La pandemia acrecienta el aislamiento de los niños huarpe de Argentina

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La pandemia acrecienta el aislamiento de los niños huarpe de Argentina

La cuarentena obligatoria que mantiene Argentina desde el 20 de marzo dejó sin escuela a la comunidad huarpe, un pueblo originario del norte de Mendoza donde los niños recorren kilómetros para asistir a clase y recibir asistencia alimentaria.

Las familias huarpe, poco más de un millar desperdigadas en once comunidades del norte mendocino, habitan precarias viviendas y sobreviven de la cría de chivos en puestos rurales remotos.

Aquí el distanciamiento social, única arma de prevención conocida contra el coronavirus, se practica naturalmente. Para visitar a un vecino es preciso recorrer varios kilómetros entre polvorientos caminos rurales.

Muchas familias envían a sus niños a escuelas albergues adonde pasan varias semanas cada mes. Otros asisten a diario a establecimientos rurales donde también almuerzan.

Pero desde que comenzó la cuarentena las escuelas están cerradas.

El sistema de enseñanza a distancia que se instrumentó a nivel nacional está fuera del alcance en estas comunidades, conocidas como "habitantes del desierto".

Aquí, la señal de internet es casi tan inexistente como la lluvia que apenas humedece unos días al año a este secano de suelo salino y arenoso con temperaturas extremas, ubicado a 200 km de la capital provincial y 1.100 km al oeste de Buenos Aires.

En Argentina, el 35% de sus 44 millones de habitantes es pobre y, según las estadísticas uno de cada tres niños vive en la pobreza, aunque esta regla matemática no se cumple entre los huarpes: aquí todos los menores corren la misma suerte.

- Aislados -

Gonzalo Lencinas se acomoda en la silla con solemnidad para hacer la tarea escolar sobre una mesa desvencijada en el patio de tierra de su casa a medio construir.

En su entorno todo es horizonte y desierto, como en una postal donde la de su familia es la única construcción en kilómetros.

A sus diez años extraña la escuela, a su maestra y los recreos de fútbol.

Las docentes son el único nexo con el sistema de educación. Recorren unos 400 kilómetros para llevarles cuadernillos con tareas que los padres deben recoger una vez a la semana o cada quince días, igual que los bolsones con aceite, fideos, arroz y leche.

El punto de encuentro a veces es la escuela, otras la vera de los caminos.

"Estamos muy lejos de los sistemas de comunicación y eso nos ha imposibilitado a mis hijos y los hijos de otros vecinos también que no tiene posibilidad de tener acceso a internet, esa comunicación que ustedes en la ciudad tienen en la vuelta de la esquina", dice a la AFP Jorge Lencinas, de 40 años.

Raquel Cabrera tiene siete hijos, la menor de 2 años y el mayor, Martín, un adolescente de 16 que pasa horas subido al techo de la vivienda familiar esperanzado en capturar señal en su teléfono móvil.

"Los ayudamos en lo que podemos. Hay tareas que los chicos no entienden y al no tener internet no la pueden hacer, yo tampoco la entiendo", dice preocupada.

- Brecha -

El ministerio de Educación de la Nación dispuso la eliminación de las calificaciones escolares en el marco de la emergencia. Algunos expertos alertan sobre el crecimiento de la brecha educacional debido a la desigualdad de acceso a internet.

Para la maestra Marta Pérez, directora de la escuela más cercana, las carencias de los huarpes van más allá de la conectividad. "Ni siquiera tienen la posibilidad de buscar el significado de algunas palabras porque no tienen diccionarios", ejemplifica.

"Viven con muchas carencias económicas, el recurso del agua es escaso y la que tienen es agua con arsénico", asegura.

En el paraje El Retamo, las restricciones trajeron un inesperado problema a la comunidad.

Una vez a la semana pasa el único servicio de autobús. Pero los mendocinos sólo pueden salir de sus casas algunos días a la semana según el número de documento, algo difícil de compatibilizar con el irregular servicio de transporte zonal.

Mendoza tiene apenas 88 de los más de 6.800 casos de coronavirus que suma Argentina, y 10 de los 329 fallecidos.

"Las comunidades huarpes también han sido atravesadas por esta situación que nos toca vivir a nivel mundial", afirma Darío Jufré, mientras recibe las tareas para sus hijos.

"Ha sido una situación muy difícil porque nos ha hecho ver que estamos lejos de los sistemas de comunicación".

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