La pandemia y las aplicaciones obligan a a los tradicionales repartidores de comida en India a reinventarse

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El cierre de oficinas por la pandemia que dejó sin trabajo a los repartidores de 'lunchbox' (cajas de comida) en India los ha obligado a reinventarse ante la competencia de las aplicaciones.

Ni los atentados ni las lluvias monzónicas lograron que Kailash Shinde dejara de entregar los almuerzos a los oficinistas de Bombay en las últimas dos décadas, hasta que el confinamiento obligó a este padre de dos hijos a hacer un paréntesis durante todo un año.

"Ha sido muy difícil", dice este hombre de 42 años. "Tuve que vender lo que pude y hacer trabajillos para sobrevivir".

Shinde, reconocible por su tradicional gorro Gandhi y su atuendo blanco, es uno de los 5.000 dabbawalas, los llamados "hombres de las cajas de comida" en hindú", que se han convertido en objeto de estudio de la escuela de negocios de la Universidad de Harvard por la precisión con la que ejecutan su cometido.

Un complicado sistema de códigos alfanuméricos ayuda a estos trabajadores prácticamente analfabetos a recoger, seleccionar y distribuir unas 200.000 comidas diariamente en Bombay en bicicletas, carretas y a través de la extensa red de trenes.

Ejecutivos como el millonario británico Richard Branson o de los gigantes Fedex o Amazon se han interesado por este "modelo de servicio de excelencia".

A causa de los prolongados confinamientos que obligaron millones de profesionales de cuello blanco a teletrabajar, muchos dabbawalas han tenido problemas para alimentar a sus familias desde abril del año pasado.

"Nuestros miembros tuvieron que trabajar como guardias de seguridad o jornaleros además de repartidores para restaurantes", dice Ulhas Muke de la empresa Nutan Mumbai Tiffin Box Suppliers Charity Trust, que representa la mayor fuerza de trabajo del sector.

- "Original sistema de reparto de Bombay" -

Los trabajos de repartidor son cada vez más difíciles en un espacio cada vez más dominado por las aplicaciones móviles, especialmente para gente como Pandurang Jadhav, de 39 años, que no sabe ni leer ni escribir.

Jadhav trabaja como dabbawala desde que tenía 17 años pero el año pasado regresó a su pueblo y se puso a cultivar arroz.

Las ganancias eran escasas y echaba mucho de menos Bombay, donde dirigía a un equipo de 30 hombres.

"Me encanta trabajar como dabbawala," el "mejor trabajo", dice a la AFP.

La ayuda llegó en mayo en la forma de un acuerdo con algunos de los restaurantes más populares de Bombay, lo que ha permitido a Jadhav y a otros 30 volver a trabajar.

Pero en vez de entregar comidas caseras en unas fiambreras metálicas, ahora entrega desde nachos hasta espaguetis carbonara a los oficinistas, que siguen haciendo teletrabajo por segundo año.

Este modelo ofrece a los restaurantes una alternativa al duopolio local de Zomato y Swiggy, dos gigantes de la entrega a domicilio, cuyos descuentos y estrechos márgenes han reducido los beneficios de los dabbawala.

"Estamos tratando de encontrar la forma de escapar a la tiranía de los agregadores", dice Riyaaz Amlani, el propietario de Impresario Restaurants, que opera 57 franquicias en más de una docena de ciudades indias.

"Claro que queremos ayudar a los dabbawalas. Son los repartidores originales de Bombay", dice a la AFP.

- Un nuevo comienzo -

Amlani proyecta ampliar su asociación con los dabbawalas, pero los analistas temen que quizá no sea suficiente para ayudar a este ejército de repartidores en dificultades a sobrevivir a la pandemia.

"Es primordial que sean flexibles", dice Sreedevi R, una profesora asistente en el Instituto de Gestión e Investigación de SP Jain.

Los dabbawalas podrían convertirse en repartidores no solo para restaurantes sino también para cualquier negocio en línea, dice a la AFP.

Pero la falta de educación significa que muchos no se atreven a aceptar un trabajo que requieres habilidades con la tecnología.

Ulhas Muke, del grupo representativo de los dabbawala, abrirá en las próximas semanas una cocina para entregar comida barata en Bombay.

Ya ha recibido millones de dólares de donaciones, incluida una contribución de dos millones de dólares del gigante británico de la banca HSBC.

"Mi abuelo fue dabbawala y mi tío y yo lo somos", dice Muke. "Este es el trabajo que me gusta. Quiero seguir entregando comida a la gente".

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