La gripe español mutó y se hizo más mortífera en las últimas olas

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Hospital militar para el tratamiento de la gripe española en Kansas, durante el año de 1918 (Imagen Creative Commons vista en Wikipedia).
Hospital militar para el tratamiento de la gripe española en Kansas, durante el año de 1918 (Imagen Creative Commons vista en Wikipedia).

En 1918 la pandemia de la gripe aviar, mal llamada gripe española, afectó a todo el planeta en unas cifras inimaginables. Por aquel entonces la humanidad constaba de aproximadamente 2.000 millones de personas, la mitad de las cuales acabó por contagiarse. Las cifras de muertes sumando las diferentes olas que se dieron entre los años 1918 y 1919 no están del todo claras (los gobiernos de las potencias involucradas en la Primera Guerra Mundial no querían asustar a la población) pero se estima que podría variar entre 50 y 100 millones de personas. Eso es tanto como decir que entre el 2,5% y el 5% de la población por aquel entonces falleció a causa de la pandemia. Si preferís ponerlo en perspectiva, comparando esas cifras con la población mundial actual, eso equivaldría a entre 200 y 400 millones de fallecidos entre nuestros coetáneos.

¿Sabéis que aquel virus del tipo gripe A H1 sigue en circulación? Pues así es, pero dado que somos descendientes de los supervivientes aquella plaga de comienzos del siglo XX, todos estamos equipados con un sistema inmunológico que “recuerda” a aquel antiguo enemigo, y evita que caigamos gravemente enfermos si entramos en contacto con él.

El tipo de virus causante de la gripe de 1918 difiere enormemente del responsable del Covid-19. Eso y el enorme avance de la medicina en un siglo explica que en la actual pandemia llevemos casi 3,7 millones de muertos, en comparación con la enorme mortandad de 1918 y 1919. Así pues no conviene realizar comparaciones entre ambos sucesos, aunque sí que hay algo que los científicos encuentran muy interesante. El virus de 2018 (como el SARS-CoV-2) mutó con el paso del tiempo y atacó a la población en diferentes oleadas.

En la actual pandemia, hemos visto que el coronavirus ha logrado mutar (algo que le resulta más sencillo en aquellos lugares donde la infección se descontrola) creando nuevas cepas más infecciosas. Afortunadamente, no parece que ninguna de estas variantes haya resultado más letal que la original. Por el contrario, la segunda y tercera ola que atacó a la población de comienzos del siglo pasado trajo variantes de la gripe A más letales. Algo que acabamos de conocer gracias a un preprint que un equipo de investigadores alemanes acaba de subir a bioRxiv y que por tanto aún no ha sido revisado por pares.

En el presente, los científicos pueden estudiar casi “en directo” la irrupción de nuevas mutaciones en el SARS-CoV-2, pero analizar qué diferencias se produjeron entre el virus de gripe A “original” de 1918 y los que produjeron las sucesivas oleadas resulta mucho más complicado. Es lógico, dado que apenas existen muestras de tejidos infectados decentemente conservadas. De hecho, costó un triunfo secuenciar el ADN del culpable de la gripe española, lo cual no se logró hasta 2005 una vez se encontraron restos humanos de personas fallecidas por la pandemia, preservados bajo dos metros de nieve en un cementerio esquimal en Alaska.

Ahora sin embargo, en un avance espectacular de la tecnología, este equipo de investigadores alemán ha logrado extraer información genética viral de los pulmones (preservado en formalina durante más de 100 años) de dos soldados fallecidos en Berlín en 1918 durante la primera ola.

Y eso no es todo, los investigadores pudieron además acceder a los restos pulmonares de otros cuatro fallecidos por la pandemia, si bien en este caso correspondientes a personas que fallecieron durante las siguientes olas, que como hemos comentado fueron más mortíferas que la inicial. Las muestras, almacenadas en archivos de patología situados en Alemania y Austria incluían, además de a los dos citados soldados fallecidos el mismo día en Berlín, a una mujer joven que falleció posteriormente en Munich, durante una ola posterior.

Tras lograr reconstruir el 60% y el 90% del ARN de los virus que mataron a los dos soldados, los investigadores descubrieron que apenas había diferencias genéticas entre ambos. Sin embargo, cuando se compararon con el virus encontrado en la mujer de Munich las diferencias aparecieron. Esto mismo se logró al comparar las muestras alemanas con la original de la mujer esquimal de Alaska (que permitió secuenciar el genoma del virus en 2005) y con otra muestra norteamericana conservada en Nueva York.

Muestra pulmonar conservada en formalina de una niña de dos años muerta en 1912 por sarampión y no relacionada con el trabajo sobre la gripe española. (Crédito imagen researchgate.net).
Muestra pulmonar conservada en formalina de una niña de dos años muerta en 1912 por sarampión y no relacionada con el trabajo sobre la gripe española. (Crédito imagen researchgate.net).

Tras comparar los genomas de todas las muestras, los investigadores realizaron experimentos en su laboratorio con réplicas sintetizadas de algunas partes del virus para intentar observar cómo se las arreglaba cada cepa para infectar las células y replicarse en su interior.

Sus descubrimientos sugieren que el virus mutó para hacerse más efectivo entre la primera ola y las posteriores, lo cual logró evolucionando para superar más eficazmente las defensas celulares contra la infección. Las mutaciones genéticas que surgieron entre la primera y la segunda oleada por ejemplo, pudieron haber ayudado a que el virus se adaptara mejor a la propagación entre humanos (recordemos las aves eran sus huéspedes naturales).

Otra mutación pudo haber cambiado la forma en que el virus interactuaba con una proteína humana conocida como MxA, que ayuda a orquestar la respuesta inmune del cuerpo frente a nuevos patógenos.

Pese a que aún se desconoce el modo en que esas variaciones genéticas alteraron el comportamiento del virus, los investigadores creen que pudieron ayudar a que este evitara el mecanismo que las células humanas usan para bloquear a los virus de la gripe.

Los científicos encuentran interesante este paralelismo con el comportamiento del virus responsable del Covid-19, que también ha logrado evolucionar a lo largo de las sucesivas olas. Pero en realidad yo diría que lo más remarcable de este trabajo es que los alemanes han logrado algo que hasta ahora se pensaba complicadísimo, extraer material genético de muestras conservadas en formalina.

Si la técnica se perfecciona, a lo mejor pronto seremos capaces de secuenciar los genomas de los virus que atacaron a los habitantes del antiguo Egipto, estudiando las momias de aquellos hombres embalsamados hace 5.000 años.

Me enteré leyendo Live Science.

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