Para el papa, algunos centros de refugiados parecen "campos de concentración"

El papa Francisco oficia una Liturgia de la Palabra junto a la Comunidad de San Egidio en honor a los mártires de los siglos XX y XXI, el 22 de abril de 2017 en la basílica de San Bartolomeo, en Roma

El papa Francisco describió este sábado algunos centros de refugiados de Europa como "campos de concentración", al rendir homenaje a una cristiana desconocida que fue asesinada por su fe ante los ojos de su marido, musulmán.

"Estos campos de refugiados, muchos de ellos son campos de concentración, (...) abandonados a los pueblos generosos que los acogen, que tienen que sacar adelante este peso porque los acuerdos internacionales parecen ser más importantes que los Derechos Humanos", afirmó Francisco este sábado, en una ceremonia en memoria de los mártires modernos del cristianismo.

Saliéndose del guión que llevaba preparado y mostrándose emocionado mientras hablaba, el pontífice argentino afirmó que quería que la mujer fuese recordada junto con otros mártires en la basílica de San Bartolomé, en Roma.

Francisco explicó que había conocido al esposo de la fallecida y a sus tres hijos en una visita a un campamento de refugiados en la isla griega de Lesbos el año pasado.

"No sé si este hombre está todavía en Lesbos o ha logrado ir a otra parte. No sé si ha sido capaz de huir de ese campo de concentración", dijo el papa.

"Me dijo: 'Padre, yo soy musulmán pero mi esposa era cristiana. A nuestro país vinieron los terroristas (...) vieron el crucifijo y nos pidieron que lo tiráramos al suelo'", contó Francisco.

"Mi mujer no lo hizo y la degollaron delante de mí. Nos amábamos mucho", indicó el papa, citando al hombre.

Francisco no reveló su nacionalidad pero la mayoría de los migrantes de Lesbos en la época de su visita habían huido del conflicto sirio. Francisco regresó a Roma junto a tres familias de ese país, que empezaron en la capital italiana una nueva vida.

El sábado, el papa se reunió con otros refugiados llegados a Europa legalmente con la ayuda de la comunidad de San Egidio.

A ellos les dijo que era necesario que la generosidad con los migrantes que había mostrado la gente de Lesbos y de las islas italianas de Sicilia y Lampedusa se propagara por Europa.

"Vivimos en una civilización que no tiene niños pero que también cierra sus puertas a los migrantes: eso se llama suicidio", zanjó.

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