El papa Francisco en Canadá: "Nadie puede borrar la dignidad violada"

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El papa volvió de nuevo a pedir disculpas por los abusos cometidos contra los niños indígenas por parte de miembros de la Iglesia Católica en Canadá. Lo hizo durante su visita a la Iglesia del Sagrado Corazón de los Pueblos Originarios del país, la primera parroquia de los pueblos indígenas de Canadá. Es la segunda vez que pide perdón en esta gira de cinco días que está haciendo en Canadá. Durante su discurso también pidió empezar de nuevo.

"Nada puede borrar la violación de la dignidad, los males sufridos y la confianza traicionada. Y tampoco debe borrarse nunca la vergüenza de nosotros , los cristianos. Sin embargo, es necesario volver a empezar", señalóo el Papa.

"No debemos olvidar que también en la Iglesia el trigo se mezcla con la cizaña. Y precisamente a causa de esa cizaña quise realizar esta peregrinación penitencial, y comenzarla esta mañana haciendo memoria del mal que sufrieron los pueblos indígenas por parte de muchos cristianos y con dolor pedir perdón", explicó Francisco en su discurso en español.

Y añadió: "Me duele pensar que algunos católicos hayan contribuido a las políticas de asimilación y desvinculación que transmitían un sentido de inferioridad, sustrayendo a comunidades y personas sus identidades culturales y espirituales, cortando sus raíces y alimentando actitudes prejuiciosas y discriminatorias, y que eso también se haya hecho en nombre de una educación que se suponía cristiana".

La visita forma parte de una "peregrinación de penitencia" que está realizando el Sumo Pontífice. A lo largo de más de un siglo, al menos 150.000 niños indígenas fueron apartados de sus familias y obligados a asistir a 139 escuelas gestionadas por la iglesia católica. Muchos han testificado sobre el abuso físico, así como sobre los castigos por hablar en su lengua materna.

Antes de ir a una de ellas, a la Escuela Residencial Ermineskin, el Papa visitó el cementerio, donde muchos de los que asistieron a ese colegio están ahora enterrados. En total, más de 4.000 niños murieron por maltratos y enfermedades en los internados católicos canadienses.

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