobrepeso y obesidad dentro del área de San Francisco. A los elegidos se les dividió en dos grupos. Por un lado los que se someterían a una dieta baja en grasas y por otro los que seguirían una reducida en carbohidratos.

Guiados en todo momento por nutricionistas y dietistas lo que se hizo fue, básicamente, enseñarles a comer bien. En base a lo que marcase su plan de adelgazamiento se les dieron consejos sobre qué alimentos eran recomendables y cuáles no. Así, se aconsejaban los de alto valor nutricional, los poco procesados y mejor los cocinados en casa. Como no recomendados, los que contienen azúcares añadidos, granos refinados y procesados.

De la misma manera, algunos tuvieron que cambiar sus hábitos de ingesta. Mejor sentado y con calma -ayuda a saciarse antes- que de pie y a la carrera. Lo que no se tuvo en cuenta es el factor de la predisposición genética en cuanto a metabolizar tanto las grasas como los carbohidratos, algo que sí tienen en cuenta otros estudios.

Quienes se sometieron a la investigación no tuvieron que fijarse en las calorías, pero es obvio que acabaron reduciéndolas. Dariush Mozaffarian, cardiólogo y decano de la Facultad Friedman de Ciencias y Políticas de la Nutrición en la Universidad Tufts que no participó en el estudio, declaraba a The New York Times que ya va siendo hora de que “Estados Unidos y sus políticas nacionales dejen de concentrarse en las calorías y su conteo”. En USA, donde el sobrepeso es un problema, existe cierta obsesión en este sentido. En Nueva York, por ejemplo, las cartas de los restaurantes incluyen el valor calóricos de sus platos.

En cuanto a los resultados de la investigación llevada a cabo en Stanford centrándose en la calidad de los alimentos y no en sus calorías, después de un año los dos grupos de participantes redujeron su peso. Los de la dieta reducida en carbohidratos una media de algo más de seis kilos. Los de baja en grasas, unos cinco. Pero también mejoraron en otros aspectos como reducción de volumen o niveles de glucosa y presión arterial, como destacan en The New York Times. En los extremos, quienes engordaron y quienes perdieron 27 kilos.

Gardner explica que “en ambos grupos pusimos énfasis en que queríamos que consumieran alimentos de alta calidad. Les dijimos que queríamos que redujeran su consumo de azúcar añadida y de granos refinados y que comieran más verduras y alimentos no procesados. Les dijimos: ‘No compres un pastelillo reducido en grasa solo porque dice que es reducido en grasa. Y no compres las patatas fritas reducidas en carbohidratos… porque siguen siendo pataas fritas, y eso es engañar al sistema’”. Al final, eso supone reducir calorías, aunque sin fijarse en ello.