Para 2040 la mayoría de la "carne" que comamos no vendrá de un animal

Para 2040 la mayoría de la "carne" que comamos no vendrá de un animal

¿Cómo vamos a dar de comer a la creciente población del planeta? Un informe reciente publicado por una prestigiosa consultora, pinta un escenario bastante curioso e interesante: para 2040, la mayoría de la “carne” que se consuma no tendrá como origen un matadero.

Lo que, de primeras, suena bastante raro. A lo que se refieren los expertos es que la tendencia es ir hacia dos posibilidades distintas pero complementarias: sustitutos de la carne basados en proteína vegetal, y carne crecida – tal vez cultivada sea un verbo mejor – en laboratorio.

Vamos por partes, empezando por el problema. La población del planeta crece cada día, esto es un hecho que no se puede negar. Y la producción de carne requiere una cantidad de terreno del que cada día carecemos más.

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A lo que hay que sumarle un problema más: el impacto ambiental que tiene la ganadería. La huella hídrica – la cantidad de agua que necesitamos para regar los cultivos que dan de comer a la ganadería, a lo que hay que sumar el agua que consumen los animales y la que se contamina durante la cría y como resultado de la gestión del ganado – es enorme. En un planeta en el que todos los recursos están cada vez más limitados.

Así que, por una cuestión de simple aritmética, cada día resulta menos sostenible el consumo de carne. De hecho, en los países desarrollados se va imponiendo una conciencia sobre el consumo de carne que va desde reducir considerablemente el consumo hasta directamente evitarlo.

Aquí es donde entran las alternativas vegetales a la carne. Ya es frecuente encontrar “hamburguesas” de proteína vegetal – o mezcla de vegetal y proteína animal, con contenidos en carnes alternativas como harinas de insectos – y según el informe, cada día lo será más.

La ventaja de estos alimentos es clara: parecen carne – algunas “dan el pego” bastante bien – y reducen el impacto ambiental. Claro, que no son perfectas y se nota la diferencia. Diferencia que mucha gente no está dispuesta a asumir.

Por eso se han buscado otras opciones. Un ejemplo son las carnes de laboratorio: cultivos celulares y de tejidos animales en placas petri, que al crecer terminan convertidas en salchichas, carnes picadas, hamburguesas…

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Estas carnes de laboratorio tienen dos ventajas claras sobre la carne-carne, la que proviene de un animal. Por una parte, el impacto ambiental es menor; o al menos es menor en el largo plazo. Y por otra, una obviedad: ningún animal sufre para producir dicha carne.

Este escenario parece perfecto: dentro de poco más de veinte años, nuestra “carne” provendrá de laboratorios o de plantas. Pero ¿es realmente una posibilidad a la que deberíamos ir? Se le pueden hacer varias críticas – por ejemplo, temas de seguridad alimenticia: dejar en manos de unas pocas compañías de alta tecnología nuestra alimentación puede acarrear problemas, una contaminación en los cultivos celulares puede generar graves hambrunas – pero ya no se trata de ciencia ficción. Ya es una idea con la que trabajan no sólo los científicos, si no los inversores. A ver qué depara el futuro.

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