Para los ostricultores irlandeses, el Brexit puede ser una oportunidad

Por Douglas DALBY
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El ostricultor irlandés Conall Lynch (dcha) en Lugh Foyle, en la frontera entre Londonderry (Irlanda del Norte) y Donegal, en Irlanda, el 26 de abril de 2017

Mientras muchos temen cuáles pueden ser las consecuencias del Brexit, los ostricultores irlandeses del estuario de Lough Foyle esperan que la salida del Reino Unido de la Unión Europea favorezca sus exportaciones y ponga freno a la producción clandestina.

Esta zona está situada en el litoral de la punta norte del país, una región poco industrializada pegada a Irlanda del Norte.

Pese al atractivo de la región, no ha logrado sacar adelante su encanto para atraer a los turistas, ya que está a más de tres horas de Dublín.

Desde la costa de la península de Inishowen se ven a simple vista los cultivos de ostras, que en su gran mayoría son exportadas a Francia.

En el centro del debate está el tema de la soberanía de las aguas del estuario, cuyo estatuto no quedó zanjado cuando la isla quedó partida en 1921, en la Guerra de Independencia Irlandesa.

Este vacío jurídico permitió el desarrollo de una producción de ostras sin regulación, que los propietarios de granjas autorizadas afirman que pone en peligro su actividad.

- ¿Dónde están las fronteras? -

Estos ostricultores creen que el Brexit podrá solucionar algunos de estos asuntos.

"Desde hace casi un siglo el problema no fue abordado, ahora el Brexit obligará a las dos partes a arreglarlo de una vez por todas", planteó Seamus Bovaird, exdirector de una cooperativa de pescadores del estuario.

¿Un irlandés favorable al Brexit? Este discurso puede sorprender sobre todo ya que a ambos lados de la frontera irlandesa abundan las preocupaciones entre los habitantes y también entre los comerciantes que se preguntan si, tras la salida del Reino Unido del bloque europeo, se crearán controles de aduana.

El Brexit va a permitir aclarar, desde un punto de vista legal, el trazado de las fronteras en el estuario, destacó Enda Craig, que pertenece a la asociación Loughs Agency, una organización transfronteriza sin fines de lucro que se encarga de la supervisión de la zona, pero sin prerrogativas en materia de acuicultura. "Esto va a obligar al Gobierno irlandés, porque cuando el Reino Unido se vaya, la UE va a preguntar dónde están sus fronteras", explicó.

Las cifras ilustran la urgencia del problema: en cuatro años, la cantidad de parques de ostras pasó de 2.000 a 30.000, de los cuales la mayoría opera sin autorización, afirmó Loughs Agency.

- La zona sin ley -

Una situación que podría compararse con la fiebre del oro en Canadá a fines del siglo XIX.

"Es el equivalente irlandés", dijo. "Una fiebre del oro hacia un mar sin regulación, sin garantías sanitarias ni supervisión de la seguridad ni controles ambientales".

La coexistencia de los productores autorizados y los que operan sin licencia supone un riesgo de que una vez que las ostras pasan a manos de los intermediarios, se mezclen bivalvos que no responden a los mismos criterios sanitarios.

En diciembre, la ministra de Pesca de Irlanda del Norte, Michelle McIlveen, había advertido de que la falta de regulación constituía "un riesgo para la seguridad y para la salud pública".

Los propietarios de las granjas sin permiso consideran que están en su derecho, pero se niegan a responder cuando se les interroga sobre sus actividades.

"Así de fácil como que dos y dos son cuatro, alguien en el continente va a terminar siendo hospitalizado por una intoxicación alimentaria y esto va a dañar la reputación de todas las ostras irlandesas", dijo Seamus Bovaird.

"Esto es una zona sin ley susceptible de destruir el sector ostrícola irlandés", indicó.

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