Las palabras de Macron retratan la hipocresía de Occidente en Afganistán

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Ante el caos que reina en Afganistán, los principales mandatarios europeos reaccionan con temor a las consecuencias inmediatas que puede acarrear en territorio europeo: una oleada de refugiados, que parece erigirse como la mayor “amenaza” actual para el Viejo Continente. 

Europa no se ha recuperado del golpe de 2015, cuando el incremento descontrolado del flujo de solicitantes de asilo y otros emigrantes vulnerables provocó la mayor crisis humanitaria en el continente desde la Segunda Guerra Mundial, pero sigue promoviendo una política migratoria fallida. 

Macron durante su comparecencia para hablar de Afganistán. (Photo by CHRISTOPHE ARCHAMBAULT/AFP via Getty Images)
Macron durante su comparecencia para hablar de Afganistán. (Photo by CHRISTOPHE ARCHAMBAULT/AFP via Getty Images)

La caída de Afganistán a manos de los talibán ha sacado de nuevo a paseo la hipocresía europea en su política exterior: nos preocupa la estabilidad de Afganistán y los derechos humanos de mujeres y hombres afganos siempre que su defensa no nos salpique demasiado. 

Lo que ocurrió en 2015 no solo nos salpicó sino que nos mojó de lleno, así que la primera reacción europea esta vez será inyectar los millones de euros suficientes a países limítrofes para evitar la llegada de las víctimas del conflicto al continente europeo.  

"Europa por sí sola no puede asumir las consecuencias de la situación actual", ha advertido Macron tras conocerse la toma de Kabul por los talibán. El presidente francés ha anunciado una iniciativa europea para hacer frente a los flujos irregulares de migrantes que se teme que pueda desencadenar la toma de control total de Afganistán por el grupo extremista islámico. 

"Debemos anticiparnos y protegernos de importantes flujos migratorios irregulares", ha señalado este 16 de agosto, al tiempo que se ha pronunciado sobre la responsabilidad europea. Pero, ¿en qué va a consistir ese plan?

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En un discurso en televisión, Macron expresó su preocupación por que "la desestabilización de Afganistán implique el riesgo de generar flujos migratorios irregulares" y explicó que ya había hablado con Angela Merkel, y otros líderes europeos para poner en marcha "una iniciativa para construir sin esperar más una respuesta robusta, coordinada y unida".

La canciller alemana ha sido más específica al explicar que Alemania y otros países occidentales deben proporcionar ayuda a las naciones vecinas de Afganistán para apoyarles ante la afluencia de afganos que huyen de los talibanes o arriesgarse a que se repita la crisis de los migrantes de 2015.

"No debemos repetir el error del pasado, cuando no dimos suficientes fondos a ACNUR y otros programas de ayuda y la gente salió de Jordania y Líbano hacia Europa", ha indicado Merkel.

A finales de aquel año más de un millón de personas habían conseguido entrar en la Unión Europea, que lejos de garantizar una acogida ordenada se convirtió en un caos fronterizo, especialmente en las islas griegas y en varios países de Europa del Este provocando cuellos de botella y condiciones en muchas ocasiones indignas de los valores que dice representar la Unión, con un ejemplo paradigmático: el incendio de Moria en 2020, el mayor campo de refugiados del continente, en la isla de Lesbos, donde paradójicamente el 70% de sus ocupantes eran afganos.

Campamento de refugiados de Moria tras el incendio. (Photo by Nicolas Economou/NurPhoto via Getty Images)
Campamento de refugiados de Moria tras el incendio. (Photo by Nicolas Economou/NurPhoto via Getty Images)

El desencadenante de la crisis de refugiados fue la guerra de Siria pero a los sirios se unieron víctimas de otros conflictos, persecuciones o pobreza como los afganos, iraníes, etíopes, sudaneses, iraquíes, pakistaníes, somalíes, egipcios, nigerianos, gambianos, etc. 

La solución, evidentemente, no puede ser la acogida indiscriminada y desordenada, como se encargan de recordar algunos argumentos populistas y tramposos. Pero tampoco lo ha sido una intervención de dos décadas para pretendidamente llevar la estabilidad y la paz a la región. 

El problema es que la actual política migratoria de la Unión Europea ya ha demostrado ser más nociva que la inacción: la externalización de las fronteras europeas a terceros, como Marruecos y Turquía, no es más que un parche en el que se gastan miles de millones de euros para externalizar verdaderamente la violación de derechos humanos, tal y como reflejan organizaciones como Amnistía Internacional.

Además, confiere a estos regímenes un poder susceptible de ser utilizado contra los propios intereses europeos, como ya hemos podido comprobar recientemente en España, tras la crisis fronteriza con Marruecos en Ceuta.

Marruecos y España están en crisis por la llegada de inmigrantes a Ceuta. (Photo By Antonio Sempere via Getty Images)
Marruecos y España están en crisis por la llegada de inmigrantes a Ceuta. (Photo By Antonio Sempere via Getty Images)

La militarización de las fronteras y el crecimiento de Frontex –que ha multiplicado por varias decenas su presupuesto y cuyo principal cometido es garantizar la impermeabilidad de la frontera de la Unión Europea– también está muy lejos de poder considerarse una solución, tal como han demostrado las investigaciones de la fundación PorCausa, que destapan su estrecha vinculación con la industria de control migratorio.

Cada vez más expertos en migraciones alzan la voz para explicar que otra política migratoria es posible: permitir la entrada ordenada de flujos de personas, que garantice sus derechos y priorice a aquellos más vulnerables, y que permita su inserción social de manera beneficiosa para los acogidos y, no lo olvidemos, también para la sociedad de acogida.

Las tropas francesas estuvieron sobre terreno afgano desde finales de 2001 –tras los ataques del 11S, cuando Estados Unidos lanzó la operación internacional contra el régimen de los talibán– hasta su retirada en 2014. También las alemanas o las españolas. Pero la principal preocupación hoy es que no nos salpiquen las consecuencias de nuestros actos o de nuestra inacción en el exterior. Ni entonces ni ahora prima el interés por la población.

EN VÍDEO I Desesperación total en el aeropuerto de Kabul para escapar de Afganistán ante la llegada de los talibanes

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