La pandemia socava en Israel las certezas políticas de los ultraortodoxos

Ben Simon
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Foto tomada el 11 de marzo de 2021 en un barrio ultraortodoxo de Jerusalén

Por primera vez en su vida, Aharon no votará a un partido ultraortodoxo en las elecciones legislativas. ¿Por qué? Porque los líderes de su comunidad se han revelado incapaces frente a la pandemia del coronavirus.

Este padre de tres hijos, que prefiere callar su apellido, ya no votará el próximo martes por el Judaísmo Unificado de la Torá (JUT), el partido ultraortodoxo askenazí.

"Pensaba que (ante la pandemia) reaccionarían de inmediato, claramente. En lugar de eso han sido 'grises', lo que en hebreo quiere decir que no hicieron nada", se lamenta Aharon, que votará por un candidato de la derecha radical, Bezalel Smotrich.

- Muchedumbre en pleno confinamiento -

La crisis sanitaria generó tensiones con los ultraortodoxos, acusados por parte de la población de ser en parte responsables de la circulación del virus en el país.

Las imágenes por ejemplo de una muchedumbre de "haredim" ("temerosos de Dios" en hebreo) a fines de enero en un barrio de Jerusalén en los funerales de un rabino, mientras Israel vivía un estricto tercer confinamiento, circularon por todas las redes sociales.

Y la propia comunidad ultraortodoxa acabó estando dividida, según los expertos.

Algunos haredim tuvieron una reacción "clásica" y denunciaron una "caza de brujas" por parte del resto del país y la prensa, explica el rabino Yehoshua Pfeffer, redactor del sitio ultraortodoxo Tzarich Iyun.

Otros lo hicieron de manera más "reflexiva", preguntándose cómo una comunidad que se estima moralmente más elevada al respetar la estricta interpretación del judaísmo, se ha convertido en la más criticada en la crisis sanitaria, según Pfeffer.

"Si fuéramos tan rectos, tan moralmente irreprochables (...) deberíamos haber gestionado todo esto tan bien como los demás, o mejor", dice a la AFP.

En el pasado, Aharon ya pensó en abandonar el mundo ultraortodoxo, que vive encerrado en sí mismo, pero su familia y amigos haredim lo disuadieron.

Cuando empezó la pandemia, Aharon esperaba que su partido --cuyo jefe el rabino Yaakov Litzman era además ministro de Salud-- destacara la importancia del respeto de las normas sanitarias, aún cuando ello afectara a la vida religiosa, como las reuniones en las sinagogas, los funerales o las bodas.

Pero cuando los rabinos influyentes insistieron en que las escuelas permanecieran abiertas y los diputados de JUT no dijeron nada, ello demostró la primacía de las autoridades religiosas sobre la política y el bienestar de la comunidad, según Aharon.

- "Escéptico" -

El electorado ultraortodoxo "es cada vez más escéptico" hacia sus líderes, opina Benjamin Brown, profesor de la Universidad hebraica de Jerusalén, y especialista del tema. La tendencia es aún minoritaria pero "puede ser cada vez más importante".

La propia Pnina Pfeuffer reconoce ser una anomalía en la sociedad ultraortodoxa. Esta mujer de 42 años, divorciada y madre de dos niños, fundó el grupo "Nuevos haredim", que promueve los valores progresistas en su comunidad.

Según ella la pademia reveló los problemas de liderazgo político en el seno de la minoría ultraortodoxa. "Los haredim no consideran a los jefes políticos como jefes (...), el liderazgo sigue siendo el de los rabinos".

Esta comunidad ha pasado en pocos años de ser una "pequeña minoría a una muy grande minoría", pues representa ahora al 12% de la población de Israel, y sobre todo genera el 40% de los nacimientos del país.

Un alto índice de desempleo, el rechazo a introducir las matemáticas en la educación o la intransigencia de sus líderes ante la pandemia son realidades de la vida de los haredim, que además impacta al resto de Israel, según Pfeuffer.

Para ella, la gestión de la pandemia por los rabinos ortodoxos ha permitido una "toma de conciencia" entre los ultraortodoxos, que deben ahora decidir "qué van a hacer en el futuro".

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