Paliza a Inglaterra, y a sus mujeres.

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Nada más fallar Bukayo Saka el último penalti, las redes se llenaron de mensajes, muy parecidos a cuando ocurre un atentado terrorista. “Si vives en la zona oeste de Londres, te ofrezco mi casa como refugio y te puedo dar una coartada de por qué venir hasta aquí”. “Cualquier mujer de Harrey, Enfield y alrededores, esta noche o cualquier otra, mis mensajes directos están abiertos”. “Cualquier mujer en el sur este, tenemos una gran habitación para ella, y pagamos el Uber hasta aquí”.

Nada más ser derrotada Inglaterra en la final de la Eurocopa, miles de hogares ofrecieron un lugar seguro a mujeres por todo el país. Un lugar seguro a salvo de palizas. O incluso de la muerte.

Porque «si a Inglaterra le pegan una paliza, a ella también». Inglaterra, para que no haya confusiones, es la selección inglesa de fútbol. Ella, para que tampoco nos confundamos, es cualquier mujer del país. Rica, humilde. Joven, adulta. Cualquiera puede ser esa ella. La víctima. La víctima de una paliza.

Las agresiones a mujeres se disparan cuando juega la selección inglesa de fútbol.
Las agresiones a mujeres se disparan cuando juega la selección inglesa de fútbol.

Durante los partidos de la selección, cualquier partido en el que juegue la selección masculina de fútbol, en Inglaterra aumentan las agresiones machistas un 26%. Pobres hombres que no pueden controlar los nervios cuando ven jugar a su equipo, pobres hombres molestados por las mujeres que no dejan de hacer ruido en la cocina justo cuando el árbitro pita una falta, pobres hombres histéricos que tienen que aguantar que alguien camine por la casa en medio de una jugada que parecía que iba a terminar en gol.

Y al final del partido, aunque la mujer haya estado quieta, a oscuras, escondida, sin casi respirar, si resulta que Inglaterra pierde, las agresiones se disparan un 38% (según diversos estudios de la Universidad de Lancaster, el Centro Nacional para la Violencia Doméstica, la Jefatura de la Policía Nacional británica y la BBC).

El centro de Londres, este domingo por la tarde (Photo credit should read Matthew Chattle/Barcroft Media via Getty Images)
El centro de Londres, este domingo por la tarde al comienzo del partido (Photo credit should read Matthew Chattle/Barcroft Media via Getty Images)

Durante el Mundial de 2018 una impactante campaña publicitaria inundó Inglaterra con mujeres en las que las magulladuras en cara y cuerpo se tornaban de los colores de la bandera nacional. El impacto ha sido brutal, pero no se observó un descenso en el número de agresiones. Partido tras partido, hay hombres que siguen volcando su frustración en sus parejas, dándoles palizas que a veces terminan en asesinatos. Porque si a un maltratador cualquier excusa le vale para agredir a su pareja —la sopa está fría, has hablado mucho por teléfono con tu madre, esa blusa te queda estrecha—, porque al fin y al cabo se trata de control, la tensión con la que se vive un partido de fútbol —algo que no pueden controlar— dispara tanto la cantidad de palizas como su intensidad.

Esa misma campaña inundó las redes anoche y desató una oleada de solidaridad sin precedentes. Hogares de todo el país tratando de proteger a las mujeres que sabían lo que les esperaba. Al fin y al cabo, en la manera de ver el mundo de los maltratadores, ellas se lo merecen una paliza. Porque si su equipo pierde, algo habrán hecho para provocar la derrota.

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